lunes, octubre 01, 2007

Pobreza y fragmentación política electoral local

En el último número de Perú Hoy, de desco, he publicado un artículo sobre la relación entre los niveles de vida de una población y el grado de fragmentación política-electoral local.

En ella encuentro, a partir de los datos de las elecciones municipales 2006 a nivel distrital en el ámbito de Lima Metropolitana y el indicador del Indice de Desarrollo Humano 2006 del PNUD, que la elevada fragmentación política, expresada en la competencia electoral de un número excesivo de partidos, se encuentra relacionado con niveles de desarrollo humano relativamente bajos. En contraste, existen sistemas de partidos bipartidistas o con tendencia a formar uno, en aquellos distritos donde los niveles de desarrollo humano, especialmente en el componente educativo, sean mayores.

Otro hallazgo ha sido la evidencia de que la reelección municipal funciona como un mecanismo importante para favorecer liderazgos de unos cuantos personajes que tienen como fuente de legitimación el éxito en la gestión municipal antes que elementos tradicionales asociados con la formación de un partido político como el carisma o la ideología profesada por sus líderes. Esto no limita el hecho de que posteriormente se generen algunos halos ideológicos para tratar de dar vida y estructura al nuevo partido de mayor envergadura, pero surgidos siempre desde el espacio microlocal.

Esto implica un refuerzo de la hipótesis de Von Beyme según el cual los partidos modernos o postmodernos no nacen en el Parlamento sino, más bien, en la comuna, en la localidad. Se trata de agrupaciones que nacen bajo el esquema de las teorías de la modernización que permiten institucionalizar los requerimientos sociales y permiten que el Estado se dote de nuevas estructuras políticas, con lo que se originan partidos políticos o se constituyen nuevos sistemas de partidos donde estos ya existían.

Una cuestión relevante en este punto es identificar y evaluar el patrón de expansión que los partidos locales peruanos siguen de acuerdo con la propuesta formulada por Panebianco. Este parece funcionar de la siguiente manera: Luego de alcanzarse una representación distrital se intenta probar una vacante regional y, finalmente, se postula a una curul en el Parlamento. Uno de los casos más representativos de esta figura es el caso del Movimiento Somos Perú, inicialmente surgido como Somos Lima y estudiado por Fernando Tuesta Soldevilla (2005). A pesar que en un primer momento tuvo éxito en su modelo de crecimiento difuso por federación, comenzó a resquebrajarse rápidamente después de que sus líderes principales se enquistaron en el Parlamento, ya que "el proceso de constitución del liderazgo es normalmente muy tormentoso y complejo, puesto que existen muchos líderes locales, surgidos como tales autónomamente, que controlan sus propias agrupaciones y que pueden [igualmente] aspirar al liderazgo nacional». En la actualidad, este partido ha pasado a convertirse en una minúscula representación electoral, a pesar de lo cual ha logrado mantener su presencia en el Parlamento gracias a una alianza electoral oportuna.

De acuerdo con las anteriores reflexiones, el establecimiento de una valla electoral en los sistemas electorales subnacionales, con la subsiguiente recomendación de una segunda vuelta electoral, es absolutamente innecesario e, incluso, contraproducente en el sentido de que solamente genera un mayor impacto en los costos de organización y fiscalización electorales antes que una mayor legitimidad de las autoridades elegidas. Una estrategia eficiente sería, más bien, cambiar la magnitud de la circunscripción, tal como lo sugiere Lijphart o depurar adecuadamente a los ciudadanos que se postulan como candidatos y se encuentran en falta para competir. En ese sentido, la iniciativa legislativa 733 /2006-CR del congresista Víctor Andrés García Belaunde para imponer la segunda vuelta electoral en las elecciones regionales y municipales no tendría sentido y solo incrementaría los costos de organización electoral innecesariamente.

Por otra parte, es posible que el éxito del fortalecimiento de un sistema de partidos políticos de escala nacional pase, primero, por invertir más en el componente educativo de la sociedad y por la implementación de un sistema electoral que concentre la competencia en algunas cuantas organizaciones políticas con capacidad de agregación en estos microespacios. De otra manera, se podría dar que la desconexión entre los subsistemas reales de partidos políticos municipales o regionales y el virtual sistema de partidos políticos parlamentarios permaneciera por mucho tiempo sin lograr conducir los destinos de nuestro país con eficiencia y efectividad.

Se recomienda realizar estudios con mayor profundidad que el presente que pongan de relieve los factores que promoverían un mayor nivel de gobernabilidad, no solo en el espacio local sino, también, en el regional y nacional. En mi opinión, estos factores se encuentran fundamentados no solamente en la necesaria y urgente reforma de la calidad educativa de nuestro país sino, también, en reformas electorales que den lugar a partidos maduros en el parlamento, luego de haber construido una buena, intensa y productiva vida política desde los gobiernos locales.

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