viernes, agosto 22, 2008

Clima y pobreza

Dos fueron los artículos que removieron las bases de la mirada estática de la pobreza en el Perú: "la pobreza no era como lo imaginábamos" de Juan Chacaltana (descargar aquí, pdf, ver el cap. 3, CEDEP, 2006) y "¿Cómo enfrentar una geografía adversa? El rol de los activos públicos y privados" de Javier Escobal y Máximo Torero (descargar aquí, pdf, GRADE, 2000). Ambos trabajos ponen énfasis en cómo la pobreza es un evento muy relacionado con el mal manejo del riesgo a sufrir los embates de algún tipo de inclemencia climática originados por un pais con una geografía muy abigarrada. Ya sea que hablemos del fenómeno del Niño que afecta recurrentemente a la costa norte, una helada en la sierra centro o sur, o un terremoto en Ica, con tal evidencia, queda demostrado que existe muy poco sustento para afirmar que la situación de "pobreza" o la "no pobreza" sean eventos estáticos a lo largo de un año de mediciones, como se practica en la actualidad.

Reflexiono sobre esta cuestión porque el Banco Mundial acaba de publicar un interesante estudio titulado "Transitioning to climate resilent development. Perspectives from communities in Peru" (descargar aquí, pdf). La idea que explora el estudio es que ante la constatación de un aumento de los shocks por fenómenos climáticos a nivel mundial, por efecto de presiones económicas, demográficas y tendencias del medio ambiente, las pérdidas económicas y sociales potenciales también han aumentado lo que ha provocado la necesidad de diseñar e implementar procesos de desarrollo que sean resilientes al clima administrando adecuadamente los riesgos y vulnerabilidades que las familias muestran ante los cambios de ella. El estudio pretende recomendar una estrategia como la señalada a partir de una consulta realizada a las propias comunidades que se han visto afectadas por tales eventos, en especial en Piura y Puno.

La recomendación de diseñar políticas que busquen prevenir la situación de pobreza no es nueva. Chacaltana, en el estudio citado, recomienda pensar en al menos dos tipos de instrumentos de política distintos para el combate y la prevención de la pobreza, sobre todo en aquellos que enfrentan los shocks originados en cambios climáticos de la siguiente manera (énfasis mío):
Si existen dos grandes tipos de pobrezas, la política social debe estar pensada en esos dos niveles. Entre los pobres crónicos, se requieren políticas de desarrollo de activos y de recursos productivos y un trabajo de largo plazo para superar su condición de carencia. Para los pobres transitorios en cambio, esas medidas no son necesariamente las pertinentes. Ellos encuentran las formas de salir de la pobreza en cada momento del tiempo. Lo que ocurre es que se enfrentan a un sinnúmero de shocks que frustran esas salidas y los devuelven a su situación inicial. En este caso, el establecimiento de una red de protección frente a shocks que afecten los activos productivos de esta población, sería el instrumento adecuado (p.30).
Esta idea se complementa con el estudio de Escobal y Torero quienes, aunque no estudian directamente el problema del clima, el antecedente de realizar un análisis con énfasis en la variable geográfica señala un derrotero de interpretaciones que complementan adecuadamente las conclusiones de Chacaltana, de la siguiente manera:
Hemos demostrado que las aparentes diferencias geográficas en los niveles de vida en el Perú pueden explicarse casi en su totalidad cuando se toma en cuenta la concentración espacial de hogares con características no geográficas fácilmente observables, particularmente activos públicos y privados. En otras palabras, una adecuada dotación de activos públicos y privados permite superar los efectos potencialmente negativos de una geografía adversa. Sin embargo esto no significa que la geografía no sea importante sino que su influencia en el nivel de gasto y diferencias en crecimiento surge por la dispareja disposición de infraestructura pública en el espacio. Más aún, cuando medimos la ganancia (o pérdida) esperada en consumo al vivir en una región geográfica (la costa) en lugar de vivir en otra (las sierra) encontramos que gran parte de la diferencia del logaritmo del gasto per cápita entre la sierra y la costa puede explicarse por las diferencias en recursos de infraestructura y activos privados. Esto podría indicar que la disponibilidad de infraestructura estaría limitada por la geografía, por lo que las regiones geográficas más adversas son las que tienen menor acceso a infraestructura pública (p.37 ).
También resulta destacable su recomendación en términos del uso de mapas de pobreza para la focalización de programas públicos como el que elabora el FONCODES (nuevamente, el énfasis es mío):
La única excepción es la elaboración de “mapas de pobreza” hechos por el Gobierno a fin de dirigir mejor los programas sociales. En este sentido, uno de [los] esfuerzos más recientes es la elaboración de indicadores de pobreza a nivel provincial y distrital por FONCODES, la agencia gubernamental encargada de los programas de alivio de la pobreza. Aunque estos mapas son de naturaleza “geográfica”, no se ha hecho ningún esfuerzo por asociarlos a variables geográficas, tratando, por ejemplo, de encontrar si existe algún tipo de trampa de pobreza debida a las externalidades negativas de algunas dotaciones geográficas (p.9).
Estos hallazgos contribuyen a la idea de que es imposible concebir un nivel de vida estacionario para las familias del Perú, sobre todo en el área rural, en vez de uno altamente dinámico. El registro de desastres en el país es bastante alto, tal como lo señala el estudio comentado.

Estos datos me hacen pensar en cual es la política que tiene el Estado peruano para tratar con los desastres naturales, no sólo en el tema de la compensación, sino más bien en la prevención y la mitigación de los efectos de los mismos. Asi lo señala Chacaltana:
Lo que se ha sugerido en este documento es que dicha red de protección estará incompleta si no se toman en cuenta los shocks que mas afectan a los pobres, especialmente los desastres naturales (que requieren políticas de reducción de la incidencia y de manejo de riesgos sociales) y los accidentes y enfermedades ocupacionales de los perceptores de ingreso del hogar, que afectan por igual a todos los hogares pero en donde los pobres no tienen estrategias para sobrellevarlos, mas que recurrir aleatoriamente a mecanismos comunitarios. Se trata, a fin de cuentas, de que la red de protección social proteja efectivamente el principal instrumento de trabajo de los pobres, la tierra o sus activos en el caso rural, y el propio funcionamiento de la persona, en el caso urbano.

En los tres riesgos más importantes – shocks naturales, de salud y económicos – son necesarias políticas que ayuden a los hogares a manejar o administrar los riesgos que enfrentan, como el fortalecimiento de la prevención, el aseguramiento o los mecanismos de cobertura a trabajadores no asalariados. Sin embargo, en el caso de los desastres naturales ello no basta. En este caso, es necesario adoptar políticas que reduzcan la exposición de los pobres a estos riesgos para lo cual se requiere de la implementación de una agresiva política preventiva (p.58-59).

¿Cuál es el presupuesto del INDECI? ¿Qué programas ha desarrollado e implementado? ¿Cuáles han sido sus resultados? ¿Cuánta pobreza han evitado o aliviado por causa de los desastres naturales? Si estas preguntas no tienen respuesta inmediata, creo que merecen especial atención para alguna investigación seria sobre el tema y asi dimensionar la importancia de este sector de cara al grado con que nos afectará el cambio climático mundial en nuestro país.

Por lo pronto, la investigación del BM hace énfasis en brindar a los pobladores el máximo de información sobre el clima y sus proyecciones, invertir en infraestructura local orientada a la eventual mitigación de las amenazas del medio ambiente, organizar a los pobladores para que tengan una idea clara de lo que es la administración de riesgos climáticos, entre otras recomendaciones de interés.

Vale la pena revisar el estudio y ver las recomendaciones específicas para los casos de Piura y Puno, que son las regiones sobre las cuales se hizo el trabajo de campo. En lo tocante al tema de la medición de la pobreza, creo que es importante incorporar la dimensión de temporalidad a lo largo de un mismo año para evaluar en su real dimensión este problema, que solo asumir que esta se mantiene estable a lo largo de todo un año.

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