miércoles, agosto 09, 2006

Desigualdad social, Estado y órdenes tutelares

Introducción

La última gran estafa a la sociedad peruana es la idea de que estaba eligiendo entre Ollanta Humala, cabeza visible de un militarismo que pretendía enquistarse en el gobierno como una suerte de monarquía incaica fascista; y Alan García, símbolo manifiesto de la apuesta por la continuidad de la democracia moderna en nuestra sociedad. La verdad es que en ninguno de los dos casos el Perú ha escapado de tener a una de las sociedades artificiales más importantes del país por encima de nuestras libertades. En efecto, luego de haber ganado el Aprismo las presentes elecciones ha quedado claro que hemos dejado de lado el militarismo por el ala mas conservadora e influyente del catolicismo: el Opus Dei. ¿Qué consecuencias tendrá sobre el bienestar de la mayoría de los peruanos al haber escogido esta opción? ¿Se promoverá el incremento de la productividad de los factores de manera notable teniendo al frente al Opus Dei? ¿Mejorará notablemente la calidad de la educación pública en la provisión de valores de nuestros niños y adolescentes promoviendo una mayor comprensión de lectura que la mera repetición de rezos o cánticos? ¿Se promoverán políticas públicas a favor de la salud reproductiva y la prevención del sida? ¿Se integrará no solo a una, sino a la mayoría de sociedades multiculturales que conviven en el territorio que conocemos como Perú? En el presente artículo pretendo abordar algunas de estas cuestiones y trataré de dilucidar algunas consecuencias de esta alianza entre el Estado y la religión en el Perú.

Sociedades artificiales y reales

El Perú republicano no nació con raíces democráticas. Nació fundamentalmente dependiente de dos modelos de orden social, de dos tipos de orden tutelar: el militarismo y el catolicismo. Ambos ordenes tutelares emanan de las "sociedades artificiales" (Nugent 2005) que se han nutrido desde la Colonia fortaleciéndose mutuamente durante el Virreinato y reciclándose esforzadamente durante la República. Es interesante conocer como este binomio tutelar reclama para si un rol protagónico en el desarrollo de la sociedad peruana y en especial del Estado, a pesar que en la práctica, este rol no fue una empresa gratis para los peruanos.

Si evaluamos los periodos presidenciales en que los militares ostentaron el poder del Estado podremos apreciar que ellos fracasaron en su doble objetivo para el país: i) lograr un crecimiento industrial exitoso en base al reemplazo del modelo primario exportador por el modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) y ii) fomentar el bienestar de las mayorías poblacionales excluidas a través de la Reforma Agraria y la Reforma Educativa. Estos fracasos fueron agudizados por la incapacidad del gobierno militar de administrar el Estado con eficiencia frente a un mercado mundial cada vez mas globalizado y al incrementar de manera notable la carga de la deuda externa que todavía pagamos en la actualidad todos los peruanos. A pesar de estos resultados, la transición a la democracia se hizo de tal forma que ella les eximiese de la responsabilidad que determinaron sus acciones.

No tengo a la mano bibliografía que me permita realizar un balance similar para el caso de la Iglesia Católica. De hecho, no se puede decir que en algún gobierno de los últimos treinta años hemos tenido en la cabeza del Estado a una figura del clero católico. Parece ser que más bien ella siempre ha aparecido a la sombra del poder que estuviese al frente, sea que este se haya asumido democráticamente o sea que este se haya arrebatado a la democracia a través de un golpe de Estado. No obstante, quiero destacar como la Iglesia parece haber logrado con mayor eficiencia sus privilegios a través de los gobiernos más autoritarios. ¿A que me refiero con mayor eficiencia? Básicamente a la hipótesis de que en democracia le cuesta mas tiempo a la Iglesia introducir sus juicios de valor y exigir por este servicio (obligado por cierto) un rédito a favor. El instrumento por excelencia en ese sentido es el hecho de contar con el monopolio de la educación religiosa en las escuelas públicas. Sin embargo, esta es siempre una estrategia de largo plazo. Por el contrario, los beneficios alcanzados con mayor eficiencia se lograron a través del lobby tomando como pivotes a posiciones de poder ocupadas por figuras que estén comprometidas con la Iglesia, mas no necesariamente con su fe. Ejemplo de esta situación es el beneficio del financiamiento directo (a través del pago de salarios al clero, ver el Informe de Libertad Religiosa en el Perú 2005 de la Embajada de Estados Unidos) e indirecta (a través de las exoneraciones tributarias) que el Estado brinda a la Iglesia establecidas por el Acuerdo firmado por el gobierno del Gral. Francisco Morales Bermúdez y la Santa Sede del 19 de Julio de 1980.

Una pregunta que queda en el tintero es, ¿Por qué la sociedad no se indignó ante tal situación tan antidemocrática? Resulta pues que la sociedad tutelada, la real, no pudo cuestionar nunca con éxito a ambos órdenes precisamente por la asimetría de poder que las sociedades artificiales detentaban. El fracaso del cuestionamiento del orden tutelar se traduce con frecuencia en el éxito del fortalecimiento de las sociedades artificiales que la promueven. En el caso analizado, la firma del Acuerdo de 1980 entre el gobierno militar y la Santa Sede junto con la convocatoria a la Constituyente que dio lugar a un nuevo gobierno democrático son dos aceptaciones tácitas del fracaso del militarismo al frente del Estado. En otras palabras la transferencia de poder del militarismo de los setenta se dividió entre dos Estados: el Vaticano y el Estado peruano. Luego de 1980, ambos Estados cobraron igual o mayor importancia que la sociedad militar frente a la sociedad real peruana.

Mariátegui (1928) intenta explicar como es que hasta cierto punto este éxito en el manejo del poder de la Iglesia se debió por dos razones: la primera, que la naturaleza de la religión profesada por los antiguos incas era que la Iglesia era el Estado mismo; en tanto que la segunda razón, tiene que ver con el carácter monopólico que tuvo la Iglesia Católica en el manejo de la educación y la cultura de la sociedad conquistada que le permitió mezclarse con eficiencia en el ideario religioso nativo a través de "la absorción de antiguos mitos y la apropiación de fechas paganas". Aunque yo tomo como referencia esta lectura, en realidad creo que habría que buscar hipótesis alternativas. Lo cierto es que la Iglesia, de alguna manera u otra ha consagrado su poder tutelar de la sociedad moderna peruana de los últimos treinta años.

Podemos decir entonces, luego de lo discutido hasta este punto que cuando no ha habido conflicto entre las sociedades tutelares y la real es porque esta última ha discurrido dentro de los marcos de una democracia tutelada por las primeras. Pero cuando la sociedad real se ha escapado de sus márgenes, poniendo en cuestión sus principios y privilegios como sociedades auto centradas y mantenidas por el Estado entonces el tutelaje antidemocrático de ellas aparece brillando en todo su esplendor.

Desigualdades armónicas y chirriantes

Guillermo Nugent (2005) tiene una aproximación interesante para explicar la situación anteriormente descrita. Este autor intenta dar forma a un concepto de la desigualdad en el Perú alejándose de las populares concepciones minimalistas que utilizamos los economistas cuando tratamos de representar la desigualdad como un problema de distribución de los ingresos únicamente. Nugent mas bien intenta describir la desigualdad política que da pie a situaciones inequitativas en la sociedad peruana la cual tendría dos manifestaciones:

a) Las desigualdades armónicas , aquellas situaciones naturalmente desiguales pero que coinciden con el orden tutelar vigente y que por lo tanto no escandaliza a nadie permitiendo que la sociedad funcione como si ningún valor fundamental del ser humano haya sido violado; y,

b) Las desigualdades chirriantes , aquellas situaciones de desigualdad que hacen que una sociedad se indigne y cuestione puesto que, o bien cuestiona valores fundamentales del orden tutelar vigente, o bien ocurre que ellas, violando derechos fundamentales de los individuos, incurren en un exceso que ninguno de los ordenes tutelares tiene argumentos para defender y por lo tanto se ven fortalecidas las bases democráticas con lo que es posible construir una nación de ciudadanos. Ello supone que las sociedades tutelares reaccionen buscando recuperar la cuota de poder perdida frente a la desigualdad chirriante o bien haga concesión con la sociedad por temor de perder mayor terreno político ante la democracia.

Quiero utilizar este esquema propuesto por Nugent para explicar el diagnóstico que el reciente gobierno de Alan García ha realizado acerca del gobierno de Alejandro Toledo y explicar así la Alianza que habría establecido el gobierno aprista con la Iglesia Católica (aunque quizá sea lo mas propio indicar que es una alianza con el Opus Dei).

El gobierno de Toledo: una desigualdad chirriante

La asunción del gobierno por parte de Alejandro Toledo fue una situación muy particular en la reciente historia democrática de nuestro país. Nadie hubiera apostado que este ciudadano hubiera concentrado las esperanzas de transición democrática desde un penoso atardecer del gobierno autoritario a cargo del Fujimorismo. En realidad, el fue la ultima de varias opciones que logro sobrevivir a la maquinaria lapidaria del gobierno de Alberto Fujimori. Con los medios de información controlados a su antojo, cualquier liderazgo político que le ofreciera competencia era una opción chirriante frente al poder enquistado en el Pentagonito.

En efecto, puede interpretarse que las opciones políticas que florecieron a fines de los noventa (Alberto Andrade, Luis Castañeda Lossio, Alejandro Toledo, etc.) eran desigualdades chirriantes ante la sociedad (puesto que la mayoría apoyaba al Fujimorismo a pesar de todas las evidencias de corrupción que pudieran ventilarse en medios independientes en contra del orden tutelar establecido) y ante las sociedades tutelares. En contraste, el gobierno de Fujimori había representado para todos los estratos de la sociedad un clima de estabilidad y gobernabilidad que contrastaba notablemente con la desgracia del gobierno aprista entre 1985 y 1990. Fue luego del autogolpe de Estado aplicado por Alberto Fujimori, que el histórico binomio tutelar de la sociedad peruana volvió a cobrar renovada importancia. Personajes como Rafael Rey, Martha Chávez, entre otros, frente al Poder Legislativo en tanto que el Poder Ejecutivo se refugiaba en el Pentagonito son una clara muestra de cómo esto es así. Posteriormente, Cipriani, gracias al lobby organizado por Alberto Fujimori en Vaticano, logro acceder a la máxima autoridad de la Iglesia aquí en el Perú consolidando la Alianza que permitía una suerte de desigualdad armónica en el orden tutelar que contrastaba con la desigualdad chirriante de las opciones democráticas anteriormente descritas.

Cuando el régimen fujimorista finalmente se quebró, fruto de la exacerbación de la corrupción y la mafia en el Estado, el único candidato que no fue minado totalmente ante la sociedad fue Alejandro Toledo. Y practicamente por eso es que pudo competir en las elecciones presidenciales y ganar. Cinco años mas tarde, Doña Martha Hildebrandt, reseña que a Alejandro Toledo no le perdonaron nada ya que " era un cholo, chato y chueco, o sea que eran ya tres ch. Mucha ch eso no se lo perdonaron". Y tiene mucha razón. Pero tampoco le perdonaron varios pecados capitales que amenazaron con denuedo el orden tutelar, esta vez a cargo de la iglesia. El primer caso, la osadía de inaugurar su gobierno realizando un rito religioso incaico violando la tradición católica histórica asociada al Perú. El segundo caso, la clara asociación de Toledo con prominentes empresarios judíos no solo de Perú sino en altamar. El tercero, el hecho de que en su gobierno se promovió a la Comisión de la Verdad y la Reconciliación que en opinión de Cipriani le ocasionaron el mayor de los males a su casi santidad ganada en tierra cuando lo mas importante del informe es la documentación de la desgracia a la que fueron sometidos miles de peruanos principalmente de la sierra por la violencia política y social alimentada por el terrorismo. Finalmente, aunque quizá habría sido bueno destacarlo en primer lugar, el hecho de que Toledo no reconociera a Zaraí como su auténtica hija, un problema en el que la Iglesia habría buscado con claridad someter al presidente, ya sea tanto por detrás como al frente de las cámaras.

Todos estos hechos iluminados por la prensa, conciente o inconcientemente, irrumpieron en destacar que el factor desestabilizante de la sociedad peruana, de la democracia, de la gobernabilidad, de la economía, en fin de cuanto valor macro político, social o económico se trataba, se encontraba concentrado en una persona: Alejandro Toledo. No importaba si era ciertas o no. Lo importante era buscar los argumentos para sacarlo del gobierno ya que los avances democráticos logrados en él, atentaban abiertamente al orden tutelar establecido desde el Fujimorismo. Eran desigualdades chirriantes. El diagnóstico de fin de su gobierno por lo tanto no podía ser ajeno a este telón de fondo. El gobierno de Alejandro Toledo, a pesar de todos los logros obtenidos, especialmente en la esfera macroeconómica sensible al aplauso y reconocimiento abierto de los Agencias Multilaterales y los gobiernos desarrollados contrastaba dramáticamente con la reticencia de una sociedad anticholo.

El gobierno aprista: una desigualdad armoniosa tutelada

Así al cierre del gobierno de la chakana, cuando la sociedad le brindaba una aprobación de más del 50% de popularidad al presidente saliente, el Cardenal le propinó una serie de cuestionamientos sobretodo en cuanto al supuesto maltrato que la CVR dio al rol de la Iglesia Católica por el tema de la violencia política y los derechos humanos ocurridos en Ayacucho, Apurímac y Huancavelica. Otras cuestiones a analizar del mensaje pronunciado por el Cardenal durante la misa de fiestas patrias son las siguientes:

En primer lugar el mensaje destaca el tema de la separación entre el concepto de indígenas e hispanos. Ya no existen ambos biotipos en el concepto de Cipriani. Solo existe el mestizo que comparte una sola patria y una sola fe al amparo de la Iglesia, por supuesto, la católica. Cabe destacar que esta aseveración puede haber estado orientada no solo a Toledo sino también al perdedor de la contienda política presidencial de junio de 2006: Ollanta Humala quien tuvo en su mensaje un fuerte contenido reivindicador de las razas de origen indígena por sobre las blancas o mestizas, un extremo anacrónico en nuestra sociedad, pero que sin embargo tuvieron un efecto positivo al lograr colocar a tres mujeres indígenas en el Congreso de la República. En segundo lugar, destaca el valor de la familia peruana. Este valor incuestionable deja de lado sin embargo la multiplicidad de categorías de hogares en nuestra sociedad a los que Cipriani no habría dedicado palabra alguna. En tercer lugar, destaca que el tema del capitalismo en nuestro país y como este ha generado una profunda desigualdad en la distribución de la riqueza donde el Estado no debería limitarse a favorecer a "los ricos y poderosos" olvidando al resto de la población que bien podrían ser beneficiados por ejemplo a través de la promoción de políticas de empleo. Debe adicionalmente, según refiere Cipriani, administrar con austeridad los recursos obtenidos a través de los impuestos para que así tenga autoridad moral sobre la sociedad y gobernar en paz a todos los peruanos.

Lo curioso de las anteriores declaraciones no es la profundidad de sus razones esbozadas ya que estas han sido de dominio publico en estos últimos años a partir del cuestionamiento del modelo económico neoliberal ensayado por Fujimori en los noventa. Lo que llama mas bien la atención es la exacta coincidencia del Cardenal con el diagnóstico esbozado por el nuevo Presidente, Don Alan García Pérez, en ocasión su primer mensaje a la nación. En otras palabras, la actual política de austeridad promovida por el gobierno peruano fue inspirada o ratificada si se quiere por la Iglesia Católica. Esta observación quedaría zanjada allí nomás si no se hubiesen dado otros eventos con "alto contenido religioso" (como lo definió en algún momento el periodista Álvarez Rodrich) a partir de la inauguración del segundo gobierno aprista.

Políticas públicas aprista-clericales

Quiero enunciar las políticas públicas de origen aprista-clerical a través de la apertura de algunas preguntas orientadoras acerca del esquema de gobierno que nos esta presentando el APRA a toda la sociedad peruana. Estas preguntas son respondidas a manera de hipótesis que espero puedan promover contrastaciones con la realidad. Debo aclarar sin embargo que mi postura respecto de este tema no es la crítica expresa a los valores que rigen la fe católica o cualquiera otra. La libertad de creer o no creer es un derecho fundamental del ser humano y en ese sentido estoy a favor del principio de separación entre la Iglesia y el Estado como cualidad fundamental de los Estados modernos. Tengo tres importantes referentes bibliográficos para esta posición, los cuales expongo brevemente a continuación:

a) Teoría de la Justicia de John Rawls, tratado fundamental de la filosofía y la moral modernas donde este autor propone que "el Estado tiene que ser entendido como una asociación compuesta de ciudadanos iguales. El Estado no se ocupa de doctrinas filosóficas y religiosas, sino que regula la búsqueda que hacen los individuos de sus intereses morales y espirituales conforme a principios con los que ellos mismos estarían de acuerdo en una situación inicial de igualdad. Al ejercer sus poderes de esta manera, el gobierno actúa como representante de los ciudadanos y satisface las demandas de su concepción publica de la justicia" (Rawls 1971:202).

b) Derecho de la religión de Marco Huaco, un importante estudio en el ordenamiento jurídico peruano acerca del principio y derecho de la libertad religiosa donde presenta el caso explícito del reiterado rechazo de parte de Jesús por asumir un liderazgo político entre los judíos separando en cada una de tales oportunidades la esfera política de la religiosa. La celebre frase: "Dad a César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios" pronunciada en ocasión de la confrontación acerca del problema del tributo implica, en opinión de Huaco, que "el ciudadano cristiano puede ser leal a sus obligaciones políticas ante el Estado pero no necesariamente seguir su religión oficial". Este ejemplo contrasta notablemente con el proceder de la Iglesia Católica que como institución cristiana -no solo en el caso peruano- ha buscado expresamente fundir la religión con el Estado.

c) Análisis económico del derecho, de Richard Posner (1998:631), quien expone como La Primera Enmienda de la Constitución Política de los Estados Unidos prohíbe que se establezca una religión o se obstruya su libre ejercicio. Posner expone como se traduce esta prohibición en términos económicos: por un lado impidiendo los subsidios públicos a cualquier religión y por el otro que el gobierno discrimine a la religión (o a cualquier secta en particular) mediante los impuestos. El efecto combinado es que el gobierno debe adoptar una postura neutral hacia la religión.

En resumen, el principio de la laicidad del Estado se presenta como un valor fundamental para construir una sociedad justa, libre y sin discriminación de ningún tipo, en especial la religiosa. Por lo tanto, las políticas que se proponen y ejecutan inspiradas en esta mezcla propuesta por el actual gobierno aprista son antidemocráticas, injustas y parcializadas. Se destacan las siguientes:

Política uno: Austeridad en el Estado para gobernar en paz a los peruanos

¿Qué es más costo eficiente para la sociedad peruana: recuperar los aproximadamente 600 u 900 millones de dólares robados por la corrupción del gobierno Fujimorista o mantener una política de austeridad en el sector público recientemente renovado que en el mejor de los casos significará un ahorro de 100 millones de dólares anuales? Creo que ambos casos debieran ser promovidos. Sin embargo, percibo que la primera opción es más eficiente que la segunda ya que esta última es por demás una propuesta demagógica puesto que el crecimiento natural del presupuesto anual del Estado diluirá con creces los ahorros propuestos por el mensaje presidencial. Una reforma que ayude a solucionar el problema de las finanzas públicas, tanto por el lado del financiamiento como por el lado del gasto debe seguir el curso emanado por la firma de un pacto fiscal entre todos los actores políticos de un país, un tema que ha dado tímidos pasos preliminares durante la gestión gubernamental anterior.

Política dos: Introducir la ética religiosa para incrementar la productividad sectorial

¿Cuál de las éticas religiosas promovieron con mayor éxito el crecimiento del capitalismo en el mundo? De acuerdo con el famoso estudio de Max Weber, "La ética protestante y el espíritu del capitalismo" esta ética es la protestante y no precisamente la católica. Aunque este es un viejo estudio que ha sido criticado desde varios puntos de vista legítimamente académicos, parece ser que estamos asistiendo a un experimento del gobierno aprista de la tesis weberiana ¿Por qué colocar a un legislador experimentado en cuestiones de moral y fe católica al frente del ministerio de la producción existiendo profesionales competentes en esta materia? ¿Se espera un impacto significativo en la productividad de buena parte de los sectores de nuestra economía? Al ser entrevistado Rafael Rey por RPP en su primer día al frente del ministerio de la Producción me quedó muy claro que este ciudadano estaba completamente desubicado. Lo suyo es la legislación. Por algo votaron más de 600 mil peruanos para que ocupara una curul en el Parlamento Andino. Pero sus acciones por encima del mandato popular, y en concordancia con el orden tutelar, solo pueden explicarse ante una prerrogativa que el solo se la pudo dar. No obstante, según las palabras de Rey, fue el APRA quien lo invitó a ocupar la cartera lo que a la luz de la juramentación de Alan García en nombre de la Iglesia Católica y su visita previa a la Catedral antes de la participación del "Te Deum evangélico" dan visos del establecimiento de una alianza entre el APRA y el Opus Dei. Es curioso apreciar que ninguno de los medios locales ha destacado abiertamente esta cuestión (lo que en la prensa extranjera si fue bien destacado). Muy diferente fue por ejemplo la asfixiante cobertura que le dio la prensa local en su momento a la alianza Perú Posible-Frente Independiente Moralizador y su impacto en las decisiones políticas tomadas durante por el gobierno de Alejandro Toledo.

Finalmente, ante la incapacidad de Rey para responder a asuntos mínimos que tienen que ver con su cartera, a los entrevistadores no les quedo más opción que preguntarle acerca de cuestiones de moral religiosa y política. Fue entonces que Rey se despachó con profunda convicción acerca de lo importante que es que 'la religión' se encuentre presente en las mentes de todo ciudadano a fin de que sus acciones se realicen con un mayor grado de comprometimiento. Manifestó su simpatía por la candidatura del pastor evangélico Humberto Lay Sun y comento muy brevemente acerca de las conversaciones preliminares que habrían tenido para repartirse las candidaturas de los municipios distritales entre ambos partidos.

Frente a esta situación tengo una hipótesis sobre el impacto de la gestión de Rafael Rey al frente del Ministerio de la Producción. Puesto que las acciones y el presupuesto que definen a este Ministerio realmente son accesorios (según la web de Transparencia Económica del MEF su actual presupuesto apenas alcanza el 0.26% del presupuesto general de la Republica) frente a las acciones y presupuestos que detentan otros ministerios como el de Comercio Exterior o el MEF, los resultados positivos de la gestión de estos últimos podrán ser atribuidos al supuesto éxito a la gestión de Rafael Rey. Espero que ello no origine resentimientos profesionales al cabo de unos cuantos meses entre los encargados de estas carteras y la de Rafael Rey, puesto que para eso esta la Iglesia, para armonizar desigualdades.

Política tres: Incrementar y consolidar la cuota de mercado político a través de una franquicia religiosa electoral

¿Cómo entiende a la religión el APRA? Realmente no he podido recolectar material relevante para este tema. Solo he podido conseguir algunos títulos a través de Google como para luego ir a la caza física de los mismos. Un primer elemento pero con poca información para responder a esta pregunta es el discurso de Haya de La Torre pronunciado el 8 de diciembre de 1931 donde enuncia que el aprismo es "como religión de justicia, como credo de libertad, es causa de acción, de lucha, de rebeldía, de batalla tenaz y perenne…". Un segundo elemento, es un estudio publicado por el Dr. Luis Alberto Sánchez llamado "Aprismo y Religión. El anti Rodó" (1933) que encuentro necesario revisar para entender e intentar dar una respuesta. El tercer elemento es mi particular observación de los hechos que rodean a Alan García, como Jefe de Estado, y las relaciones abiertamente dadas con las religiones mas importantes del medio: la católica y la evangélica.

La primera relación enunciada la hemos discutido no con abundancia, pero si con cierto detenimiento. La segunda sin embargo aparece un tanto complicada de comprender sin primero entender la relación establecida con la primera. Pueden ensayarse dos lecturas desde la teoría económica: la primera se basa en la idea de que el APRA entendería a la promoción de la competencia entre religiones como potencialmente buena para la sociedad; en tanto que la segunda se basa en la idea de que el APRA estaría comprando los derechos de acceso a un mercado cautivo por una religión diferente a la que comparte el poder para bloquear a su principal competidor político: Ollanta Humala. Como se sabe, este ciudadano fue el competidor más importante para el APRA en las últimas elecciones generales y tenemos a las puertas el sufragio que brindarán los ciudadanos en ocasión de las elecciones municipales este próximo 19 de noviembre.

Respecto a la primera idea, puede destacarse nuevamente el análisis económico realizado por Posner citado mas arriba. Este investigador observa que puesto que Estados Unidos tiene una férrea postura a favor de la separación entre Iglesia y Estado se podría esperar que sea una nación menos religiosa que naciones cuyos Estados financian no una sino varias confesiones a la vez. De hecho, este es el principal argumento que formula constantemente la Iglesia Católica en nuestro país para intervenir en políticas gubernamentales muy claras como por ejemplo la educación pública o la salud reproductiva. Pues Posner aprecia que este temor es infundado. Estados Unidos muestra una religiosidad más importante que las naciones europeas donde existen Estados que financian al menos una religión. Este fenómeno se explicaría de la siguiente manera: al reducirse artificialmente los costos de una secta en particular a través del financiamiento estatal se debilita la competencia religiosa. Las otras sectas tienen problemas para competir con la religión oficial; por lo tanto para el consumidor de servicios religiosos le resultará más difícil encontrar una religión que le acomode lo que puede conducirlo a buscar sustitutos no religiosos (p.631-632). Esta idea se aplicaría perfectamente en el caso peruano a partir de una exploración preliminar de la Encuesta Continua aplicada por INEI durante el primer trimestre del presente año que por primera vez incorpora la variable religión en su cuestionario. En efecto, de los aproximadamente 20 millones de peruanos para quienes aplica la pregunta ¿Qué religión profesa usted? Se encontró los siguientes resultados (estimacion propia en base a ENCO I trimestre 2006):

Puede apreciarse con claridad el monopolio evidente de la religión católica con más del 80% de la población que reporta confesarla. En cambio, las otras confesiones juntas apenas concentran un poco mas del 15% de la población bajo estudio. La pregunta que sin embargo se encuentra detrás de estos resultados es ¿Aquellos 16.3 millones de católicos confesos seguirán realmente los dictados que la Iglesia manda? La evidencia de los profundos problemas sociales que aqueja a la sociedad peruana daría indicios de que esto no es necesariamente así. Ni tampoco para el resto de las religiones. Por lo tanto existe una diferencia muy importante entre mencionar que uno pertenece a una determinada religión y el hecho de practicarla realmente. Con todo, este análisis es preliminar puesto que existen un conjunto importante de variables que nos permitirían indagar más profundamente sobre el significado de estos porcentajes en la realidad religiosa peruana.

Respecto a la segunda idea, se nota con claridad la importancia de la Iglesia Evangélica sobre el resto de confesiones no católicas. Este hecho habría motivado la atención de Alan García para establecer una alianza política o cuando menos un apoyo sutil a la candidatura de Humberto Lay que no menoscabe la relación establecida entre el primero y el Opus Dei. No obstante, una sencilla comparación entre el número de votos conseguido por Humberto Lay y el número estimado de miembros de la iglesia evangélica nos da cierta evidencia de que una buena parte de sus fieles no están sometidos a las preferencias políticas de su Iglesia. En efecto, solo un 26% de los fieles (quizás un poco menos pues no podemos atribuir el 100% de los votos a fieles de la Iglesia Evangélica) habría votado a favor de la candidatura presidencial de Humberto Lay. Sin embargo, este precedente es importante en la estrategia política del aprismo a fin de cerrar filas frente a la amenaza humalista, que ciertamente aparece cada vez con menos importancia política.

Recientemente Garavito realizó chirriantes declaraciones en contra de la candidatura de Lay Sun confrontándolo contra la Iglesia Católica de manera muy incómoda. Al margen de identificar estrategias de reconstrucción del partido de la chakana queda claro que la mezcla Iglesia Estado promovida por el gobierno aprista, el Opus Dei y determinados grupos de la Iglesia Evangélica está empañando seriamente los valores de justicia y libertad democráticos conformando una mezcla explosiva que puede provocar un endurecimiento del poder monopólico de la Iglesia Católica.

Política cuatro: Justicia y Pena de Muerte para los violadores

¿Por qué Alan García utilizó la cuestión de la pena de muerte como un elemento de la campaña política? En términos de justicia social, a todas luces, esta política no tiene sentido. En un país donde el poder judicial (que también tuvo su elevada dosis religiosa de inauguración bajo la Cruz y la hostia) se concibe como muy corrupto, o en el mejor de los casos, como con un elevado componente de costos de transacción que repercuten en el ejercicio muy lento de la investigación policial y por lo tanto en la aplicación eficiente y transparente de justicia, queda claro que no se esta haciendo una reforma social importante que elimine los incentivos a la criminalidad. Adicionalmente, se tiene conocimiento que en aquellos lugares donde se aplica la pena de muerte la incidencia criminalística que se pretendió inhibir no descendió significativamente respecto de los lugares que no la aplican. En cambio, se han probado como más efectivos aquellos programas que buscan la reintegración social de los criminales.

Conclusión

Los aspectos más profundos de estos temas de políticas publicas y religión pretendo explorarlos con mayor detenimiento en otros artículos puesto que no quiero perder de vista el asunto principal que motivo escribir este post tan extenso: cómo la mezcla de la religión con el Estado repercute claramente en la selección de políticas públicas sub-óptimas para resolver diferentes cuestiones y problemas de nuestra sociedad con un costo muy oneroso y desigualizante. En pocas palabras, injusto, chirriante. Quienes conciben una sociedad mejor en nuestro país podrán contribuir en diferentes niveles para hacer que no solo este gobierno sino los subsiguientes contengan una autentica convicción democrática y libre de cualquier tutelaje que siente las bases para un desarrollo económico y social mas duradero.

Bibliografía

Cipriani, Roberto (2004) "Manual de sociología de la religión". Argentina: Siglo veintiuno editores.

Huaco, Marco (2005) "Derecho de la religión. El principio y derecho de libertad religiosa en el ordenamiento jurídico peruano". Lima: UNMSM - UPeU.

Mariátegui, José Carlos (1928) "7 ensayos de interpretación de la Realidad Peruana".

Nugent, Guillermo (2005) "La desigualdad es una bandera de papel", en Perú Hoy; La desigualdad en el Perú: situación y perspectivas, desco, diciembre de 2005, pp. 203-226.

Posner, Richard (1998) "El análisis económico del derecho". México: Fondo de Cultura Económica.

Rawls, John (1971) "Teoría de la justicia". México: Fondo de Cultura Económica.

Sánchez, Luis Alberto (1933) "Aprismo y Religión. El anti Rodó." Lima: Colección Ensayos. Serie Trujillo.

Foto de Alan Garcia y Cardenal Cipriani rezando ante la imagen de la Virgen Maria tomada de la web de Radio Programas del Peru. 30/07/06.

Foto de Alejandro Toledo luego de inaugurar su gobierno en Macchu Picchu recibe regalos de cuzqueños que participaron de la ceremonia. Tomada de la web de la BBC de Londres.

1 comentario:

Eduardo Toche dijo...

Un comentario y algunas precisiones menores

El punto del debate ha sido colocado en el lugar preciso y con gran profundidad. ¿El Perú no nació bajo entornos democráticos? Veamos ... el monarquismo de San Martín y Monteagudo, aun cuando en 1821 el primero declarara la independencia peruana apelando a la rousseauniana fórmula de “la voluntad general de los pueblos”, fue totalmente derrotado por el republicanismo bolivariano. Más aún, parece que nos falta investigar más sobre lo que significó las Cortes de Cádiz y su propensión democrática, aunque varios historiadores ya han indicado la necesidad de abordar ese trabajo.

Pero, volvamos al republicanismo de Bolívar. En su sueño imaginó ciudadanos. Sin embargo, la realidad fue terca: los indios siguieron existiendo y, lo que es más, tributaron al Estado por tener la condición de tales. El esquema suponía igualdad ante la ley, pero la realidad se impuso y estableció que las diferencias promotoras de desigualdad debían sancionarse porque de otra manera peligraba la precarísima viabilidad de los incipientes estados andinos. Gerhard Masur tipifica el procedimiento de los Libertadores en este desencuentro idea republicana-realidad como “diletantismo”. Recientemente, John Lynch ha llamado a esto mismo “pragmatismo”. Pero, a pesar de todo, allí quedó pendiente la promesa democrática. Esta es una línea de reflexión.

Una segunda sería el proceso de construcción nacional, el Estado y el desempeño de instituciones como las fuerzas armadas y la iglesia católica. Basadre es contundente en “La iniciación de la República”: la República peruana existe gracias a los militares. Es una hechura de los cinco caudillos fundamentales que están en la base de su estudio. ¿Es así? Hay mucho que investigar al respecto pero todo parece indicar que, en términos generales, el Perú es un resultado de la acción del Estado y no de la sociedad. Algo así podría afirmarse respecto a la iglesia católica. Puede proponerse la audaz hipótesis de que la iglesia católica y su promoción de misiones evangelizadores condicionó en gran medida que el Perú tuviera parte de la amazonía –representando nada menos que el 61% del territorio nacional.

Pero, dejando de lado el siglo XIX, en donde hay muchísimo que explorar, desplacémonos al siglo XX. En suma, vamos a encontrar unas fuerzas armadas institucionalizadas. Más aún, fue casi único segmento profesionalizado del Estado durante muchísimo tiempo. ¿Debe sorprender acaso, bajo este ambiente, que hayan sido las únicas instituciones que formularon un proyecto nacional, en el que el desarrollo se concibió como una función de la seguridad? De otro lado, no nos olvidemos que sobre ellas descansó casi la totalidad de las “tareas civilizatorias” del Estado y en ese camino encontró un enorme aliado a la iglesia católica. Entonces, para no abundar en el argumento, tal vez lo que tenemos es un Estado cuyo proceso histórico hizo que se militarizara y “catolizara” por default. ¿O hubo alternativa a eso? La promesa republicana –democrática- bajo la cual se fundan los Estados andinos quedó en eso.

Pasando ahora a las precisiones. Las relaciones APRA-iglesia católica fueron sumamente tirantes durante una buena parte del siglo XX. Los fundadores eran masones, en gran proporción. Además, no olvidemos que Haya de la Torre surge a la vida política oponiéndose a la consagración del Perú al Corazón de Jesús y durante buen tiempo manifestó un anticlericalismo muy pronunciado, herencia de Gonzalez Prada y de las vertientes liberales. De otro lado, su cercanía con iglesias y dirigentes protestantes fue muy evidente. Haya, Sánchez y muchos dirigentes apristas fueron muy amigos de John McKee, el fundador del colegio Anglo-Peruano (hoy San Andrés) y, si no recuerdo mal, fue el primer partido en llevar al Congreso a pastores protestantes y de organizaciones confesionales no católicas.

Respecto a la referencia de Cipriani al mestizaje. Es muy importante porque es bajo esa construcción que se intentó establecer la legitimidad del Estado en el siglo XX. Para el caso, sería ocasión de releer la polémica sobre el indigenismo que sostuvieron Sánchez y Mariátegui. También la cholificación a la que alude Quijano. Lo cierto es que ese país que intentó construirse bajo la idea del mestizaje no va más, pero tampoco hubo algo que llenara ese vacío. ¿Qué somos? Es en esos intersticios, esos vacíos identitarios, es donde se coloca Humala, creo. ¿Qué es Humala? ¿Qué propone? Ni el mismo lo sabe. En realidad, nadie lo sabe y me temo que eso podría terminar reverdeciendo el más importante concepto de nacionalismo que se desarrolló en el Perú: el de las fuerzas armadas del Estado.

Sobre la ética protestante de Weber. Hay mucho que debatir en eso. ¿Cómo entender la emergencia de los tigres del Asia, en contextos que no son cristianos? Se entiende que no fue una ética cristiana la que guió el desarrollo japonés. Más aún, para el caso resultaría muy interesante releer a Eric Lionel Jones y su propuesta sobre crecimientos recurrentes en escenarios ajenos a la revolución industrial. Asimismo, E. A. Wrigley plantea enfoques sobre la revolución industrial distanciados de las comprensiones clásicas.

De otro lado, en la parte de política 3, creo que habría que dilucidar entre religión y religiosidad. Lo primero como la parte institucionalizada de la dimensión de la fe y lo segundo como la expresión social de ella. Apelar al recurso religioso para otorgarse legitimidad política no fue privativo de Haya y el APRA. Los comunistas hicieron lo mismo y, sorprendentemente, la expresión más evidente de esto fue Sendero.

La pena de muerte para los violadores. Está claro que es una medida efectista de Alan García, sin mayores efectos prácticos. Sin embargo, esta misma acción presidencial puede leerse de otra manera. Puede ser parte de los mecanismos preparatorios para legitimar una gobernabilidad en el que prime un concepto de orden (que, según la visión positivista, es imprescindible para el progreso) autoritario. Es decir, podemos empezar aceptando la necesidad de la pena de muerte para crímenes execrables y terminar proponiendo la criminalización de la protesta social y la consiguiente militarización del conflicto. En todo caso, el mecanismo ha sido más que recurrente a lo largo de la historia y Alan no estaría descubriendo la pólvora. De alguna manera, fue lo que hizo Fujimori. Es allí donde podríamos encontrar, tal vez, una sintonía entre el imaginario militar y el del Opus Dei. En ambos casos, el orden no puede ser entendido sin jerarquías, sin que los factores estén colocados “cada uno en sus respectivos lugares” y cualquier alteración del mismo debe reprimirse porque estaría afectando “la naturaleza” de las cosas.