jueves, enero 10, 2008

La pobreza de ser obesos

Forbes anuncia que según el último ranking de obesidad mundial, el Perú ocupa el 46avo lugar (es decir estamos dentro de los 50 primeros) con alrededor del 59.6% de su población de 15 años a más en dicha situación. ¿Puede ser esto un fenómeno atribuible a la prosperidad de más de 70 meses de crecimiento económico sostenido o a la pobreza persistente que no baja del 50% de su población total?

No, este es un problema que se ha ido acumulando con un proceso de mayor duración que ha movido a nuestra fuerza laboral trabajar largas jornadas laborales, restándole tiempo al ocio y la diversión (y por lo tanto a las posibilidades de hacer ejercicio) junto con la proliferación de negocios de fast foods (hablo tanto transnacionales como de los de barrio) que se han dado desde principios de los noventa, la cual ha reemplazado peligrosamente la costumbre de comer bien y variado de lo nuestro.

Y es que tal como lo asegura Daniel Esptein a Forbes, de la Oficina Regional para las Américas de la OMS, "La obesidad se ha convertido en un problema de la pobreza". Esto implica que nuestro país debe prepararse para asumir costos no previstos en su alicaído sistema de salud donde el tratamiento de la hipertensión, la diabetes, la gota, entre otros males comenzarán a ganar lugar porque cada vez más pobladores de menores ingresos lo sufren.

Esto restará eficacia a los recursos disponibles para los programas alimentarios destinados a la población en extrema pobreza que por lo general se encuentra excluida fuera de las ciudades, en el área rural andina. Ya que los que se encuentran acá, trabajando en el sector informal básicamente, se alimentan diariamente de cualquier dulce o fritura que tengan disponible en la esquina, sin reparar los efectos que ello tenga en su salud.

Esta dimensión de la economía informal no ha sido abordada en absoluto y sin embargo es un problema patente. Personalmente he sido testigo de cómo en algunos colegios públicos los niños intercambian su bolsita de leche provista por algún programa en particular por una bolsa de tripas fritas en aceite reusado de varios días o algún dulce de dudosa procedencia que luego lo consumen como si fuera su almuerzo del día.

Con el tiempo obtenemos niños y niñas aparentemente robustos, pero desnutridos y con una mecha encendida de largo plazo que reventará dramáticamente en sus vidas por el elevado número de calorías y azúcar acumulado en sus cuerpos.

A esto se suma que, al volver estos niños a la tienda de su papá o su mamá en el mercado (pues ni modo que regresan a casa ya que eso sucede a las 11 o 12 de la noche luego de haber ayudado en el negocio), vuelven a consumir cualquier otra fritura que cocina la pollería de la vuelta y algún dulce o gaseosa adicional para cerrar la noche.

Con lo anteriormente descrito, creo que queda graficado de manera muy clara cómo el problema de la obesidad se instala en la pobreza de las áreas urbanas, donde la microempresa aún se ve como la punta de lanza de la creación de empleo, pero no de los ingresos ni tampoco de la buena salud.

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Otros países latinoamericanos en la lista de los más obesos son:

13. Argentina
19. México
23. Chile
24. Venezuela
31. Bolivia
33. Guatemala
41. Nicaragua
42. Cuba
46. PERU
60. Costa Rica
61. Colombia
85. Panamá
88. Brasil
93. El Salvador
96. Paraguay
101. Ecuador
117. Honduras

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