martes, enero 08, 2008

La desigualdad en tiempos de los incas

¿Era las sociedades que convivían con la incaica más igualitarias que las actuales? ¿Tenían los antiguos romanos o babilonios una sociedad menos desigual que la vivida en la actualidad? En general ¿El modo capitalista de producción ha creado un mundo moderno más desigual que el que se tenía en el pasado histórico?

Esta pregunta ha sido abordada por tres investigadores destacados: Branko Milanovic, Peter H. Lindert y Jeffrey G. Williamson en su documento de trabajo Midiendo la desigualdad de la antigüedad (pdf). Ellos han llegado a la conclusión de que la desigualdad de las sociedades antiguas, no era significativamente distinta de lo que observamos en la actualidad, en promedio.

No obstante, ellos inventan un nuevo concepto -el cual es todavía un poco difícil de explicar- para evaluar la desigualdad entre las sociedades antiguas y las modernas: el índice de extracción de la desigualdad, algo así como cuánto de la desigualdad potencial era convertida realmente en desigualdad, esto es, un índice de extracción de valor de las clases dominantes.

El resultado es, según estos investigadores, que las sociedades antiguas tenían de hecho una mayor capacidad para oprimir y extraer riqueza de sus súbditos que la capacidad que tienen actuales sociedades modernas. Para comprobar esta hipótesis logran ensayar una regresión donde con una variable dummy descubren que las sociedades coloniales tienen una mayor capacidad para ser desiguales que las sociedades autónomas.

Lo gracioso de este estudio tan serio es que parece enarbolarse la idea de que afortunadamente después de todo, hoy tenemos una sociedad efectivamente menos desigual que en el pasado, pero potencialmente más desigual que lo que fue para nuestros antiguos pobladores. Si no fuera por la democracia y otros inventos modernos vigentes probablemente seríamos efectivamente más desiguales que en el pasado.

Así que, pues, la moraleja sería que debemos hacer todo lo posible para que la democracia funcione para seguir en tal estado armonioso. ¿Pero me pregunto de qué tipo de democracia global estamos hablando? Pues no todas las democracias funcionan igual, sobre todo en economías mercantilistas altamente desiguales como la peruana, y menos en su diplomacia externa.

Hoy, luego de 16 años de un modelo de crecimiento económico basado en el modelo del Consenso de Washington tenemos una tendencia decreciente en los niveles de pobreza que vale la pena felicitar pero no sucede lo mismo con la desigualdad. Hoy tenemos un nivel récord de desigualdad como nunca antes se había observado desde mediados de los años ochenta tal como he documentado en el siguiente post.

Con este panorama, uno puede concluir que si el modelo implementado desde los noventa implica el inicio de la revolución capitalista en el Perú (parafraseando a Althaus), empezamos mal, pues lo hacemos sin redistribuir y sin reducir la capacidad de convertir en realidad la desigualdad por parte de las clases dominantes de nuestro país.

La oportunidad de cambiar este fenómeno todavía está a las puertas, y es necesario que se tomen las políticas necesarias para alcanzar dicho objetivo, si no, seguiremos peor que en los tiempos en que iniciamos nuestra carrera hacia un capitalismo coherente e inclusivo.

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