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jueves, agosto 06, 2026

Obras son amores, son palabras, son show

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Que el llamado "alcalde dibujito" haya enviado una excavadora para derribar un mural pintado por ni帽os —lleno de flores, girasoles y el sol naciente del Jap贸n— es una de las im谩genes m谩s elocuentes de la pol铆tica lime帽a municipal reciente. No porque se trate 煤nicamente de una controversia sobre una obra p煤blica, sino porque obliga a preguntarnos hasta d贸nde puede llegar un gobernante convencido de que construir basta para justificar cualquier decisi贸n.

Fuente: Composici贸n de Infobae (ver aqu铆)


La escena tiene como protagonista a Franco Vidal, alcalde de Ate con apenas treinta a帽os, convertido en una de las figuras pol铆ticas de mayor crecimiento en redes sociales y que ya habla de disputar la presidencia de la Rep煤blica en 2031. Para entender por qu茅 un alcalde distrital puede alimentar semejante ambici贸n no basta mirar TikTok o Kick. Hay que mirar una tradici贸n pol铆tica mucho m谩s antigua.

Durante d茅cadas Lima se construy贸 bajo un pacto t谩cito. Primero llegaron los asentamientos humanos; y despu茅s de los votos, aparecieron la luz, el agua, el desag眉e y las pistas. La obra p煤blica no solo resolv铆a necesidades: legitimaba a quien la ejecutaba. Ese pacto sobrevivi贸 al crecimiento de la ciudad y termin贸 convirti茅ndose en una forma de hacer pol铆tica.

Ricardo Belmont bautiz贸 una nueva tradici贸n que sobrevivir铆a a varias generaciones de alcaldes: "Obras son amores". La mejor manera de decirle a Lima que se le quer铆a era construir. Construir, esta vez, para movilizarse. El Tr茅bol de Monterrico, el t煤nel de la Plaza Dos de Mayo y los dos puentes sobre el R铆mac que enlazaron El Agustino con San Juan de Lurigancho fueron mucho m谩s que infraestructura: fueron la demostraci贸n tangible de ese afecto pol铆tico.

Luis Casta帽eda Lossio llev贸 esa idea un paso m谩s all谩. Su lema fue "Mis obras son mis mejores palabras". Mientras las denuncias de corrupci贸n crec铆an, 茅l prefer铆a responder con la construcci贸n de pasos a desnivel, escaleras amarillas en los cerros y puentes peatonales antes que con conferencias de prensa. Una innovaci贸n que llev贸 su sello fue la creaci贸n de los Hospitales de la Solidaridad, que permiti贸 ampliar el acceso de miles de lime帽os a servicios de salud de bajo costo. El mensaje era claro: las obras hablaban por 茅l. Fue precisamente en esos a帽os cuando termin贸 de instalarse en el imaginario popular la l贸gica del alcalde que "roba, pero hace obra", aunque 茅l siempre rechaz贸 esa frase.

Rafael L贸pez Aliaga hered贸 esa tradici贸n, pero incorpor贸 un elemento distinto: la velocidad. Su marca de gobierno ha sido demostrar que las obras pueden ejecutarse en tiempo r茅cord, dejando de lado lo que considera una burocracia t茅cnica excesiva y los "tr谩mites caviares" que, seg煤n sostiene, mantuvieron paralizada a Lima durante d茅cadas. La culminaci贸n de los tramos pendientes de la autopista Ramiro Prial茅, el puente a la altura de Las Torres y la V铆a Expresa Sur fueron presentados como pruebas de esa capacidad para hacer en meses lo que otros demoraban a帽os. Sin embargo, esa misma apuesta por la celeridad abri贸 un debate sobre sus costos. Los accidentes registrados en la V铆a Expresa Sur, los nuevos cuellos de botella generados al final de la Prial茅 y las dificultades evidenciadas durante las pruebas del tren donado por Caltrain —desde el descarrilamiento de un vag贸n hasta la necesidad de adaptar t煤neles, curvas y futuras estaciones— alimentaron las cr铆ticas de quienes advert铆an que acelerar las obras no pod铆a sustituir la planificaci贸n t茅cnica. La obra deb铆a hacerse r谩pido, aun cuando ello significara asumir despu茅s el costo de corregirla.

Franco Vidal representa la siguiente mutaci贸n de ese linaje. La obra ya no solo debe ejecutarse ni hablar por s铆 misma: debe convertirse en espect谩culo. Cada intervenci贸n se transmite en vivo, cada maquinaria forma parte del contenido que consumen cientos de miles de seguidores y cada inauguraci贸n alimenta una comunidad digital que acompa帽a al alcalde casi en tiempo real. La obra deja de ser solamente infraestructura: tambi茅n se convierte en contenido. Lo importante ya no es solo construir, ni siquiera construir r谩pido, sino hacerlo frente a una c谩mara. M谩s obras, m谩s show.

Sin embargo, existe una diferencia mucho m谩s importante. Belmont, Casta帽eda y L贸pez Aliaga, con estilos muy distintos, terminaron reconociendo ciertos l铆mites cuando sus proyectos chocaban con comunidades organizadas o con propiedades privadas o p煤blicas formalmente consolidadas. Belmont buscaba acuerdos antes de iniciar grandes intervenciones urbanas; Casta帽eda termin贸 retrocediendo frente a la resistencia de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; y L贸pez Aliaga modific贸 el trazo final de la autopista Ramiro Prial茅 cuando la obra alcanz贸 el club residencial Los Girasoles de Huampan铆.

Pero Vidal parece haber decidido prescindir de esa l贸gica desde el inicio de su gesti贸n. Amparado en la fuerza de una comunidad digital extraordinariamente movilizada, convirti贸 la demolici贸n en una marca de gobierno: rejas vecinales, establecimientos privados, viviendas y ahora incluso el patrimonio de una comunidad centenaria.

De all铆 la importancia del caso de la Asociaci贸n Okinawense del Per煤. La excavadora municipal ingres贸 a un complejo privado con m谩s de un siglo de historia, utilizado por cientos de familias para actividades deportivas y culturales, y derrib贸 el cerco decorado con murales elaborados por ni帽os. No era una invasi贸n ni un asentamiento informal. Era una instituci贸n con t铆tulos de propiedad que no rechazaba la obra p煤blica, sino que exig铆a que esta respetara el debido procedimiento.

La controversia termin贸 trascendiendo al distrito. El Ministerio de Econom铆a desactiv贸 el proyecto de inversi贸n —al determinar que se ejecutaba sobre propiedad privada y no cumpl铆a las normas del sistema de inversiones— y la Municipalidad Metropolitana de Lima retir贸 a Ate la competencia sobre esa v铆a. M谩s all谩 de los aspectos administrativos, el episodio dej贸 instalada una pregunta pol铆tica: ¿Hasta d贸nde puede llegar un alcalde cuando la obra p煤blica se convierte en la principal fuente de legitimidad?

La interrogante resulta todav铆a m谩s relevante porque Vidal ya no es solamente un alcalde distrital. Como otros burgomaestres del pa铆s, busca proyectarse m谩s all谩 de su jurisdicci贸n apoyado en una combinaci贸n de obras visibles y comunicaci贸n directa con la ciudadan铆a. En su caso, las redes sociales amplifican esa estrategia hasta convertirlo en un fen贸meno pol铆tico que la clase dirigente lime帽a todav铆a parece subestimar. Hace apenas unas semanas recorri贸 el sur del pa铆s acompa帽ado de un popular streamer, congregando —seg煤n registros difundidos en sus propias redes— multitudes de j贸venes en plazas y parques de Tacna, Moquegua y Arequipa.

Quiz谩 el debate de fondo no sea Franco Vidal, sino el modelo pol铆tico que representa. Durante d茅cadas los lime帽os aprendieron a valorar a sus alcaldes por las obras que dejaban, sobre todo por aquellas que reduc铆an el tiempo perdido en una ciudad cada vez m谩s congestionada. Ese criterio permiti贸 cerrar brechas largamente postergadas, pero tambi茅n fue desplazando una pregunta igualmente importante: ¿C贸mo se hicieron esas obras y qu茅 l铆mites estaba dispuesto a respetar quien las ejecutaba?

Tal vez esa sea la verdadera evoluci贸n de este linaje de alcaldes. Cada 茅poca encontr贸 una manera distinta de legitimar al alcalde que hac铆a obra. Primero fue el afecto. Despu茅s el silencio. Luego la celeridad. Hoy es el espect谩culo.

Obras son amores. Obras son palabras. Obras son show.

Cada etapa ampli贸 un poco m谩s el poder de quien constru铆a. La pregunta que deja abierta Franco Vidal es si, en ese recorrido, tambi茅n hemos ido desplazando los l铆mites que ese poder deber铆a respetar. Porque si la obra termina justific谩ndolo todo, la discusi贸n ya no ser谩 qui茅n construye m谩s, sino qu茅 estamos dispuestos a permitir en nombre de quien construye. La respuesta no la dar谩 Ate ni Franco Vidal. La dar谩n los peruanos cuando decidan si este linaje termina en un municipio en las pr贸ximas elecciones regionales y municipales 2026... o si contin煤a desde Palacio de Gobierno en 2031.


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