jueves, octubre 23, 2008

¿FMI al rescate de los países en desarrollo?

Me ha llamado mucho la atención el reciente artículo escrito por Dani Rodrik en su blog, sobre cómo se está extendiendo la crisis en los países en desarrollo (también llamados mercados emergentes). Ello porque este economista está recomendando el relanzamiento del FMI como el único agente que puede salvar a las economías en desarrollo a través de una ola masiva de préstamos. 

Países como Argentina, Perú o Brasil verían con nostalgia el costo que les ha significado desembarazarse del "yugo" del Fondo al pagar la casi totalidad de las deudas que tenían con este organismo, para volver ahora a tomar créditos por causa de una crisis que nuestros países no han generado. América Latina pagará con creces la crisis financiera americana.

También resulta interesante cómo se postula la idea de que si nuestros gobiernos comienzan a imitar la nacionalización de los bancos podrían aumentar el riesgo de la fuga de capitales, incluso de inversionistas nacionales, tal como ocurrió durante el primer gobierno de Alan García. Cuestión que ha sido diametralmente opuesta para el caso de los países industrializados donde las nacionalizaciones recientes han significado mas bien un aumento de confianza para los inversionistas globales.

Con ello, la conclusión de fortalecer la figura del FMI, emitiendo masivamente DEGs necesarios para su plan de rescate de las economías en desarrollo, daría la oportunidad de relanzar a este organismo para una nueva era de hegemonía financiera y política sobre América Latina.

¿Por qué no prosperaron las reformas tributarias en nuestros países que podrían haber captado recursos para fortalecer a nuestros Estados? Cuestiones tan elementales como el impuesto a las sobreganancias del sector minero, constituyen ahora oportunidades perdidas para sentar las bases para el ahorro público que podría haber ayudado a fomentar la inversión pública y privada que viabilizara un modelo de producción alternativo que nos librara del crecimiento primario exportador. 

Desde el 2001 al 2008, época de la bonanza macroeconómica peruana, se han drenado recursos al exterior a través de la remesa de utilidades de las empresas mineras que sólo durante el 2007 han bordeado los 8 mil millones de dólares. Y las exportaciones están concentradas en materias primas que los inversionistas internacionales ahora buscan como locos para protegerse de la crisis: oro y plata. ¿Y nuestro Estado? Una limosa minera por favor... la hipótesis de la corrupción y fraude al interior del actual gobierno con la finalidad de no redistribuir para sentar las bases para un modelo de desarrollo industrial es más que evidente.

Igualmente, resultan inverosímiles propuestas como la del ex funcionario del FMI, ahora ministro de economía peruano, para que nuestro gobierno emita bonos que impactarán peligrosamente en nuestro nivel de endeudamiento. Hasta los inversionistas globales de New York opinan que no es necesario que el Perú se meta en un problema como este. 

En fin, reproduzco el artículo en cuestión para la necesaria discusión sobre la mejor manera de abordar la crisis con propuestas desde nuestros propios países.

La próxima etapa de la crisis
Dani Rodrik

Uno puede hacer un argumento decente de que la crisis financiera ha tocado fondo en los países avanzados (con la economía real, las consecuencias aún están por venir, por supuesto). Sin embargo, esta crisis apenas ha comenzado para los mercados emergentes, y podría ser para ellos mucho, mucho peor.

Algunas de estas economías están afectadas por (ahora) la disminución de los precios de las materias primas, otros por grandes déficits en cuenta corriente, y si no tienen problemas en otra cuenta, son (como China) dependientes de los mercados de exportación hacia los países avanzados que están a punto de agotarse. Estos fundamentos son muy magnificados por la evaluación de los riesgos en los mercados financieros. Ahora que los países avanzados han rescatado y garantizado gran parte de sus sistemas financieros, hay una demarcación más clara entre activos "seguros" y "riesgosos", con los mercados emergentes en la segunda categoría. El vuelo hacia la seguridad ya está atrayendo a un gran número de ellos. Y lo peor es probable que venga cuando los residentes nacionales se unan en masa a la fuga de capitales.

Todo esto significa que los gobiernos de estas economías estarán bajo presión para imitar las garantías públicas y los rescates que hemos visto en los EE.UU. y la UE. Pero hay una gran diferencia. Los mercados emergentes en su mayor parte tienen sistemas fiscales débiles y frágiles, y la magnitud de una potencial corrida de capitales es enorme, incluso en relación a las grandes montañas de reservas que muchos de ellos han acumulado. La socialización de los pasivos privados pueden aumentar la confianza en los países ricos, pero es probable que amplie la corrida en los mercados emergentes. Por lo tanto, estamos hablando de colapsos económicos que podrían ser significativamente más grandes que lo que han experimentado los países ricos. Y esta vez los países en desarrollo pueden legítimamente decir: ¡No es culpa nuestra! 

Es por esta razón que la ayuda externa es absolutamente necesaria. Este es el momento, si hay alguno, para que el FMI actúe como un verdadero prestamista mundial de último recurso - masivamente, y sin muchas precondiciones previas. Deben abrirse líneas de crédito a los mercados emergentes antes de que el pánico empeore. Lo más que el FMI ha prestado en todo un año de crisis anteriores sumaba decenas de miles de millones de dólares. Lo que se necesita ahora es más, del orden de los cientos de miles de millones de dólares. Para que el FMI cuente con tales recursos, si es necesario, se pueden emitir nuevos derechos especiales de giro.

Hasta ahora los gobiernos han estado detrás de la ola. No repitamos esta experiencia en la próxima fase de la crisis, que ahora se está extendiendo al mundo en desarrollo.

Cita aquí en Choike.

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