lunes, julio 21, 2008

Vaso medio lleno y medio vacío

El Perú ha cursado nuevamente un año de paradojas en su desempeño económico y social.

Por el lado alentador, tenemos que la bonanza macroeconómica parece seguir en el mejor de sus momentos, con un aumento del PBI por encima del 9% (10.5% en los cuatro primeros meses del año), un crecimiento de las exportaciones en 17% (entre junio de 2007 y mayo del presente año), una notable mejora del empleo en las áreas urbanas principales (por encima del 10% de manera agregada para similar periodo, 16.6% en Huancayo, Arequipa 14.2%, Puno-Juliaca 7.5%) y una importante, pero cuestionada reducción de la tasa de pobreza, en por lo menos 5 puntos porcentuales, nos ubica en un nivel récord menor al observado en 1985 cuando la tasa de pobreza era de 41.6%, es decir 2.3 puntos menos. Este desempeño ha permitido que el Perú reciba recientemente el grado de inversión por parte de Standard & Poor’s, que el Senado de los Estados Unidos ratifiquen el TLC con nuestro país en diciembre pasado, que las inversiones hayan aumentado hasta en un 15% y que las expectativas empresariales pronostiquen un inmejorable escenario para continuar con el crecimiento económico con una tasa de mediano plazo del 6.5%.

En contraste con lo anteriormente descrito, tenemos un panorama ensombrecedor, ya que la inflación se ha convertido en un problema no sólo de la política internacional sino principalmente de la local, haciendo temer al Presidente García una escalada inflacionaria que no está dispuesto volver a sufrir. Y es que los resultados indeseables de la inflación, se están haciendo patentes, sobre todo en los pobres quienes se exponen a una inflación hasta 25% más fuerte que la inflación promedio reportada haciendo que su consumo real disminuya en similar proporción. Adicionalmente, las remuneraciones promedio, según el BCRP, han caído durante el segundo semestre de 2007 en 1.2% para los empleados y ejecutivos y en 0.5% para los obreros, lo que configura un creciente sensación de insatisfacción con el modelo que se hace evidente por la continua caída del índice de aprobación presidencial que reportan las encuestadoras.

Esta situación ha provocado reacciones concretas en el actual gobierno. Los millonarios desembolsos del fondo de estabilización del precio de los combustibles seguirán marcando la política fiscal que subvencione al modelo económico actualmente vigente. También, se ha elevado la tasa de encaje para enfriar ligeramente el dinamismo de la demanda que alimenta la inflación local, en tanto que ha traído a un nuevo ministro de economía con el firme compromiso de redoblar el ataque a este problema urgente con ideas nuevas y recicladas del FMI.

Por el lado de los niveles de vida, aun cuando la tasa de pobreza esta ha caído, el número de pobres todavía permanece excesivamente alto, siendo un 36.6% más que los 8.1 millones contados en 1985. Lo mismo ocurre con la pobreza extrema que aunque se ha reducido a 13.7%, el número de ellos es un 7.7% más alto que los 3.6 millones que había en 1985. Junto con este problema, la desigualdad es un problema cada vez más angustiante para el régimen y el modelo. De acuerdo con nuestras estimaciones, la brecha del consumo entre el peruano ubicado en el límite del 10% más rico con el peruano ubicado en el límite del 10% más pobre ha pasado de 6.57 en el 2004, a 7.23 en el 2007, en tanto que el índice de Gini permanece invariablemente alto en alrededor del 42%.

Finalmente, el TLC con Estados Unidos nos ha expuesto con mayor fuerza a la crisis que este país ha generado para el mundo entero. Por ello, los esfuerzos continuos de la cartera del sector externo en la búsqueda de acuerdos de libre comercio con los países del continente asiático y europeo, algo que eventualmente podría diversificar el riesgo de una crisis por este frente de nuestra economía. Pero estos esfuerzos palidecen frente a los desequilibrios ocasionados por la remesa de utilidades de las empresas transnacionales (principalmente las mineras) ubicadas en nuestro territorio las cuales han crecido de USD 18 millones en 1999 a USD 7865 millones en el 2007, un poco más de 3 veces lo que los migrantes peruanos pueden remesar por su trabajo en el exterior hacia nuestro país; y por la caida de las reservas internacionales ante la agobiante necesidad del BCRP de equilibrar el tipo de cambio.

Este balance económico y social pone en perspectiva los recientes eventos de protesta de Moquegua y el Paro de principios de este mes. ¿Cuáles serán las posibilidades de tolerancia al actual modelo sin que ponga en riesgo al actual gobierno aprista? ¿Los aplausos externos serán ahogados por las pifias internas? Parece ser que los problemas continuarán y en ese marco, las posibilidades de que busquemos y propongamos soluciones integrales para el desarrollo económico y social también.


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