miércoles, abril 23, 2008

¿La inflación de alimentos reduce la pobreza del Perú?

De acuerdo con una reciente investigación del Banco Mundial (PRWP, No. 4594, abril 2008, pdf), el Perú sería uno de los pocos países donde el impacto de la inflación mundial de los alimentos se traduciría en una reducción neta de la tasa de la pobreza. Este sorprendente resultado es decrito por los autores de dicho estudio de la siguiente manera (traducción libre):
"En Perú, los efectos sobre la pobreza de los cambios de precio en la mayor parte de bienes son más pequeños que en la mayoría de los países estudiados. La carne, para el cual los hogares urbanos y rurales son vendedores netos, tiene el mayor de los impactos absolutos, con un incremento de los precios de la carne se reduce la tasa de pobreza tanto en las áreas urbanas como rurales en 0.1 puntos porcentuales. Puesto que los hogares urbanos y rurales son vendedores netos de trigo, el incremento de su precio elevará ligeramente la pobreza, de tal manera que el incremento de los precios de todos los bienes considerados es una reducción extremadamente baja de la pobreza de 0.1 puntos porcentuales". (p.12)
"Perú es muy diferente [a los otros países estudiados] ya que la brecha de la pobreza cae cuando los precios de estos productos se incrementan, con una reducción de 0.1 puntos porcentuales gracias a la carne". (p.14)
"Un 10% de incremento en los precios de todos los bienes reducirá la brecha de la pobreza, bajo nuestros supuestos, únicamente en Perú y Vietnam". (p.15)
"La tabla también sugiere que aun cuando el impacto promedio del reciente aumento de los precios es adverso, dos países, -Vietnam y Perú- se habrían beneficiado por la reducción de la pobreza rural. En el caso de Vietnam 2004, la reducción en la pobreza rural es tan grande que reduce la pobreza total, a pesar del ligero aumento de la pobreza en el área urbana. Mirando en el impacto de bienes individuales sobre la pobreza, podemos ver que en el caso de los hogares rurales del Perú se benefician del incremento de los precios de casi todos los bienes, excepto el trigo. En contraste con el caso de Vietnam, la reducción de la pobreza se debe esencialmente por el aumento del precio del arroz". (p.16)
"La brecha de la pobreza aumenta en todos los países excepto en Perú y Vietnam. En Perú, la mayor fuente de esta reducción en la brecha de la pobreza es el incremento de los precios del maiz". (p.16)
"Otro resultado destacable ocurre en el Perú rural donde la reducción de la pobreza es 5.5 veces tan grande frente a un incremento del 20% de los precios [de los alimentos]". (p.47).
La precariedad del estudio del Banco Mundial reside en al menos tres de los supuestos básicos sobre los que se ha construido estos resultados:
  • Que existe una plena transmisión del comportamiento de los precios mundiales hacia los precios que afrontan los productores y los consumidores.
  • Que la estructura de consumo de los pobres permanece invariable durante un proceso inflacionario focalizado en los alimentos.
  • Que la canasta de la pobreza puede aproximarse de manera única para todas las regiones del país.
  • Que los gobiernos no han implementado ninguna política para contrarrestar los efectos del incremento de los precios de los bienes alimentarios.
En el primer caso, este supuesto es muy restrictivo para describir la realidad económica de la correa de transmisión de precios entre el pequeño productor agrícola y el consumidor limeño. En primer lugar cabe destacar que el Perú no es un vendedor neto de los productos agrícolas en cuestión. Todo lo contrario, somos importadores netos de estos productos lo que nos pone en el lado desventajoso de la balanza y por ello, el aumento de los precios se traducirá en un mayor nivel de pobreza neta (Ver más sobre el punto en la FAO, la columna Cristal de Mira de H. Campodónico, el diario el Comercio, y esta nota de la PUCP). Volviendo al tema de la cadena de precios, tenemos que los pequeños productores reciben la parte de la torta de las ventas más delgada, en tanto que los grandes monopolios de estos productos se benefician de las ventas al por mayor, ya sea en Lima o en el extranjero (véase para lo segundo el caso del espárrago por ejemplo). Por ello, no se puede suponer que el aumento de los precios se traduce en un beneficio neto por ventas de los productores de estos bienes.

En cuanto al segundo punto, es un tanto grosero suponer que la estructura de consumo de los pobres se mantiene invariable durante un proceso inflacionario. En las áreas urbanas, sobre todo en las más populares, se puede apreciar como la leche es reemplazada por el té o el café, la carne por el mondongo, la frutas pueden desaparecer con extrema facilidad de la dieta básica, y en definitiva los pobres terminan comprando menos pan y menos arroz. Es por esta razón que las estimaciones del impacto de la subida de precios entre el 2005 y el 2007 las veo con mucho escepticismo pues se ha construido utilizando los resultados de la base de datos de la Encuesta de Hogares del 2003 (espero presentar algunas estimaciones propias para un siguiente post).

En tercer, la línea de la pobreza no es una vara plana y única para todo el país. Esta es una lección básica de la economía de la medición de los niveles de vida de una población. Y este es un concepto que se deja de lado argumentado que las diferencias en las estimaciones totales originadas por la utilización de canastas diferenciadas por región son despreciables. La tasa de pobreza estimada por el método -un dólar ppp equivalente al dia- del Banco Mundial produce una tasa de pobreza de 12.5% a nivel nacional, 11.5% urbano y 12.9% rural. En contraste, las estimaciones con lineas de pobreza diferenciadas arrojan, 52.2% para el nivel nacional, 44.1% urbana y 77.1% para el nivel rural. En términos de la pobreza extrema (que sería el porcentaje más equiparable a la medición del BM) tenemos 21.9% para el nivel de país, 13.9% urbana y 45.9% para el nivel rural. Así que, ¿De qué puntos de pobreza despreciables estamos hablando?

En cuarto y último lugar, cabe señalar que el supuesto de inacción de parte de los gobiernos frente a la subida de los precios es bastante inútil. Los gobiernos han reaccionado, porque la población se ha manifestado violentamente en varios casos ante el impacto que han tenido los precios en sus canastas de consumo alimentario. En el caso del Perú queda aun fresco el recuerdo de las movilizaciones que se han hecho por la subida del precio del pan (y de los fertilizantes) que paralizaron a varias regiones de la sierra centro del país y la rápida reacción alanista de repartir alimentos a diestra y siniestra entre los pobres urbanos para paliar los ánimos caldeados de estos pobladores afectados por el incremento de los precios de sus productos básicos para subsistir.

Creo que los investigadores del estudio en cuestión han pecado de proceder de una manera extremadamente cuantitativista. Han dejado de lado las evaluaciones más puntuales de porqué el Perú (y Vietnam) aparecen como valores atípicos frente al modelo más general donde la pobreza aumenta por efecto de la subida de los precios de los alimentos. Las simulaciones presentadas en el documento de investigación comentado no son experimentos como ellos pretenden rotular sus resultados. Por ello fallan en presentar resultados que no reflejan las realidades particulares de Perú (y sospecho que también de Vietnam) ya que al menos en el caso nuestro, la variable interviniente 'desigualdad', juega un rol muy activo frente a este tipo de simulaciones que debe ser considerado para tener un mínimo de validez que sea orientadora de las políticas públicas de países como el nuestro.

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