jueves, junio 22, 2017

¿Quién gobierna al Perú? The Economist opina y sugiere

The Economist acaba de publicar un artículo en el que señala cual será el derrotero del gobierno de PPK si continúa sin gobernar. A continuación mi traducción libre del referido artículo:

Bello
¿Quién gobierna el Perú?
El presidente debe enfrentarse al congreso fujimorista
Edición impresa | Las Américas | 22 de junio de 2017

PERDER a un ministro por una censura parlamentaria es un riesgo normal de la vida democrática. Pero el hecho de que un gobierno pierda cuatro ministros en su primer año, incluidos los ministros de economía y el interior, por motivos espurios huele a una conspiración parlamentaria. Ese es el drama que pronto podría afrontar Pedro Pablo Kuczynski, Presidente del Perú.

Hace un año, el Sr. Kuczynski, un ex-banquero de inversiones, ganó la segunda vuelta por escaso margen porque había un poco más de peruanos que aborrecían a su oponente, Keiko Fujimori, que los que la apoyaban. En la elección para el Congreso dos meses antes, su grupo político había ganado sólo 18 de los 130 escaños, mientras que la Fuerza Popular de la Sra. Fujimori ganó 73 (en parte porque las regiones menos pobladas están sobre-representadas).

Fuerza Popular, con la ayuda de aliados oportunistas, ha hecho sentir su mayoría con operaciones de deterioro. En diciembre, el Congreso censuró a Jaime Saavedra, el competente ministro de Educación, que fue rápidamente contratado para dirigir la división de educación global del Banco Mundial. El mes pasado, el ministro de Transportes renunció antes que fuera censurado por una revisión (justificada) de un contrato para el nuevo aeropuerto para Cusco, la antigua capital Inca. El 21 de junio, el Congreso votó para destituir a Alfredo Thorne, el ministro de Economía; y está a punto de hacer lo mismo con Carlos Basombrío, el ministro del Interior.

Los pecados de Basombrío incluyen no arrestar a unos cuantos manifestantes pacíficos que llevan imágenes de Abimael Guzmán, el líder encarcelado del grupo terrorista Sendero Luminoso. Los problemas del señor Thorne comenzaron después de recibir al contralor general, Edgar Alarcón. El encuentro fue subrepticiamente grabado, aparentemente por el señor Alarcón. Durante el mismo, el Sr. Thorne mencionó el presupuesto de la Contraloría y le instó a que aprobara el contrato para el aeropuerto de Cusco. Era políticamente torpe abordar los dos temas en la misma reunión. Pero es el Sr. Alarcón, no el Sr. Thorne, quien es éticamente cuestionado. El contralor, que se ha alineado con los fujimoristas, está siendo investigado por traficar ilícitamente con automóviles y usar dinero público para compensar a una antigua amante (lo que el niega).

Las diferencias entre el gobierno y los fujimoristas no son ideológicas, según Kuczynski. "Aquí tenemos un grupo que está resentido con que yo sea el presidente", le dijo a Bello. "Han colaborado con las cosas grandes, pero les gustan los pequeños gestos que demuestran su descontento por no estar en el palacio". La derrota ha golpeado con dureza a la Sra. Fujimori. Apenas ha aparecido en público en el último año. Sólo ha mantenido una conversación con el Sr. Kuczynski, que tuvo que ser arreglada por el Arzobispo Católico de Lima.

El Sr. Kuczynski ha heredado una economía en desaceleración. El quería acelerar la inversión pública y relanzar proyectos de minería estancados. Pero él y el país sufrieron una doble dosis de mala suerte. La aceptación de corrupción por parte de Odebrecht, un contratista brasileño, obligó a la suspensión de varios megaproyectos de infraestructura en el Perú. Luego las inundaciones mataron a 147 personas, se destruyeron carreteras y, según el presidente, esto provocó la reducción del crecimiento económico anual en un punto porcentual, llevándolo a 3%. La reconstrucción tomará dos años y costará 6.5 mil millones de dólares, asegura. El clima de sospecha en el Congreso frena los nuevos contratos gubernamentales, mientras que la incertidumbre política desalienta la inversión privada. Los planes para reformar el poder judicial corrupto e ineficiente del Perú han sido bloqueados, un ejemplo de las "grandes cosas" que está siendo bloqueado por la oposición.

El Sr. Kuczynski se enfrenta a una elección. Podría buscar un gran trato, por ejemplo, perdonando al padre de la señora Fujimori, Alberto, un ex presidente autocrático encarcelado por abusos de poder. Pero eso alienaría a los anti-fujimoristas cuyos votos le hicieron ganar la presidencia. Una estrategia mejor sería arrinconar a sus oponentes. La Constitución peruana permite al presidente convertir una censura ministerial en una cuestión de confianza al gobierno en su conjunto. Si dos gabinetes son rechazados sucesivamente por el congreso, el presidente puede convocar una nueva elección legislativa, en la que los fujimoristas probablemente perderán escaños.

El Sr. Kuczynski parece estar siguiendo ambas estrategias. Dice que está considerando la posibilidad de indultar al Sr. Fujimori: "El momento para hacerlo es ahora". Pero también dice que "definitivamente" hará de la permanencia del señor Basombrío una cuestión de confianza. Haciendo eso, "es improbable que censuren a nadie más", declaró.

Algunas de sus tribulaciones son su culpa. Aunque tiene experiencia en el gobierno, el Sr. Kuczynski no es un animal político. Su gabinete está formado por tecnócratas y empresarios. El resultado es una administración que carece de una estrategia política y disciplina en la forma en que se comunica. De encontrarlos, el Sr. Kuczynski, y el Perú, pueden ganar esta batalla contra la revancha y la obstrucción. La alternativa es ir a la deriva, como un barco sin timón cuyos ocupantes son asesinados uno por uno por el fuego de un francotirador.


miércoles, marzo 22, 2017

Las oportunidades del desastre

De acuerdo con los traductores, la palabra “crisis” en japonés está formada por dos caracteres que combinadas significan: peligro y oportunidad. El conocimiento de esta dualidad ha inspirado a varios opinólogos de la coyuntura nacional a escribir sobre las oportunidades de reconstrucción que se abren, luego de que este fenómeno climatológico que está golpeando al país, denominado “El Niño costero”, termine su proceso. El problema con estas reflexiones es que las oportunidades de reconstrucción visionadas y difundidas no necesariamente corresponden a un principio en el que todos los actores involucrados salgan ganando, sino por el contrario, se han convertido en un juego perverso en el que algunos ganan a costa de otros. Veamos.

Martín Vizcarra, y en general, el gabinete ministerial, ha ganado una oportunidad de plata para reconstruir su imagen frente a los sofocantes pedidos de interpelación promovidos por la oposición fujimorista acuartelada en el Congreso. Hasta hace algunos días, la certeza de la remoción que  pendía sobre su cabeza por la firma y puesta en acción de la adenda y contratos lesivos del aeropuerto APP de Chinchero fue diluida en un santiamén por la masividad de las lluvias y huaicos que cayeron sobre Lima y el norte del Perú. Es muy probable que luego de un par de semanas que pueda recuperar su imagen, el ministro considere una renuncia honorable para guardarse en sus cuarteles de invierno como primer vicepresidente del Perú hasta que una segunda oportunidad lo vuelva a traer a escena.

PPK por su parte, ha argumentado ante CNN que era impensable declarar al país en emergencia puesto que con tal medida el gobierno estaría “abriéndole la puerta a la corrupción”. Una decisión que le ha granjeado ciertas críticas de la ciudadanía ante la evidente gravedad y magnitud de los impactos del fenómeno climatológico en curso: más de medio millón de afectados, 100 mil damnificados y casi un centenar de muertos son cifras del COEN que apenas logran describir esta realidad. Los daños económicos y sociales podrían fácilmente superar el 5% del PBI nacional[1], esto es más de 33 mil millones de soles que hacen palidecer los minúsculos esfuerzos presupuestarios desplegados por el gobierno. Frente a ello, el anuncio de la próxima designación de un zar de la reconstrucción ha despertado las sospechas de que al acabar el turbión, los empresarios aprovecharán con fruición el lanzamiento de un megaprograma de APPs y OxIs en infraestructura (carreteras, puentes y conexiones) y servicios (agua potable, salud, etc.). Es muy probable que este programa logrará implementarse con una velocidad vertiginosa ya que la oposición será nula ante la urgencia del desastre. Sólo que en este escenario, PPK no suma. Es la piedra que estorba el camino. Lo grita la CONFIEP. Le hacen eco ciertos partidos políticos.

Aquí es donde el Fujimorismo obtiene su oportunidad de oro. Literalmente, el Perú estaría a punto de asistir a una versión actualizada del gobierno de emergencia y reconstrucción nacional que ejecutó autoritariamente el expresidente durante los noventa, bajo la agenda del Consenso de Washington. Con la diferencia que en la actualidad se haría bajo el manto de una democracia maniatada por el fujimorismo moto-taxi en el Parlamento bajo la Agenda del Consenso de Lima, más neoliberal que la anterior. La vacancia, entonces, le otorgaría a Keiko la gran oportunidad de reeditar a su padre, pidiendo facultades delegadas a un parlamento mayoritario para reconstruir el país.

Con este panorama en perspectiva, le corresponde a la izquierda una voz de alarma para redoblar esfuerzos. Las pequeñas-grandes victorias obtenidas con el pueblo al cuasi-derogar los decretos legislativos que amenazaban con violentar los derechos colectivos de los pueblos indígenas y comunidades campesinas y la protección del medio ambiente, la tierra y el agua sólo serán un recuerdo efímero cuando se imponga el huayco naranja con el capitalismo del desastre.

La reconstrucción la debe liderar las propias comunidades de la mano de sus autoridades locales y nacionales, teniendo como ejes el ordenamiento territorial y la prevención con más democracia, transparencia, responsabilidad y sobre todo, solidaridad. La sociedad peruana ha dado clara evidencia de seguir ese ánimo y hay que respaldarlo antes que verlo como como algo accesorio. Nunca más una terapia de shock económico autoritario, como señala Naomi Klein, debiera ser nuestro derrotero.





[1] Estimaciones de la CAF señalan que el FEN 1982-1983 tuvo un impacto de US$ 3,283 millones en tanto que el FEN 1997-1998 ascendió a US$ 3500 millones. Estos equivalieron a 7% y 4.5% del PBI respectivamente.