lunes, junio 01, 2009

Ahora resulta que la inflación es buena para reducir la pobreza

De acuerdo con la encuesta colgada por el diario El Comercio en su portal web vemos que de los casi más de 1000 internautas que se animaron a responderla, un 63% opina que la pobreza se redujo principalmente porque "hay más trabajo". En segundo lugar aparecen los que opinan que "los programas sociales" han hecho su parte en la lucha contra la pobreza, con el 24% de las respuestas. Finalmente, hay un importante 13% que no tiene claro porqué razones se ha reducido la pobreza de manera tan significativa. Sin embargo se ha animado a responder y dejar constancia de que no entienden porque esto ha sido así. Reproduzco la imagen de resultados de dicha encuesta para su examen a continuación:


Estos resultados contrastan con los resultados de otra encuesta colgada en el mismo portal donde se pregunta sencillamente: Percibe ud. que hay menos pobreza en el Perú? La distribución de respuestas es impresionante ya que hay casi 20 puntos porcentuales de diferencia a favor de los que responden que no perciben tal reducción de la pobreza frente a los que afirman si haberla percibido. Ello podría explicarse, haciendo de abogado del diablo, por el área de residencia de los que responden a ambas encuestas, son todos urbanos? son todos peruanos? Quien sabe más el webmaster del Comercio por el momento. Con todo, reporto los datos en cuestión enseguida:


Remitiéndonos a las declaraciones técnicas del Jefe del INEI, la pobreza habría bajado por causa de un rápido incremento de los ingresos de las familias rurales, en un contexto de mejora de los precios de los productos agrícolas. Así aparecen sus declaraciones en Peru21:
"Evidencia de ello es que los recursos de los productores agropecuarios de las áreas rurales aumentaron en 12.7%, probablemente por una mejora de precios, el año pasado, en el contexto internacional"
En otras palabras, la inflación internacional habría impactado favorablemente en la inflación interna, vía el componente de los productos agrícolas (los transables básicamente), lo que habría significado un mejor nivel de ingresos para la población rural y por lo tanto, una reducción de la pobreza.

Esta aseveración no es otra cosa que una repetición del argumento mostrado por el Banco Mundial hace unos meses en un estudio flash que publicó a propósito de la inflación internacional de los alimentos, o crisis alimentaria como se le denominó entonces. Ese estudio lo comenté aquí. Como se recordará, el evidencia central presentada por dicho estudio era que tanto en el caso de Vietnam como de Perú la inflación internacional de los alimentos reduciría la pobreza porque ellos implican un aumento neto de los ingresos para los productores cuyas familias se ubican básicamente en el área rural. En el caso de Perú, ello era posible fundamentalmente -en el caso del estudio- por el aumento de precios del maiz. No obstante, es posible extender el argumento para otros productos agrícolas que son colocados por los exportadores peruanos en los consumidores de los países industrializados como por ejemplo los espárragos, las paltas, las uvas, entre otros.

Es curioso apreciar que a diferencia del pasado, me refiero a la observada a fines de los ochenta, la inflación fue más bien la principal causa del vertiginoso aumento de la pobreza a nivel nacional. Pero en el último año, habríamos asistido a un proceso inflacionario que produjo menos pobres en nuestra realidad. Quizás estemos enfrentados a un fenómeno como el de la abundacia relativa de colesterol bueno y colesterol malo. Para el caso de la economía peruana, si queremos reducir la pobreza, necesitamos una inflación de precios de productos agrícolas para beneficiar los niveles de vida de la población rural, y por el contrario mantener abajo la inflación del resto de productos para que exista equidad en el progreso del bienestar conjunto.

El problema con este modelo es que al estar sujeto a los vaivenes del mercado internacional, estos precios se han desplomado como consecuencia de la crisis internacional dejando a los gobiernos de los países en desarrollo desarmados para combatir la crisis. Es necesario en este contexto que los gobiernos de estos países puedan introducir controles en los precios de estos productos básicos para evitar que la pobreza recrudezca, ya que estos ingresos se han perdido fuertemente. Pero es probable que con el resentimiento del consumo en los mercados globales, un retorno al proteccionismo refuerce el efecto negativo sobre los productos que se pretenden proteger.

Cuál es la solución? Un acuerdo global sobre las tarifas entre productos intercambiados por los países desarrollados y los países proveedores de materias primas. Algo que por desgracia no se ha podido concretar ni en las rondas de Doha ni en los foros de la OMC. Pero es una política necesaria porque es parte de la solución del problema global del crecimiento diferenciado entre las regiones del mundo. Sólo un acuerdo global sobre la forma como se intercambian nuestros productos en los mercados internacionales podría dar beneficios reales a los pequeños productores. Estos acuerdos pasan por revisar la moneda común de intercambio y la forma como se comercia en las subregiones del mundo.

Aparte de ello, un acuerdo doméstico sobre cómo direccionar la fuerza de los precios hará que la pobreza pueda reducirse adecuadamente sin provocar protestas innecesarias. Eso hará mayor impacto que cualquier programa de lucha contra la pobreza aplicada en nuestro país.

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