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domingo, mayo 03, 2026

Silencio e impugnación: comportamiento estratégico de los candidatos presidenciales ante la segunda vuelta electoral

Una nota técnica para lectores especializados

1. De la narrativa a la estructura

El análisis político convencional enfrenta un problema recurrente: sus sujetos mienten, callan, actúan a través de intermediarios o simplemente no declaran sus motivaciones reales. En contextos de institucionalidad débil — como el peruano — ese problema se agudiza, porque los actores han aprendido que la distancia entre el discurso público y la acción real es un recurso estratégico en sí mismo. Keiko Fujimori no dice que quiere que Sánchez quede fuera del balotaje. López Aliaga no dice que su impugnación es un instrumento de presión y no una denuncia de buena fe. Nadie dice lo que realmente está haciendo.

El análisis basado en intenciones declaradas, en ese contexto, es sistemáticamente insuficiente. No porque los actores sean irracionales, sino precisamente porque son racionales: saben que revelar sus preferencias reales los expone. El analista que espera que los actores expliquen su propio juego espera algo que no va a ocurrir.

La teoría de juegos ofrece una alternativa metodológica más robusta: en lugar de preguntar qué dicen los actores, pregunta qué estructura de incentivos es consistente con el comportamiento que se observa. No necesitamos saber si Keiko y RLA se coordinaron explícitamente. Necesitamos saber si existe una estructura de pagos que hace que su comportamiento observado sea racional para cada uno, independientemente del otro. Si esa estructura existe, la coordinación explícita se vuelve innecesaria como explicación — y el análisis gana en rigor precisamente porque no depende de supuestos sobre intenciones inobservables.

Esta nota presenta esa herramienta de forma accesible, la aplica al escenario post primera vuelta de abril de 2026, y señala con honestidad sus límites.

2. La herramienta: qué es una matriz de pagos y qué no es

Una matriz de pagos es una representación formal de una situación en la que dos o más actores toman decisiones que se afectan mutuamente. Tiene tres componentes básicos.

El primero son los jugadores: los actores que toman decisiones. En un juego político típico no son todos los actores visibles, sino aquellos cuyas decisiones tienen efectos determinantes sobre el resultado. Identificar correctamente quiénes son los jugadores — y quiénes son actores secundarios o jugadores pasivos — es el primer paso analítico no trivial.

El segundo son las estrategias: el conjunto de opciones disponibles para cada jugador. En política, las estrategias raramente son binarias en la realidad, pero la simplificación a dos opciones por jugador suele capturar la tensión central del escenario sin perder potencia analítica. Lo importante es que las estrategias sean mutuamente excluyentes y colectivamente exhaustivas para el propósito del análisis.

El tercero son los pagos: el valor que cada jugador obtiene en función de la combinación de estrategias elegidas por todos. Los pagos no son necesariamente monetarios ni objetivos — representan la utilidad subjetiva que cada actor asigna a cada resultado posible. En análisis político, los pagos capturan cosas como poder institucional acumulado, probabilidad de ganar una elección, costo reputacional, o capacidad de influencia futura. La escala es relativa, no absoluta: lo que importa no es el número en sí sino el orden de preferencias que revela.

La matriz organiza estos tres elementos en una tabla donde las filas representan las estrategias de un jugador, las columnas las del otro, y cada celda contiene los pagos de ambos para esa combinación específica de decisiones.

El equilibrio Nash es el concepto central de la teoría de juegos no cooperativos. Un equilibrio Nash es una combinación de estrategias tal que ningún jugador tiene incentivo para desviarse unilateralmente — es decir, dado lo que el otro está haciendo, cada jugador está haciendo lo mejor que puede para sí mismo. Un equilibrio Nash no es necesariamente el mejor resultado colectivo posible: es el resultado estable, el que tiende a persistir una vez alcanzado.

Lo que la herramienta no es merece igual atención. Una matriz de pagos no prueba que los actores hayan coordinado explícitamente. No prueba intenciones. No predice el futuro con certeza. Es un instrumento de consistencia analítica: permite verificar si el comportamiento observado es racional dada una estructura de incentivos plausible. Si lo es, el analista tiene una explicación estructural que no depende de suposiciones sobre lo que los actores se dijeron en privado. Esa modestia metodológica es una fortaleza, no una debilidad.

3. El caso: Keiko, RLA y el jugador pasivo

El escenario post primera vuelta del 12 de abril de 2026 tiene tres actores relevantes: Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga y Roberto Sánchez. Pero no los tres son jugadores en el sentido técnico del término. Sánchez no tiene estrategias disponibles que afecten el resultado — su suerte depende enteramente de las decisiones de los otros dos. Es un jugador pasivo: sus pagos varían según lo que decidan Keiko y RLA, pero él no elige. Esa asimetría es, paradójicamente, la clave explicativa de todo el escenario.

Los jugadores activos son Keiko y RLA. Las estrategias disponibles son las siguientes. Para Keiko: silencio activo — no tomar posición pública sobre la impugnación — o declaración pública — pronunciarse sobre el proceso y su legitimidad. Para RLA: sostener la impugnación indefinidamente o aceptar los resultados e ir al balotaje.

La matriz con los pagos estimados para cada combinación de estrategias es la siguiente:

 Comportamiento estratégico de los jugadores

 

Keiko Fujimori

Silencio activo
Declaración pública

Rafael López Aliaga

Sostener impugnación
Aceptar resultados / ir a balotaje

Roberto Sánchez

Jugador pasivo — sus pagos dependen de las decisiones de los otros dos

Pagos (Keiko, RLA, Sánchez) — escala 1–10

Keiko elige fila · RLA elige columna · Sánchez no elige: recibe

 

RLA: Sostiene
impugnación

RLA: Acepta resultados
va a la 2da vuelta

Keiko:
Silencio activo

Keiko 9

RLA 7

Sánchez 1

Equilibrio Nash

Keiko 8

RLA 5

Sánchez 6

Keiko:
Declaración pública

Keiko 5

RLA 6

Sánchez 2

Keiko 3

RLA 3

Sánchez 9

Celda que ambos evitan








La celda que organiza todo el juego no es el equilibrio Nash sino su opuesto: la celda de riesgo máximo, donde Keiko declara públicamente y RLA acepta los resultados. En ese escenario Sánchez llega a segunda vuelta con tres condiciones simultáneas a su favor: el proceso electoral legitimado por ambos adversarios, Keiko comprometida públicamente con la institucionalidad, y RLA sin capacidad de seguir presionando. En esas condiciones una victoria de Sánchez por margen estrecho es perfectamente posible. Sus pagos en esa celda son máximos. Los de Keiko y RLA colapsan simultáneamente.

El equilibrio Nash está en la celda opuesta: Keiko guarda silencio, RLA sostiene la impugnación. Ninguno tiene incentivo para desviarse unilateralmente. Si Keiko declara mientras RLA sostiene la impugnación, ella pierde ambigüedad estratégica sin obtener nada a cambio. Si RLA acepta los resultados mientras Keiko guarda silencio, cede su única palanca de presión sin compensación.

El resultado es un equilibrio estable que no requiere coordinación explícita. Cada jugador llega a él por su propia lógica de incentivos. La convergencia de comportamientos que el observador externo podría leer como acuerdo es, en términos estrictamente formales, el producto de dos racionalidades individuales que apuntan en la misma dirección. Demostrar que hubo coordinación explícita requeriría evidencia adicional. Demostrar que el comportamiento es consistente con una estructura de incentivos que la hace innecesaria solo requiere la matriz.

La paradoja de Sánchez como jugador pasivo merece una reflexión adicional. En teoría de juegos, los jugadores pasivos — aquellos cuyos pagos dependen del juego pero que no participan en él — pueden ser los más influyentes en términos de estructura. Son el objeto implícito alrededor del cual los jugadores activos organizan sus estrategias. En este caso, los pagos potencialmente altos de Sánchez en la celda de riesgo son exactamente lo que mantiene a Keiko y RLA en el equilibrio Nash. Si Sánchez no tuviera posibilidades reales de ganar una segunda vuelta, la celda de riesgo dejaría de ser peligrosa, el equilibrio se aflojaría y los incentivos para sostenerlo desaparecerían. El jugador que menos decide es el que más estructura el juego.

4. Límites de la herramienta

La honestidad metodológica requiere señalar lo que la teoría de juegos no puede hacer en contextos políticos, precisamente porque esa honestidad fortalece el uso legítimo de la herramienta.

El primer límite es la observabilidad de los pagos. Los pagos que se asignan en una matriz política son estimaciones del analista basadas en comportamiento observado y objetivos inferidos. No son mediciones objetivas. Dos analistas razonables pueden asignar pagos distintos y llegar a equilibrios distintos. La matriz no elimina el juicio analítico — lo estructura y lo hace explícito, lo cual es una ventaja sobre el análisis narrativo implícito, pero no es una garantía de certeza.

El segundo límite es la racionalidad de los actores. La teoría de juegos asume que los jugadores maximizan sus pagos dados sus objetivos. En política, los actores pueden actuar por ego, por error, por presión de sus propias bases o por información incompleta. Un análisis matricial que ignora estas posibilidades sobreestima la coherencia estratégica de los jugadores. En el caso analizado, es perfectamente posible que RLA sostenga la impugnación no solo por cálculo frío sino por una combinación de ego herido y presión de su entorno más cercano. La matriz captura el resultado como si fuera estratégico, pero no puede distinguir entre estrategia y accidente con el mismo resultado.

El tercer límite es la estabilidad del juego mismo. Una matriz de pagos es una fotografía estática de un momento particular. Los pagos pueden cambiar si cambia el contexto: una revelación pública, una decisión judicial inesperada, una declaración de un actor secundario pueden alterar los incentivos y mover el equilibrio. El analista que usa esta herramienta debe tratarla como un instrumento dinámico y actualizable, no como una verdad permanente.

Señalar estos límites no debilita el análisis — lo sitúa correctamente. Una herramienta usada con conciencia de sus límites es más útil que una narrativa sin ninguna. Y en un contexto político donde los actores deliberadamente oscurecen sus motivaciones, una estructura analítica que prescinde de las motivaciones declaradas y trabaja solo con comportamiento observable tiene una ventaja metodológica real sobre cualquier interpretación basada en lo que los actores dicen querer.

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