jueves, junio 14, 2007

Una apología a la piratería

Luego de mirar algunos de los momentos más significativos de la última temporada de CSI Las Vegas en YouTube, darme una vuelta por el centro de Lima, específicamente por la cuadra 11 y 12 de la Av. Wilson para conseguir la última versión de SPSS, comprar un dvd de la memorable "Cartas desde Iwo Jima" en "el Hueco", sacar fotocopias en la PUCP del reader que contiene capítulos enteros de libros inaccesibles para mi maestría, dejar a mis alumnos de ingeniería económica de la UNI un reader con capítulos de libros que la UNI no puede comprar con su conflictivo presupuesto, prender mi iPod para escuchar el último cd de The Corrs, hago un alto, y me pongo a pensar en lo que significa la piratería en nuestro país.

En primer lugar, reviso algunas definiciones modernas de este término. La Real Academia Española tiene lo siguiente:

piratería.

(De piratear).

1. f. Ejercicio de pirata.

2. f. Robo o presa que hace el pirata.

3. f. Robo o destrucción de los bienes de alguien.



Por su parte, Wikipedia declara que la voz pirata proviene de una palabra griega (peirates) que significa "esforzarse", "tratar de", "intentar la fortuna en las aventuras". De manera que podemos advertir que hay una connotación moderna muy negativa de esta actividad, aunque no necesariamente tendría por qué serlo si atendemos a las raíces históricas del término.

Como sea, se concibe que la piratería es cualquier actividad de copia ilegal de un bien, sea tangible o intangible. En nuestro país, el Indecopi se ocupa formalmente de este problema. Y social y particularmente (ya que yo también escribo libros y artículos), creo que a nadie le gustaría ser "pirateado" en nuestro país; a menos que los pirateados sean los "otros". Y estos "otros" no son los que viven al otro lado de la isla de "Lost", sino más bien aquellos que viven en los territorios cuyo PIB per capita es superior a los 20 mil dólares. Como se recordará, en nuestro país apenas bordeamos el 10% de esa cifra; y para colmo, mal distribuido.

Los bienes pirateados parecen estar concentrados en algunos pocos rubros: software, música, video y libros. El IIPA (Alianza Internacional para la Propiedad Intelectual, siglas en inglés) ha reportado que las pérdidas que ha generado la piratería en nuestro país durante el 2006 ha sido de alrededor de 90 millones de dólares (incluyendo un estimado propio de 10 millones por pérdidas en el negocio de los libros); lo que de manera agregada representa un 18% menos pérdidas que en el 2005. Las cifras aparecen en la siguiente tabla (tomada del informe del IIPA, pág. 363).



A pesar de estas cifras, el Perú se mantiene en la lista de observación de segunda línea, ya que en la primera (Lista de observación prioritaria) se encuentran los siguientes países: Argentina, Canadá, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Egipto, India, Israel, México, República Popular de China, Federación Rusa, Arabia Saudita, Tailandia, Turquía, Ucraina y Venezuela. Esto quiere decir que no necesariamente un mayor nivel de vida relativo resolverá el problema de la piratería (ya que tenemos a países como Canadá, Argentina o Chile), puesto que ella se desarrolla como una institución costo eficiente frente a las limitaciones formales impuestas por la globalización hacia el acceso de la información y la tecnología, al punto que algunos países, como Chile, pone en entredicho la firma del TLC con USA (Ver pág. 17, aquí).

Yo dividiría la piratería en dos: la piratería por restricciones a la globalización del conocimiento y la piratería por la pura diversión o entretenimiento. No es lo mismo pues, que una masa de estudiantes de las universidades públicas y privadas pirateen libros de ciencia para así poder completar sus estudios con éxito ya que el costo de acceder a los mismos es muy elevado todavía; que un estudiante del primer mundo que puede costearse sin problemas los libros que necesita o, si tuviera problemas, puede ir a su biblioteca y solicitarlo ya que en su país si se invierten en ciencia y tecnología más que proporcionalmente que en un país tercermundista. Mientras que un libro especializado cuesta alrededor de US$ 30 en alguna de las librerías más importantes de Lima, en las ferias de libros se venden copias piratas del mismo en un poco más de US$ 6.

Algo similar ocurre con el software para realizar los trabajos de investigación ya sea en la universidad o en las microempresas. El costo de la suite de MS Office cuesta alrededor de US$ 200, en tanto que en los centros de piratería puede costar el US$ 1.5 el CD o DVD de instalación donde se incluyen a veces otros programas relacionados. En el caso de SPSS, cada copia legal cuesta US$ 2 mil con lo que el dolar y medio que cuesta un DVD pirata con este programa es por demás barato. No se podrían elaborar miles de trabajos de investigación si se tuviera que pagar el costo por comprar tales programas pues sería prohibitivo. En ese sentido, diría que el país realmente perdería productividad por no acceder al software pirata cuyo uso se ha estandarizado.

Un problema distinto me parece el que acontece con la piratería de ideas ya sea en la academia o en las empresas. En el límite, yo creo que las ideas deben ser bienes de uso público en tanto se reconozca a quien lo dijo o produjo. Pero eso significa construir una economía distinta a la que actualmente funciona donde la propiedad privada es valorada a través del copyright mucho más que la propiedad pública o compartida. La propiedad puede ser privada, pero el beneficio y reconocimiento de ella debería ser público. Esta es una de las apuestas de Creative Commons a la cual me he sujeto a la hora de publicar mis ideas en este post.

Desde ese punto de vista, lo que realizan los estudiantes de las universidades (de pre y pos grado), que copian textos elaborados en sus centros de trabajo, en internet, o en bases de datos de informes técnicos de sus oficinas, o que bien mandan a elaborar sus monografías en centros que se apostillan al frente de las universidades con rótulos o avisos que dicen: "Se hacen TESIS - Cel. 9999999" realizan un trabajo que no genera valor agregado y ello si perjudica a la productividad del país. No acumulan. Depredan.

Por otra parte, es perfectamente posible basarse en las ideas producidas por otros, reconociendo su autoría, para producir nuevas ideas en un medio donde se goce de la confianza y reconocimiento mutuo. En nuestro país, no existe eso. Existe desconfianza, y no hay reconocimiento del otro, sino que más bien existe una cultura del "serrucho" (quitarle el puesto a alguien); o la del "explotador" (quitarle las ideas al practicante o subordinado). En ambos casos, creo que es una forma de piratería donde hay un ganador y un perdedor y que es una situación que como sociedad, arroja pérdidas totales y que deberían ser severamente penalizadas.

Concluyo entonces que la piratería del conocimiento que puede ser calificada como "buena" es aquella que propone un esquema "win-win" es decir donde todos salen ganando; mientras que la piratería que propone un esquema "win-lose" o de suma cero es perniciosa por cuanto no incentiva la productividad.

Respecto de la piratería por entretenimiento o diversión como son el cine y la música creo que debería afinarse un principio: puesto que las ganancias de estas actividades son extraordinarias, debería haber un límite (en alguna unidad de medida, ya sea de tiempo o de copias legales vendidas por el autor) a partir del cual la legalidad debería reconocer que estos bienes se transforman en un bien público. La primera vez que se escucha a un cantante o se ve una película se produce un impacto comercial de tal magnitud que se paga lo que sea por tener acceso a las ondas visuales y sonoras que emiten. La segunda, tercera, cuarta y eneava vez ya disminuye esa primera ansiedad de su disfrute. Incluso puede resultar más satisfactorio, si se tiene la habilidad, de cantarlo uno mismo, o de pagar a alguien para que lo haga en vivo, o de comentar la frase más relevante, o de imitar masivamente alguna mueca realizada por el actor favorito. Una iniciativa loable en ese sentido es la aplicada por Gianmarco, quien desde su página web se puede bajar 4 singles de su último disco, (Baje su último éxito No te avisa).

De esa manera, la secuencia de notas musicales o el patrón de luz emitido por las películas se convierte en un bien público, en muy poco tiempo con el desarrollo espectacular que han tenido los medios de comunicación. No queda otra cosa a los artistas que seguir produciendo nuevas secuencias de luz o música y realizar presentaciones en vivo o noticias por sus acciones destacadas en favor de los niños pobres o el medio ambiente, para mantener la popularidad y el beneficio espumoso de la fama.

Concluyo entonces con esta segunda proposición: la idea de limitar la piratería de entretenimiento tanto para los videos, la música o los dvds de juegos es ilusoria en el sentido del tiempo de permanencia (o en alguna medida equivalente) de la prohibición. Esta industria ha tenido su capacidad de disfrutar de sus beneficios tanto tiempo como lo ha permitido el avance de la tecnología que ha democratizado la diversión en los países pobres o altamente desiguales como el nuestro. A mayor tecnología, menor el tiempo que ha tenido esta industria para disfrutar de sus beneficios.

¿Debería la sociedad promover la piratería? Esta pregunta ya está respondida. La sociedad peruana lo está haciendo. ¿Qué puede hacer el Estado ante esta situación? El Estado puede promover formas alternativas que respeten los puntos de vista de los otros países pero sin doblegar su capacidad de defender el mercado de trabajo de quienes se sustentan con esta actividad. Piénsese un momento en los miles de personas y familias que ellas representan que sobreviven con este negocio. En el caso del software sorprenderá saber que muchos de ellos tienen educación superior técnica o superior (hay muchos ingenieros de sistemas en este negocio) que se la pasan viendo como "crakear" un nuevo producto. ¿Dónde se ubicarían estas personas si se les quita "su trabajo"? Por ejemplo, se dice que se ha limitado la importación formal de CDs y DVDs de 150 millones a 52 millones entre el 2005 y el 2006. Esto ha traído consecuencias funestas para el Estado puesto que ya no se paga impuestos por importar formalmente estos insumos de la piratería. En palabras del informe antes citado (pág. 364):

The Copyright Office of INDECOPI reported that blank OD imports have decreased from 140 million copies in 2005 to an estimated 52 million during 2006. This does not necessary mean that there is less blank media entering Peru. The reports do not indicate any increase or decrease in the imports of media with an uncertain destiny. Rather the data suggests that certain border measures have created incentives to smuggle the blank media into Peru as contraband, no longer being declared as imports. According to official 2005 customs statistics, the major blank media importer has moved to Iquique, a free port in the north of Chile, from which it is publicly known that significant amounts of contraband come to Peru.
Traduciendo libremente:

La oficina de Copyright del INDECOPI ha reportado que los medios ópticos (MO) en blanco han disminuido de 140 millones en el 2005 a 52 millones durante el 2006. Esto no significa necesariamente que hay menos entradas de MOs al Perú. Los reportes no indican algún incremento o decremento en las importaciones de estos productos con destino incierto. Al contrario, los datos sugieren que ciertas medidas tomadas han creado incentivos para que estos entren al país como contrabando, los cuales ya no son declarados como importaciones. De acuerdo con las estadísticas oficiales del 2005, el mayor importador de medios en blanco se ha mudado a Iquique, un puerto libre al norte de Chile, del cual es públicamente conocido que cantidades significativas de contrabando llegan al Perú.

Esto explica por qué a veces cuando uno toma un viaje hacia La Paz en Bolivia, o Puno en Perú, los CDs y DVDs son más baratos (por algunos centavos) y abundantes (al menos visualmente) que en el propio Lima. A pesar de lo señalado, no existe una política agresiva desde el Estado que promueva el uso del software libre o de código abierto que es altamente competitivo como el OpenOffice (el alter ego gratuito de MS Office) o Google Docs (que es gratuito pero depende de cuan extendido esté el uso de internet, que en nuestro país ese acceso todavía se encuentra limitado por el monopolio tácito de las comunicaciones a cargo de Telefónica), Thunderbird (en vez de MS Outlook), Epidata o CSPro como programas informáticos alternativos para la entrada y análisis de datos (en vez de SPSS y Dataentry), y muchos otros que no he explorado aún. Un país que ha tomado la decisión política para que su ciudadanía uso este tipo de software ha sido Venezuela, donde me di con la sorpresa de que la burocracia del sector público está obligado a utilizar OpenOffice (Decreto N° 3390, publicado en la Gaceta Oficial Nº 38095 del 28 de diciembre del 2004). Hubo un costo de aprendizaje trasladado a su personal, pero este uso ha tenido un efecto multiplicador que está calando en mayores capas de su sociedad.

Finalmente, en el caso de los libros, es necesario que se bajen los costos relativos de los libros, eliminando los impuestos a la importación y promoviendo convenios con las propias editoras para que se provean de copias legales de los libros con un formato adecuado para nuestro país.

En conclusión, puedo decir que el tema de la piratería es de una naturaleza de doble filo. Ante la falta de alternativas democratizadoras del conocimiento, puede ser un elemento que posibilite un mayor crecimiento económico en los países menos desarrollados. En ese sentido, el Estado tiene ciertos márgenes de acción legítimamente posibles, a menos que haga el rol declaratorio siguiéndole la onda a la IIPA, pero no ejecutorio que parece seguir hasta la fecha. El punto sobre los bienes que conforman la industria de la diversión tiene visos de cambio no solo en los países del sur, sino también del propio norte lo que podría transformar la naturaleza de este mercado tal y como lo conocemos hasta ahora. Quizá, en algo como John Lennon cantaba en Imagine:

Imagine no possesions
I wonder if you can
No need for greed or hunger
In a brotherhood of man
Imagine all the people
Sharing all the world...

You may say i'm a dreamer
But i'm not the only one
I hope some day you'll join us
And the world will be as one




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