martes, noviembre 06, 2007

No se necesita a la universidad pública

Humberto Campodónico ha hecho una muy perspicaz observación respecto de la huelga de los docentes universitarios y la respuesta de toreo que ha hecho el gobierno (énfasis mío):
[N]o queremos obviar que las universidades públicas enfrentan problemas serios, que deben ser abordados en una nueva ley universitaria. Pero el gobierno no ataca ese punto central porque éstas interesan poco porque el modelo económico cubre sus necesidades sin ellas.
Como docente de una universidad pública limeña me consta que la falta de recursos es uno de los problemas fundamentales para el óptimo funcionamiento de ella. Este problema ha hecho que en realidad los servicios brindados a través de esta casa de estudios sean calificados como un bien de tipo inferior, es decir, aquel que ni bien aumentan los ingresos de sus consumidores habituales -los pobres- se prefiere un bien sustituto de mejor precio, en este caso por la educación universitaria privada.

¿Por qué esto es así? Porque los empleos que pueden accederse teniendo como base la educación pública tienen una remuneración promedio menor que los que se alcanzaría si se hubiera formado en una universidad privada. Esto significa que el sistema de educación pública (involucro a todos los niveles, básica, secundaria y superior) no funciona como una herramienta de integración social sino más bien sirve para reforzar las desigualdades económicas, sociales y económicas ya existentes.

Por esta razón, muchos profesionales egresados de la educación superior pública necesitan reciclarse en algún posgrado llevado a cabo en una escuela universitaria privada para poder integrarse con un poco más de éxito en el agitado y competitivo mercado laboral peruano.

Porque para el Estado, la educación pública, tal como lo señala Humberto, ha sido pensada como una herramienta para entretener a los pobres al margen del modelo económico. Los recursos humanos para los puestos clave de nuestra sociedad pueden ser suministrados por la universidad privada o incluso, mucho mejor, por quienes logran estudiar fuera.

Esta idea apunta de lleno en el problema que significa la reforma tardía de la ley universitaria. La actual ley ha rebajado la calidad educativa al incentivar la titulación sin investigación, tanto para el sector público como el privado, lo que ha generado un mercado perverso para la educación, donde se privilegia la cantidad pero no la calidad de los contenidos provistas a través de ella. Si no pregúntele a la cantidad de funcionarios públicos que entran casi en manada a las universidades más prestigiosas de nuestro país con el afán de completar los estudios de postgrado, pero a la hora de hacer la investigación, pues nada.

¿Es mejor la educación superior privada que la pública? A la luz de la evidencia percibida, no necesariamente. Las formas parecen darle un mejor "market appeal" a la universidad privada, pero la verdad es que ella también ha sido afectada.

En suma, el sistema educativo peruano es darwinista, permitiendo la supervivencia del más fuerte, en vez de integrar a la sociedad en una clase media próspera y pensante. Ojalá el Estado sepa diseñar e integrar una estrategia coherente para nuestra sociedad, que está ávida de lograr el desarrollo.

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