viernes, noviembre 17, 2006

La política de dar las espaldas

Leyendo un artículo del suplemento dominical del Diario El Comercio titulado "El terrible mercado de imágenes: ley de cine, sí" escrito por Ricardo Bedoya (5/nov/2006/pág. 13), quedé impresionado por el diagnóstico realizado por este especialista sobre el mercado que afrontan los productores de películas peruanas frente a los productores hollywoodenses. Veamos a continuación:

El cinematográfico es un mercado distorsionado, desigual, manejado por un oligopolio hegemónico, excluyente, restrictivo, que admite solo más de lo mismo, es decir, películas que llegan a las salas con sus costos de producción pagados por la exhibición internacional y amparadas en campañas publicitarias de dimensión planetaria.

Es esto cierto? Antes de responder a esta pregunta, primero es necesario destacar algo de teoría. Desde el punto de vista formal, la afirmación propuesta por Bedoya pertenece al ala reformista o intervencionista del debate iniciado a principios del siglo XIX entre los economistas y filósofos europeos sobre si el orden económico de un país debía ser dejado a la mano invisible propuesta por Adam Smith ("dejar hacer, dejar pasar") o si por el contrario debía proponerse la intervención del Estado para lograr el bienestar de la población.

Según Smith, el bienestar agregado de una población podía alcanzarse si se le dejaba al libre albedrío a las personas para que produjeran bienes y servicios para satisfacer sus propias necesidades. Es decir, el egoismo de cada persona en la sociedad motivará a que uno ofrezca bienes o servicios a los demás, no por el bienestar de los otros, sino el de uno mismo. Esto traerá como resultado que haya un mayor bienestar general como si una mano invisible hubiera estado conduciendo a todos inconcientemente a este resultado. En este esquema, como es evidente, no hay espacio para el intervencionismo estatal.

No obstante, con la crisis social y económica acaecida luego de algunos años de apogeo de la revolución industrial, que reveló la aparición de un ejército de trabajadores con sus familias pobres y huérfanos en las calles, propuso las coordenadas para la aparición de las ideas reformistas que proponían la necesidad de intervención del Estado para resolver estos problemas. Los escritos más sombríos sobre los perversos efectos del capitalismo sobre la sociedad y el individuo se escribieron desde esta ala reformista y son los que han servido de insumo e inspiración para un conjunto de políticas integradoras de la sociedad, las llamadas políticas sociales. Personajes como Malthus, Marx, Sismondi, entre otros nombres pueden asociarse con este torrente intelectual.

A pesar de lo señalado, la post modernidad parecería estar enseñándonos que ambos debates no son necesariamente divergentes. Quizá nunca estuvieron en conflicto en la práctica. Existen espacios de integración entre estas perspectivas que pueden combinar el diseño y la implementación de políticas de libre mercado en el marco de un Estado fuertemente promotor del bienestar social, en tanto y en cuanto, exista un liderazgo y un plan de desarrollo claramento definido. Esto es algo que en mi opinión adolece nuestro país. Aplicando la ley a favor de determinados sectores productivos se puede elevar el nivel de competitividad de los mismos.

En efecto, el Fujimorismo de principios de los noventa implementó políticas inspiradas en la consigna "solo mercado" arrasando con las medidas que protegían a una serie de mercados que naturalmente se encontraban en desventaja frente a la competitividad mundial. Adicionalmente, arrasó también con una serie de medidas que tenían como objetivo invertir, apostar, dinamizar o nivelar algunos sectores productivos como el que motivó mi indagación para este post: la industria del cine, que en realidad, en mi concepción, tiene una propuesta más abarcadora, la industria del arte que incluyen al teatro, la pintura, la música, la escultura, etc. En una sola palabra, el arte.

A pesar de la agria experiencia con el Fujimorismo, la industria del cine ha establecido algunas acciones competitivas para compensar un ambiente interno tan adverso. Como resultado, cada vez más y con mayor frecuencia que antes se presentan películas de buena manufactura nacional. Muchas veces existe una subvención cruzada desde los medios de comunicación (prensa escrita y televisión) para asegurar el máximo de taquilla en la presentación de estas películas. Tómese por ejemplo el reciente caso de los dibujos animados por computadora (Dragones, destino de fuego y Piratas del Callao de la firma peruana Alpamayo Entertainment) ambos inspirados en los cuentos de Hernán Garrido Lecca, actual Ministro de Vivienda del gobierno aprista. La cinta Dragones... obtuvo un récord de taquilla de más de 90 mil espectadores en sus primeros cuatro días de estreno que superaba a producciones extranjeras como Superman Regresa, Cars, entre otras superproducciones hollywoodenses. Resultados positivos también se han encontrado con Madeinusa de la novel directora Claudia Llosa o la reciente Mariposa Negra del veterano Francisco Lombardi, los que han tenido que buscar financiamiento en fuentes alternativas frente a la inmovilidad del Estado peruano (que no es exclusiva para esta industria), ganando concursos internacionales o siguiendo estrategias tipo joint venture con productores y actores de países con mayor desarrollo comercial que el nuestro. Y no solamente en temas que lindan con la realidad y la ficción, sino también en diversos interesantes documentales como el reciente De Arequipa a la luna, del cineasta Alvaro Mejía.

Cabe resaltar que los escritores peruanos tienen una notable capacidad para proveer de ideas para ser presentadas en el cine como auténticos blockbusters. Tómese por ejemplo el caso de La mujer de mi hermano, película inspirada en una novela escrita por el multifacético Jaime Bayly. O sino la cinta La Fiesta del Chivo que lleva el mismo nombre de la novela escrita por el reconocido Mario Vargas Llosa.

Es decir que, a pesar que el Estado peruano no ha cumplido con su compromiso (ley 26370) de entregar el 100% de los recursos destinados para fomentar la industria del cine local (al parecer sólo ha entregado entre el 10 y el 12% de los aproximadamente millón y medio de dólares anuales), existe un potencial peruano en la industria del cine que está dando sus resultados. Los recursos contenidos o promovidos por esta ley permitirán establecer un fondo concursable para promover iniciativas cinematográficas de mayor alcance y calidad a las ya presentadas. Es una suerte de apalancamiento que los llevará a un mayor nivel de productividad y eficiencia en el mercado local y global. Puede ser que incluso esto significa que el Estado estarían "nivelando el piso" desde el cual competir con otras productoras. Desde ese punto de vista, estoy de acuerdo con las siguientes afirmaciones de Bedoya:

(...) Las leyes de cine no son mecanismos proteccionistas y creadores de privilegios como alguien ha dicho. Al contrario, son normas que aplican correctivos para que las películas del país encuentren las condiciones mínimas de equidad para competir en un mercado que no es libre ni igual para todos (...)

(...) Al Estado se le pide que reconozaca esa realidad tratando de compensar las distorsiones y no regalando dinero o financiando películas con recursos públicos. La incumplida ley de cine no es una piñata. Los premios que otorga a los mejores proyectos cubren apenas una parte del costo de producción. El resto debe ser financiado por los propios productores, hallando inversionistas nacionales o extranjeros (...)

Qué otros mercados funcionan como las señaladas por la industria del cine? Pues se pueden identificar varias, por su gran similitud en el tipo de relación que establece el Estado con ellas: la política de dar las espaldas. Estas se aplican en temas que están tan estrechamente relacionados al peruano como ser humano como lo son los deportes alternativos al fútbol (surf, artes marciales, vóley, natación, gimnasia, etc.), el libro (en sus diferentes formas), el artista, la educación básica, la investigación, etc, etc. Hasta cuando será posible que el Estado peruano se comporte como quien tiene que pedir limosnas para promover ayuda social en nuestro país? No sería más eficiente y competitivo implementar la reforma tributaria que elimine las exoneraciones de una serie de sectores privilegiados de nuestra economía para promover otros negocios en el país? En el caso de las mineras, por qué se ha llevado la discusión por el lado de los impuestos a las sobreganancias en vez de discutir el modelo de crecimiento que surgió luego de sufrida la enfermedad holandesa y entonces provocar la reforma? Este es un tema que merece mayor análisis que espero abordar en un próximo post.
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- El cuadro pertenece a Salvador Dalí titulado "Muchacha de espalda" pintado en 1925.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esto es un total y completo delirio, qué usted no se da cuenta de lo que escribe??.

Primero que nada aca cito uno de sus comentarios:
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No sería más eficiente y competitivo hacer una reforma tributaria que recaude de los sectores más rentables de nuestra economía para promover otros negocios en el país?
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Porqué no mejor dice no sería más facil robarle un poco de dinero por medio de impuestos a la gente que con su propio esfuerzo y SIN AYUDA DE NINGUN ESTADO han hecho dinero en este país pobre como el perú?


Lo que usted dice con el más profundo respeto es más de lo mismo del socialismo equitativo, igualitario,proteccionista, porque no se pregunta usted, ¿Como tienen acogida las peliculas peruanas y sin ayuda del estado?, por eso que usted mismo dijo antes , aquella mano invisible, si por el mismo motivo que el estado quita dinero a las empresas con sus "ASQUEROSAS RECAUDACIONES", que es más claro decir robo, las empresas no pueden crecer, las pymes estan donde estan y toda la vida seran pymes.

No diga más tonteras ya que esas cosas de dame un poco de él que tiene más para ser iguales son cosas del pasado.

Paises como china siendo comunista se dio cuenta de que quitando dinero a sus empresas no sera nada y lo mejor que hace es ayudarlos y no quitarles dinero trabajado de ahi que tiene en ahorros $$ 1 000 000 000 000 , LEA MAYORMENTE POR LAS DIVISAS, no por impuestos ni nada como "recaudaciones".

Por favor no haga que piense que la vida profesional no le ayuda a pensar.