Una nota técnica para lectores especializados
1. De la
narrativa a la estructura
El
análisis político convencional enfrenta un problema recurrente: sus sujetos
mienten, callan, actúan a través de intermediarios o simplemente no declaran
sus motivaciones reales. En contextos de institucionalidad débil — como el
peruano — ese problema se agudiza, porque los actores han aprendido que la
distancia entre el discurso público y la acción real es un recurso estratégico
en sí mismo. Keiko Fujimori no dice que quiere que Sánchez quede fuera del
balotaje. López Aliaga no dice que su impugnación es un instrumento de presión
y no una denuncia de buena fe. Nadie dice lo que realmente está haciendo.
El
análisis basado en intenciones declaradas, en ese contexto, es sistemáticamente
insuficiente. No porque los actores sean irracionales, sino precisamente porque
son racionales: saben que revelar sus preferencias reales los expone. El
analista que espera que los actores expliquen su propio juego espera algo que
no va a ocurrir.
La teoría
de juegos ofrece una alternativa metodológica más robusta: en lugar de
preguntar qué dicen los actores, pregunta qué estructura de incentivos es
consistente con el comportamiento que se observa. No necesitamos saber si Keiko
y RLA se coordinaron explícitamente. Necesitamos saber si existe una estructura
de pagos que hace que su comportamiento observado sea racional para cada uno,
independientemente del otro. Si esa estructura existe, la coordinación
explícita se vuelve innecesaria como explicación — y el análisis gana en rigor
precisamente porque no depende de supuestos sobre intenciones inobservables.
Esta nota
presenta esa herramienta de forma accesible, la aplica al escenario post
primera vuelta de abril de 2026, y señala con honestidad sus límites.
2. La
herramienta: qué es una matriz de pagos y qué no es
Una
matriz de pagos es una representación formal de una situación en la que dos o
más actores toman decisiones que se afectan mutuamente. Tiene tres componentes
básicos.
El
primero son los jugadores: los actores que toman decisiones. En un juego
político típico no son todos los actores visibles, sino aquellos cuyas
decisiones tienen efectos determinantes sobre el resultado. Identificar
correctamente quiénes son los jugadores — y quiénes son actores secundarios o
jugadores pasivos — es el primer paso analítico no trivial.
El
segundo son las estrategias: el conjunto de opciones disponibles para
cada jugador. En política, las estrategias raramente son binarias en la realidad,
pero la simplificación a dos opciones por jugador suele capturar la tensión
central del escenario sin perder potencia analítica. Lo importante es que las
estrategias sean mutuamente excluyentes y colectivamente exhaustivas para el
propósito del análisis.
El
tercero son los pagos: el valor que cada jugador obtiene en función de
la combinación de estrategias elegidas por todos. Los pagos no son
necesariamente monetarios ni objetivos — representan la utilidad subjetiva que
cada actor asigna a cada resultado posible. En análisis político, los pagos
capturan cosas como poder institucional acumulado, probabilidad de ganar una
elección, costo reputacional, o capacidad de influencia futura. La escala es
relativa, no absoluta: lo que importa no es el número en sí sino el orden de
preferencias que revela.
La matriz
organiza estos tres elementos en una tabla donde las filas representan las
estrategias de un jugador, las columnas las del otro, y cada celda contiene los
pagos de ambos para esa combinación específica de decisiones.
El equilibrio
Nash es el concepto central de la teoría de juegos no cooperativos. Un
equilibrio Nash es una combinación de estrategias tal que ningún jugador tiene
incentivo para desviarse unilateralmente — es decir, dado lo que el otro está haciendo,
cada jugador está haciendo lo mejor que puede para sí mismo. Un equilibrio Nash
no es necesariamente el mejor resultado colectivo posible: es el resultado
estable, el que tiende a persistir una vez alcanzado.
Lo que la
herramienta no es merece igual atención. Una matriz de pagos no prueba
que los actores hayan coordinado explícitamente. No prueba intenciones. No
predice el futuro con certeza. Es un instrumento de consistencia analítica:
permite verificar si el comportamiento observado es racional dada una
estructura de incentivos plausible. Si lo es, el analista tiene una explicación
estructural que no depende de suposiciones sobre lo que los actores se dijeron
en privado. Esa modestia metodológica es una fortaleza, no una debilidad.
3. El
caso: Keiko, RLA y el jugador pasivo
El
escenario post primera vuelta del 12 de abril de 2026 tiene tres actores
relevantes: Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga y Roberto Sánchez. Pero no los
tres son jugadores en el sentido técnico del término. Sánchez no tiene
estrategias disponibles que afecten el resultado — su suerte depende
enteramente de las decisiones de los otros dos. Es un jugador pasivo:
sus pagos varían según lo que decidan Keiko y RLA, pero él no elige. Esa
asimetría es, paradójicamente, la clave explicativa de todo el escenario.
Los
jugadores activos son Keiko y RLA. Las estrategias disponibles son las
siguientes. Para Keiko: silencio activo — no tomar posición pública sobre la
impugnación — o declaración pública — pronunciarse sobre el proceso y su
legitimidad. Para RLA: sostener la impugnación indefinidamente o aceptar los
resultados e ir al balotaje.
La matriz
con los pagos estimados para cada combinación de estrategias es la siguiente:
|
Keiko Fujimori Silencio activo |
Rafael López Aliaga Sostener impugnación |
Roberto Sánchez Jugador pasivo — sus pagos
dependen de las decisiones de los otros dos |
Pagos
(Keiko, RLA, Sánchez) — escala 1–10
Keiko
elige fila · RLA elige columna · Sánchez no elige: recibe
|
|
RLA:
Sostiene |
RLA:
Acepta resultados |
|
Keiko: |
Keiko 9 RLA 7 Sánchez 1 Equilibrio
Nash |
Keiko 8 RLA 5 Sánchez 6 |
|
Keiko: |
Keiko 5 RLA 6 Sánchez 2 |
Keiko 3 RLA 3 Sánchez 9 Celda
que ambos evitan |
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