martes, junio 12, 2007

Haciendo una economía inteligente

Muy interesante me ha parecido el artículo publicado por la revista Finanzas y Desarrollo del FMI de este mes de junio, acerca del poder económico de las mujeres para influir en los niveles de vida de la población. La hipótesis central es que, reducir las diferencias entre hombres y mujeres en el acceso a oportunidades socioeconómicas tiene un impacto significativo en el crecimiento económico y el bienestar de los hogares y de la comunidad. El objetivo 3 de la lista de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que aborda el tema de género, es como sigue:

ODM # 3: Promover la igualdad entre géneros y la autonomía de la mujer

Y la meta concreta a conseguir es:

Eliminar las desigualdades entre los géneros en la enseñanza primaria y secundaria, preferiblemente para el año 2005, y en todos los niveles de la enseñanza antes del fin del año 2015.

En ese sentido, de acuerdo con las autoras del artículo (Mayra Buvinic y Elizabeth M. King), diseñar e implementar políticas públicas que apunten a desarrollar la autonomía de la mujer y reducir las disparidades de género es hacer que la economía en su conjunto no sea fría, ni torpe, sino mas bien, una economía inteligente. En efecto, invertir en las mujeres tiene un impacto costo eficiente en otros ODMs. De manera específica: Lograr el acceso a una educación primaria universal (ODM2), reducir la mortalidad infantil en los menores de 5 años (ODM4), mejorar la salud materna (ODM5), y reducir de la probabilidad de contraer HIV/SIDA (ODM6). El siguiente gráfico (tomado del artículo revisado) resume la cadena de eventos positivos desencadenados al abordar la equidad de género:



Tomando en cuenta todos estos beneficios, podremos apreciar que finalmente tenemos un impacto agregado en el ODM1: Reducir la pobreza y promover el crecimiento. Esto es gracias a que la mayor participación de la mujer en los mercados (trabajo, tierra y crédito) puede repercutir en una mejor distribución de sus ingresos entre los miembros del hogar, en especial, los niños y niñas. Existen estudios que muestran evidencia que el gasto de las mujeres que trabajan se dirige especialmente a mejorar la alimentación, la educación y la salud de sus hijos e hijas. En ese sentido, el retorno económico de una mayor educación en la mujer sobrepasa a ella misma, tanto para su familia como para su comunidad.

En el caso del Perú, tenemos los siguientes valores estimados para los indicadores del ODM3 (Elaborado por F. Matuk sobre la base la Encuesta Continua 2006):

Indicador 9: Relación entre niñas y niños en la educación primaria, secundaria y superior.
  • Índice de Paridad de Género en enrolamiento primario (6-17 años) 97.1%
  • Índice de Paridad de Género en enrolamiento secundario (6-17 años) 96.3%
  • Índice de Paridad de Género en enrolamiento terciario (6-17 años) 144.4%

Indicador 10: Relación entre las tasas de alfabetización de mujeres y hombres entre 15 y 24 años.
  • Índice de Paridad de Género en alfabetismo de 15 a 24 años 96.9%

Indicador 11: Proporción de mujeres entre los trabajadores remunerados en el sector no agrícola.
  • Porcentaje de mujeres con empleo en sector no agrícola 51.9%
  • Porcentaje de mujeres con empleo asalariado en sector no agrícola 35.0%
Indicador 12: Proporción de puestos ocupados por mujeres en el parlamento nacional
  • Porcentaje de mujeres en el parlamento nacional 29.1%

La línea de base para el presente gobierno está pintada. Sólo faltan ocho años para ver si se alcanzaron las metas previstas, y de acuerdo con el marco teórico revisado, si se presta atención al problema de la inequidad de oportunidades según género, podremos superar el objetivo mayor: reducir la pobreza al 25%.

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