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martes, abril 14, 2020

LA SEGUNDA OLA COVID-19

Uno de los temas que está concitando un interesante debate es, si luego que se levante probablemente el estado de emergencia este fin de mes, tendremos poco tiempo después un eventual repunte de la crisis sanitaria que obligue a una nueva declaración de emergencia. Es lo que se llamaría la segunda ola COVID-19.

Esto se debe a que, cuando se levante "el martillo", según la evaluación que se considere en su momento, pese a que continúen las medidas de distanciamiento social, y algunas restricciones específicas sobre ciertas actividades que generen aglomeración, puede ocurrir que la población busque desesperadamente recuperar su estado normal previo a la declaratoria de emergencia. No sólo en términos laborales, sino también en términos del relacionamiento social que nos caracteriza.

La pregunta que emerge entonces es la siguiente, ¿Tendremos realmente una segunda ola coronavirus?

Carlos Ganoza tiene un buen artículo en la revista digital Medium.com donde aparte de explicar las opciones de estrategia de política de control epidemiológico y económico a seguir luego de levantarse "el martillo", también da cuenta de un dato interesante. Existen buenas chances de que ocurra la segunda ola COVID-19.

Las evidencias están a la mano.

El 8 de abril, la revista Lancet ha publicado una nota de advertencia de dos investigadores que postulan la posibilidad de una segunda ola de COVID-19 en la medida que el resto del mundo ha tenido severos problemas para lidiar con la pandemia. Eso significa que una coincidencia entre la relajación de las medidas de cuarentena y distanciamiento social con la apertura a interactuar con los países que aún no salen de su crisis, provoque una segunda ola de contagios de este mal.

El 18 de marzo, una encuesta publicada de la Universidad de Amherst realizada entre expertos epidemiólogos asegura que el 73% está seguro que habría una segunda ola COVID-19 entre agosto y diciembre de este año. El New York Times ha reportado que existen evidencias de que esto ya estaría sucediendo en ciudades como Hong Kong, Taiwan y Singapur. Como se sabe, en estas ciudades, se habría controlado la epidemia con una buena estrategia de control tecnológico, pruebas masivas y cuarentenas individualizadas.

Semanas antes, el 9 de marzo, la Unidad de Inteligencia de la Revista The Economist ya había hecho referencia a esta posibilidad, pero como una ola de menor tamaño luego del mes de septiembre. Literalmente dice lo siguiente: "We then expect the virus to re‑emerge as a seasonal virus, but for governments to be better prepared to handle its return.".

Finalmente, un artículo del 10 de marzo del periódico The Washington Post reporta cómo la doble curva se produjo en la ciudad de Saint Louis en la crisis sanitaria de la gripe de 1918.


Quiero destacar sin embargo tres cuestiones sobre dicha curva que reproduzco en este post luego de traducir el título y la explicación a la derecha. Lo primero, que el estudio que reporta ese gráfico está disponible gratis en el enlace a continuación para que revisen los detalles que se han investigado en torno a dicha gripe.

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1849867/

Lo segundo, es que la segunda ola de la gripe que se observa en Saint Louis ocurrió en el mes de diciembre, justo cuando el invierno comienza a arreciar en el hemisferio norte.

Lo tercero, es que esta curva no es de CONTAGIOS, sino es la curva de FALLECIDOS. Podríamos pensar que gran parte del trabajo y sacrificio que ha significado contener el avance de la epidemia ha enfocado en la idea "aplanar" la curva de contagios. Cuando en realidad, lo que nos debería haber preocupado en el fondo era aplanar la curva de fallecidos.

Podríamos elucubrar que si tomamos el control de la primera, podríamos esperar que como resultado controlemos la segunda como si fuera un efecto espejo. Pero esto no tendría porque ser necesariamente así en la medida de que lo que determinaría finalmente que se produzcan las muertes por esta gripe es el límite de la capacidad de respuesta de nuestro sistema de salud.

Como ya ha señalado el Presidente y lo han discutido varias fuentes, sólo tenemos capacidad para atender en UCI a unas 504 personas. Se está trabajando intensamente para incrementar este umbral que es lo que finalmente determinará las posibilidades de sobrevivencia de una persona por sobre otra que no tenga acceso a estos cuidados.

¿Qué es lo que determina que una persona que contrae el virus se empeore dramáticamente hasta morir?

El artículo publicado en la revista médica inglesa The Lancet titulado "Comprendiendo las rutas hacia la muerte en pacientes con COVID-19" escrito por Jean Louis Vincent, expresa que la principal causa que explica la muerte de un paciente por coronavirus es el fallo respiratorio. Por ello, una primera línea de asistencia para los casos que se consideran severos es pasar a la ventilación mecánica. Si el caso empeora, se puede pasar a una máquina ECMO (Extracorporeal Membrane Oxygenation) con la que el paciente puede estar por semanas antes que de una primera señal positiva de recuperación.

El 16 de marzo, Gestión reportó que contamos con 13 "pulmones artificiales" - las máquinas ECMO- como parte de nuestra segunda y última línea de defensa para los casos más graves de coronavirus. Es posible que una de estas máquinas sea parte del milagro de recuperación del sacerdote Luis Nuñez del Prado, el primer caso grave que se reportó en nuestro país. Pilar Mazzetti -jefa del comando COVID-19- ha expresado que con el tiempo ganado con los martillazos (la declaratoria de emergencia, el pico y placa y otras medidas) dados hasta la fecha para aplanar la curva, se espera incrementar el número de ventiladores de 504 a 759 unidades más. Se tiene información que las máquinas destinadas para anestesiar también podría ser utilizadas como ventiladores con lo que podríamos llegar a tener 800 unidades de ventilación para asistir en UCI, y así salvar más vidas. Pero también sería necesario incrementar la disponibilidad de las otras máquinas para los casos más severos.

Por otro lado, el protocolo aprobado por el MINSA para tratar los casos severos, incluye la administración de una combinación de medicamentos que se ha verificado en algunos pocos estudios ser efectivos contra este virus: hidroxicloroquina más azitromicina. Este tratamiento forma parte del estudio clínico Solidarity liderado por la OMS que se está aplicando al mismo tiempo en 73 países alrededor del planeta para combatir esta pandemia.

En resumen, enfocar los recursos disponibles en invertir en las UCI de nuestro precario sistema de salud podría significar un salto importante para salvar las vidas de personas que se tengan las patologías propias del espectro de enfermedades respiratorias. También nos tendría preparados para enfrentar no sólo una segunda muy probable ola de contagios de coronavirus durante el invierno (junio-agosto) sino para enfrentar las complicaciones de enfermedades respiratorias en general. Esta sería la mejor estrategia a seguir no sólo para la segunda mitad del año sino mirando hacia el largo plazo.

Lo fundamental en este sentido es que el reforzamiento no sólo se concentre en los principales hospitales de Lima y algunas ciudades capital de departamentos. Debería tenerse una capacidad de respuesta existente al menos a lo largo y ancho del país. He oído que hay un debate importante en ese sentido, las ventajas propias de un enfoque comunitario de la atención de la salud versus el enfoque centralizado que es el que habría prevalecido a la fecha en nuestro país.

Digo "habría" porque en realidad, una de las tantas virtudes que ha revelado la ocurrencia de esta epidemia es que ha desnudado uno de los graves problemas que hemos venido postergando como sociedad: la inversión en un sistema de salud público que se respete, y con accesibilidad para todos.

Parece ser que la moda de privatizarlo todo, ha llegado a sus límites, y se nos ha revelado que es necesario tanto en lo que corresponde en educación como en salud, destinar los recursos públicos que son recomendados como mínimo para obtener un capital humano óptimo, competitivo y altamente productivo. La mejora en la educación no puede estar divorciada de la mejora en la salud porque se pone en riesgo la inversión en la primera.

¿De qué nos serviría incrementar puntos en la prueba PISA hasta lograr el liderazgo en la región, si estos chicos podrían contraer enfermedades como el COVID-19, TBC o neumonía y morir por algo que podría haberse evitado de habersele garantizado acceso gratuito a un sistema de salud de calidad?

En la actualidad, el presupuesto dedicado a salud se encuentra alrededor del 2.2% del PBI, cuando lo recomendado se ubica en 6%. Hay pues, hermanos, muchísimo trabajo por hacer y probablemente este sea un legado que el COVID-19 también nos deje, incrementar significativamente la calidad de nuestro sistema de salud a lo largo y ancho del país y garantizar su acceso gratuito a todos los peruanos.

Y ojo, la segunda ola nuestra que podría aparecer en junio, no sería la que vendría de afuera que se pronostica para agosto-septiembre para el hemisferio norte. ¿Tendríamos una ola para fin de año? No lo sabemos, pero tendríamos que estar preparados. La mejor apuesta por ello, es un fortalecimiento significativo e integral del sistema de salud público pensando en el largo plazo.

martes, julio 27, 2010

Paradojas de la política social aprista

Introducción

El discurso de apertura del Presidente llamó la atención sobre una pregunta esencial en la política pública peruana: ¿por qué si la economía nacional había crecido en más del 25% durante cinco años seguidos (entre 2001 y 2006), el empleo no había crecido con la misma fuerza y la pobreza apenas se había reducido en un 2%?, ¿donde había ido a parar todo ese crecimiento?, ¿por qué es que en ese periodo se había observado una demora en la repartición del ingreso hacia los casi 13 millones de pobres en el país? La respuesta ofrecida por el entonces flamante Presidente Alan García fue que el crecimiento explosivo de la producción y de las exportaciones, había conducido a un crecimiento «dispendioso» del Estado, a expensas del empobrecimiento de la población. Sobre la base de este hecho, explicaba el Presidente, se encontraba la gran pérdida de fe de la población en el Estado, al ser este incapaz de atender sus demandas más básicas en salud, educación y justicia social. De ahí resultaba el surgimiento de la marea de conflictos y malestar social en todo el país. Para enfrentar este problema, su gobierno planteaba recuperar la fe de la población en la democracia y en la justicia social que ella le podía prodigar. Fue así que entonces declaró que con su gobierno había llegado la hora del pueblo.

Cuatro años después, a escasos 12 meses para terminar este segundo gobierno aprista, el descontento social no ha cesado. Por el contrario, se ha intensificado riesgosamente. Así lo demuestra el aumento del número de conflictos que han pasado de una media mensual de 63 conflictos sociales durante el 2004, a un poco más de 260 durante el 2009 . La mayoría de ellos no sólo tienen que ver con disputas con las autoridades locales sino por sobre todo con los llamados conflictos socioambientales, esto es, aquellos que son protagonizados por la población frente a la ola de nuevas inversiones extractivas en el país.

Cabe destacar que la oleada de protesta social no es el único indicador de insatisfacción que ha crecido en el país. Es necesario observar que también han aumentado exponencialmente las cifras de migración internacional del país, las cuales no han podido ser frenadas por el actual gobierno. Mientras que en el 2001 los migrantes sin retorno ascendían a un poco más de 66 mil personas, en el 2006 esta cifra se triplicó alcanzando a 204 mil personas. Finalmente, en el 2009 más de 292 mil personas migraron del país sin retorno. Esta última cifra equivale aproximadamente a la población censada del Cercado de Lima en junio de 2007. ¡Es como si en el transcurso de un año, toda la población de ese distrito se hubiera mudado fuera del país! En un país como el nuestro, donde el progreso material de los últimos años ha sido considerado como un potencial nuevo milagro económico para el mundo, cuesta creer que el conflicto social y la migración internacional se hayan desbordado tanto.

Veamos. En los últimos cuatro años de gobierno, la economía peruana ha continuado su dinamismo acumulando un crecimiento de casi 21%, con un pico de crecimiento de 9.8% durante el 2008. Este comportamiento de la economía motivó a algunos técnicos del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) a realizar una categorización forzada de la idea de «milagro económico», según la cual, si el Perú seguía creciendo a una tasa promedio de 7% durante los próximos diez años, podía calificar como tal . Por su parte, a diferencia de lo ocurrido durante el gobierno de Toledo, las cifras de pobreza han mostrado una notable reducción como consecuencia del crecimiento económico observado, pasando de 44.5% en el 2006, a 34.8% en el 2009. Nada menos que una reducción de casi 10 puntos porcentuales en tan sólo tres años. Ello implicaría que cada año habrían escapado de la pobreza una media de aproximadamente 800 mil peruanos, gracias al mayor dinamismo del mercado laboral en sectores como la agro-exportación, los textiles y la construcción.

La pregunta entonces, cae por su propio peso: ¿cómo es posible que, habiendo alcanzado tan notables logros en términos económicos y sociales, la población peruana muestre cada vez mayores niveles de conflictividad y de migración internacional?, ¿por qué la población no se muestra satisfecha o contenta con los resultados si es que la evidencia estadística demuestra que ahora se goza de un mejor nivel de vida que hace tan solo cuatro años?, ¿es que acaso el Estado sigue siendo el ente derrochador que García denunciara al principio de su segundo gobierno?

Las respuestas a esta paradoja no se encuentran en las cifras fetichistas de la producción material izadas por nuestros políticos con tanta avidez, en los últimos veinte años. Tampoco se encuentran en las manoseadas cifras de la pobreza, las cuales son víctimas de continuas revisiones técnicas no sólo aquí en el Perú, sino en Washington, logrando producir únicamente una «ensalada» de cifras las cuales no pueden tomarse con referencia exacta para evaluar la política pública. Las respuestas deben buscarse más bien en una amplia evaluación de la política social del actual gobierno, que es el objetivo que motiva el presente artículo. Las áreas bajo escrutinio son la educación, la salud y la vivienda. Pero antes de analizarlas, se presenta a continuación una reflexión acerca de las cifras del crecimiento y la pobreza.

Crecimiento y pobreza, más te veo menos te creo

A pesar de la sólida y elaborada maquinaria estadística que se ha generado alrededor de la medición del crecimiento económico (Producto Bruto Interno - PBI) y la pobreza, no existen indicadores que generen tal grado de polémica y escepticismo por su poca capacidad para representar la idea de progreso económico y social que la sociedad global espera. Sin embargo, ambos indicadores siguen siendo usados comúnmente para orientar la política económica y social de los países ante la falta de un mejor instrumento. El cuestionamiento, sin embargo, permanece. Si estos indicadores fallan en medir lo que ellos pretenden hacer, entonces la política pública está mal orientada y puede provocar más daño que bienestar a sus ciudadanos.

En el caso del indicador del PBI, su capacidad para medir el progreso de los niveles de vida ha sido puesta en cuestión en innumerables estudios. El más importante de ellos provino a partir de una iniciativa política realizada por el Presidente francés, Nicolás Sarkozy, al establecer una comisión técnica de alto nivel para evaluarlo. Esta comisión denominada la «Comisión para la Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social» (CMEPSP, por sus siglas en inglés) fue liderada por los economistas Joseph Stiglitz, Amartya Sen y Jean-Paul Fitoussi, y su reporte fue presentado en septiembre de 2009. Dentro de las principales críticas realizadas al PBI se encuentran:

Existe una brecha muy amplia entre lo que las estadísticas oficiales proclaman (específicamente en el caso del PBI) y lo que la población percibe. Ello sucede no solamente en sociedades altamente desiguales donde el ingreso nacional no está bien distribuido, sino también en sociedades de países en desarrollo donde el respaldo a las estadísticas apenas supera el 33%, como sucede en Francia y el Reino Unido.

En el caso peruano, el Grupo de Opinión Pública (GOP) de la Universidad de Lima, llegó a identificar que el grado de confianza de la población limeña hacia el Instituto Nacional de Estadística e Información (INEI), ha ido decreciendo durante el último gobierno pasando de 61.1% en el 2007, a 57.3% en 2008 y 47.6% en el 2009 . Es interesante saber que en contraste con estas cifras, las correspondientes a la desconfianza en el INEI no aumentaron. Lo que ocurrió más bien ha sido un aumento de las respuestas «no sé», que pasaron de 5.5% en el 2007, a 18.1% en 2008 y 30.4% en 2009. Ello podría interpretarse como un estado creciente de confusión frente a la información provista por el instituto (en general por toda la información que este provee), que es imposible para la ciudadanía formarse una opinión certera de lo que está pasando.

Un segundo punto a discutir es que el crecimiento económico puede estar explicado por un aumento significativo del consumo de las personas, pero esto no necesariamente implica una mejora de su calidad de vida. El ejemplo provisto por el documento revisado es el caso de los embotellamientos de tránsito. Ellos tienen un impacto significativo en el consumo de petróleo en la medida que más autos se añaden a las vías y luego se aumentan más vías para intentar descongestionar el tránsito que ha aumentado a una nueva escala. Este proceso tiene un impacto positivo en el desempeño del PBI, pero ello no necesariamente significa que la población está disfrutando de una mejor calidad de vida.

Esto puede hacerse patente en nuestra realidad al observar el caso de Lima Metropolitana. Esta se ha convertido en una ciudad caótica, ya no tanto como en el pasado por la venta callejera o informal, sino más bien por el impacto de la importación de autos usados hasta antes del 2006 y ahora por la cuota de aporte de los autos nuevos, los que según las cifras del Ministerio de Transportes, desde esa fecha se compran más que los autos usados. Frente al más del millón de vehículos que circulan por las calles de Lima, la única respuesta ofrecida por el alcalde ha sido la renovación o construcción de nueva infraestructura vial, lo que en concreto no resuelve el problema, puesto que por un lado se han puesto en evidencia sus demoras, fallas técnicas y atropellos al ornato de la ciudad; en tanto que por el otro se ha puesto en evidencia el estigma de la corrupción al revisarse y exponerse continuamente las revalorizaciones de las obras, pese a las fallas observadas.

Otro problema empírico identificado, es que el mayor dinamismo del crecimiento no se encuentra correlacionado con el aumento de la felicidad en el mundo. Esto es lo que se conoce como la paradoja de Esterlín. Esta paradoja ha sido evaluada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para el caso del crecimiento económico de la región, encontrando evidencia que la soporta. Por ello, el BID calificó a la reciente ola expansiva de América Latina como la del «crecimiento infeliz», en la que el Perú era el país que mostraba la mayor brecha entre el desempeño objetivo de los indicadores de crecimiento, con respecto al desempeño subjetivo de los mismos .

Un problema particularmente grave es la relativa a la imputación de valores en la construcción del PBI. Las imputaciones son necesarias por una serie de razones técnicas, sin embargo, estas se hacen a un costo que perjudica la calidad de la información finalmente obtenida. De acuerdo con la fuente consultada, la imputación llega a representar entre un quinto a un tercio del total del PBI calculado. En el caso del Perú, esta imputación alcanza la exorbitante proporción del 69%, lo que habría causado serios problemas de comparabilidad de las cifras del crecimiento del presente gobierno, con las de los gobiernos precedentes .

Finalmente, se encuentra el problema de que el PBI no captura el costo ocasionado por la producción de bienes al explotar los recursos naturales. Según este punto de vista, más importante que medir únicamente el PBI, es medir la riqueza de las naciones en su manera más amplia propuesta por Smith. Esto implica incorporar en la contabilidad de las naciones, el capital natural. Dasgupta realiza una medición aproximada de dicha propuesta teórica, encontrando que en todos los casos que el analizó para su artículo , el crecimiento real fue negativo y no positivo, como lo registran oficialmente sus respectivas cuentas nacionales. De esta manera, las políticas de desarrollo que ignoren el carácter central que tiene el capital natural para medir la riqueza de un país, tienen el potencial riesgo de ser dañinos para la población antes que ser beneficiosos .

Las propuestas realizadas por la CMEPSP, en torno a estos problemas y otros más, pueden ser revisadas en los documentos citados en la bibliografía. Sin embargo, no quiero cerrar este acápite sin remarcar que el mensaje central presentado aquí, es que mientras el mundo del conocimiento está buscando nuevas formas de entender y medir el progreso social, el actual gobierno peruano ha desviado la atención hacia un problema primario y en desuso, para distraer la atención sobre lo que verdaderamente es importante.

De manera similar al caso del PBI, existen varios problemas que discutir sobre el indicador de la pobreza, esto es el conteo de pobres sobre la población total. El principal problema a discutir es el relacionado con su confiabilidad. No me refiero a aquella que se mide en términos estadísticos, sino más bien a la que es percibida por la población. Las encuestas realizadas por el Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica del Perú, pueden ayudarnos a realizar el contraste, de manera parcial, sobre todo para el caso de Lima Metropolitana y el Callao , que es donde se ha producido la mayor reducción de la pobreza que el resto del país. La pregunta que nos sirve para tal efecto es la siguiente: ¿Cómo está su situación económica familiar comparándola respecto de hace 12 meses? De acuerdo con las respuestas se revela una tendencia estable en alrededor del 30%, de aquellas personas que responden que su situación económica familiar ha mejorado. El problema ocurre sin embargo con las otras dos categorías donde al parecer se produce un intercambio en las tendencias. En el caso de los que mencionan que su situación permanece estancada, este va decayendo lentamente hasta alcanzar su mínimo histórico en septiembre de 2008, con 32%. En ese mismo mes, la población que respondió señalando que su situación económica familiar empeoró, alcanzó su máximo histórico de 42%. A partir de entonces, las personas que estaban «igual que hace 12 meses» muestran una tendencia ascendente, recuperando los niveles porcentuales observados a inicios de las mediciones en enero de 2007, esto es alrededor del 40%. Mientras que los que piensan que su situación está peor ha ido decreciendo paulatinamente. Lo anterior estaría describiendo un deterioro de los niveles de vida que alcanzó su punto máximo en septiembre de 2008 y cuya situación permanece igual mientras que la crisis internacional continúa. Estos resultados guardan mucha correspondencia con la situación de crisis internacional que ha afectado a muchas familias, donde sus perceptores perdieron sus empleos en sectores clave que promovieron el crecimiento reciente de nuestra economía: la minería, los textiles y la agroindustria. Pero esta situación no tiene sentido con el indicador de pobreza que muestra que el porcentaje de pobres disminuyó de 44.5% en 2006, a 39.3% en 2007. Luego siguió disminuyendo a 36.2% en el 2008 y finalmente 34.8% en el 2009.

Un segundo problema que discutir es que gran parte de la desconfianza en este indicador, no reside necesariamente en la potencial manipulación que se realiza en su construcción. Farid Matuk es uno de los pocos analistas que enfatiza la necesidad de transparentar el proceso de imputación de valores en la encuesta, mediante el acto de compartir las rutinas de programación estadística utilizadas para tal efecto. Hasta la fecha, esta información pertenece al nirvana del conocimiento de un selecto grupo de técnicos y no es compartido con el resto de la academia. De esta manera se restringe la posibilidad de mejoras en el referido indicador y se contribuye a la desconfianza que el mismo genera ante sus continuas revisiones. Este es el segundo aspecto sobre el cual se generan evidencias concretas de desconfianza. Veamos.

No existe indicador que haya sido tan manoseado por los propios técnicos que generan dichos datos, en aras de mejorar su precisión y confiabilidad en su medición, y que hayan ocasionado precisamente lo contrario. Este problema no es exclusivo del Perú. Es un problema originado en la construcción del conocimiento político sobre la realidad de los niveles de vida de todo el mundo. Me explico. En el caso peruano, la producción de las cifras de pobreza tuvo su mejor momento cuando existían dos fuentes competitivas que las generaban. Era paradójicamente la época de la «democradura» fujimorista, en las cuales el INEI proclamaba oficialmente que el porcentaje de pobreza se reducía –como lo hace ahora–, a pesar que se producía una recesión en el país pasando de 37.6% en 1997, a 37.3% en 1998. No obstante, la fuente alternativa que presentaba sus estimaciones estadísticas de la pobreza era el Instituto Cuánto. De acuerdo con esta fuente, la pobreza en 1997 ascendía a más del 50%, por lo que la mayoría de investigadores al realizar sus trabajos citaban a esta fuente y no la producida por el INEI. Esto condujo a un proceso sin precedentes en el país, la necesidad de la revisión de las estimaciones oficiales de la pobreza a cargo de un equipo consultor provisto por el gobierno francés , lo que le devolvió la confianza al INEI, pero produjo el lamentable resultado de que la fuente alternativa que realizaba las estimaciones competitivas fuera anulada.

A pesar de haberse producido este proceso de recuperación de la confianza en el instituto oficial, tanto las metodologías como las subsiguientes estimaciones fueron revisadas continuamente, a tal punto que era poco probable conocer con exactitud si las cifras disponibles por parte del INEI eran las correctas. Este hecho trajo como consecuencia un impasse no tan minúsculo disparado durante el discurso presidencial del gobierno de Alejandro Toledo, cuando en julio de 2004 proclamó que el número de pobres había disminuido en 420 mil personas. Al día siguiente, Javier Herrera, el asesor técnico del INEI, que producía las cifras oficiales de pobreza al interior del mismo, salió a desmentir dicha cifra al señalar que la comparación de los porcentajes de pobreza había sido equivocada y manipulada. De acuerdo con la información que este investigador proveyó en conferencia de prensa en ese momento, en realidad, el número de pobres había aumentado en 190 mil personas. Esta situación desembocó en un enfrentamiento entre el jefe del INEI y el asesor para determinar la veracidad de las cifras, lo que finalmente culminó con la salida de este último del país por haberse politizado su intervención técnica . La credibilidad en el INEI decayó fuertemente al punto que se hicieron algunos esfuerzos por atraer a Javier Herrera hacia organizaciones privadas consultoras en la medición de los niveles de vida. Lo que sin embargo, no prosperó.

No fue sino hasta que Farid Matuk terminara su gestión al frente del INEI, que en marzo de 2007 el instituto recurrió al Banco Mundial para que se pudiera resolver los problemas metodológicos que sólo un asesor técnico de la talla de Javier Herrera podía resolver. Dado el anterior precedente, en vez de limitarse a convocar al referido investigador para que volviera a asesorar al INEI, se conformó un equipo interinstitucional que lo incluía a fin de revisar las cifras de pobreza desde el 2004. A la fecha, este Comité Interinstitucional de la Medición de La Pobreza permite garantizar que los datos producidos por el INEI se hagan bajo una metodología supervisada, pertinente y actualizada .

Pero aquí es donde surge la pregunta, ¿por qué el Banco Mundial aparece como un símbolo de garantía de la veracidad de las estadísticas de pobreza construidas en la actualidad?, ¿no es acaso el Banco Mundial –junto con el FMI–, una organización que sufre de una grave crisis de credibilidad a escala global por su incapacidad para promover la reducción de la pobreza en el mundo entero? La reciente crisis financiera y económica no sólo puso por los suelos la credibilidad de estas organizaciones, sino que puso en duda su pertinencia en el equilibrio mundial de la economía, a menos que se hicieran importantes reformas en su estructura de gobierno acusadas de anti-democráticas. Adicionalmente, la revisión de las cifras de pobreza mundial realizadas por Chen y Ravallion, investigadores del propio Banco Mundial, produjeron mayor escepticismo sobre el avance real del mundo hacia la solución de sus graves problemas , ya que para el año 2005, «descubrieron» que habían 400 millones de pobres más de los que previamente se calculaba . Esto sin contar el efecto de la crisis económica internacional en progreso mientras se publicaban estos datos.

Esta discusión no pretende concluir recomendando el abandono de los conceptos o indicadores propuestos para mirar la realidad que pretendemos conocer y cambiar. Pero si se recomienda cambiar de actitud respecto de la excesiva focalización analítica y política que se hace en los mismos, pues se pierden de vista dramáticas realidades igualmente relevantes para la política pública que necesitan ser transformadas. Estas involucran el desarrollo de las capacidades de sus ciudadanos, para los cuales resultan centrales el desempeño de las políticas sociales relativas a la educación, la salud, la vivienda y el empleo. Como consecuencia de su menor atención y discusión, estos ejes han sido mal definidos y desatendidos por el nuevo modelo de hacer política social de nuestros días, donde se hace énfasis en la participación mínima del Estado, y el protagonismo de la actividad privada. Esto resulta curioso pues, en nuestro Perú, el Estado históricamente nunca ha estado presente en la totalidad del territorio. Así cuando llegó el momento para introducir reformas al interior del Estado, el empresariado promovió cambios allí donde pudieran asegurarse rentas oportunistas en nombre de la eficiencia y el mercado. La sociedad civil por su parte, no ha sido lo suficientemente orgánica ni propositiva como para influir significativamente en la política nacional, en la medida que se han ido restando las oportunidades para la reflexión democrática de la ciudadanía en su conjunto.

La política educativa: buscando calidad sin pagar el costo

Durante los noventa, la política educativa estuvo orientada a cerrar la brecha del acceso a la educación básica. Para ello se realizaron grandes inversiones en infraestructura educativa y se absorbió en la medida de lo posible a los maestros que no encontraban trabajo fuera del sistema . Como resultado de esta política se incrementaron notablemente los porcentajes de cobertura y asistencia escolar, principalmente en la educación primaria, y en menor medida en la secundaria . No obstante, no se lograron resultados positivos en lo relacionado a los indicadores de funcionamiento y de resultado del sistema. Por ejemplo, el porcentaje de atraso escolar continúa siendo un problema significativo en la actualidad . Este indicador ha empeorado entre el 2005 y 2008, pasando de 18.8% a 21.6% respectivamente, en las escuelas públicas, mientras que en las privadas este porcentaje se ha duplicado de 2.4% a 5.9%, en el mismo periodo. Por su parte, los resultados de la Evaluación Censal de Estudiantes 2009 (ECE-2009) demuestra que los avances son insuficientes puesto que hay un déficit de inversión en capital humano muy amplio que superar: el porcentaje de estudiantes del sistema estatal que logró los aprendizajes esperados en comprensión lectora, no supera el 18%, en tanto que en el área lógico matemática esta apenas llega al 11%. En contraste con estos resultados, el mayor desempeño lo logran los estudiantes del sistema privado (comprensión lectora 43% y matemática 23.2%), lo que en buena cuenta revela las desigualdades que el Estado introduce en la población como consecuencia de su desatención en un aspecto clave del bienestar social. Esta situación brinda soporte a la hipótesis de que el éxito del actual modelo económico primario exportador, se hace a expensas de la inversión de capital humano, puesto que no requiere de una mayor calificación promedio en la mano de obra disponible para sostener su crecimiento económico.

En efecto, hacia el inicio de la década del boom macroeconómico, el gobierno de Alejandro Toledo heredó el desafío de elevar la calidad de los servicios educativos provistos por el Estado, luego de que el Perú mostrara un pobre desempeño en las evaluaciones PISA de 2000, lo que nos ubicaba en los últimos lugares del ranking de países evaluados. La gran paradoja que se abrió en aquel entonces era que a pesar que el Perú calificaba como un país de ingresos medios, su desempeño escolar era comparable al de los países más pobres que participaron de la evaluación. Así, Toledo emprendió una política de mejoramiento de los salarios de los profesores con la finalidad de obtener una mejora en la calidad de la educación. Esta hipótesis fue refutada por los magros resultados de las pruebas nacionales que fueron aplicadas a los estudiantes. En efecto, cuando los estudiantes de la Encuesta Nacional 2004 fueron enfrentados a las preguntas de comunicación integral y lógico matemática de la encuesta CRECER 1998, los resultados no mostraron ningún cambio significativo, aunque la naturaleza del cambio tenía una tendencia decreciente. Esto es, los alumnos del 6to grado de primaria y el 5to grado de secundaria tuvieron un menor rendimiento promedio con las preguntas de 2004, respecto al promedio observado con las respuestas del cuestionario de 1998 . El único aspecto positivo de esta experiencia es quizá que los ingresos de buena parte de los maestros han mejorado de manera significativa y por consiguiente también han mejorado ligeramente su nivel de vida .

Como el gobierno de Alejandro Toledo no pudo resolver el problema de la calidad de la educación, el gobierno de Alan García asumió el reto pero con un enfoque distinto: la evaluación del magisterio y su posterior depuración, todo esto en el marco de la implementación de la administración pública por resultados. Ello significó que a pesar que el crecimiento económico continuó su apogeo, la importancia del presupuesto destinado al sector educación continuó decreciendo significativamente. En efecto, entre el 2002 y 2006, el presupuesto del sector educación pasó de 3% a 2.5% del PBI. Este porcentaje se ha mantenido durante el actual gobierno sin la menor expectativa de poder alcanzar el promedio latinoamericano situado en 4.7%, durante el 2008 . Pese a la ola de conflictos que este enfoque ha producido entre el gobierno y los sindicatos de maestros, no se han apreciado mejoras significativas en el desempeño escolar de los estudiantes.

La hipótesis complementaria actual de la reforma educativa es que la descentralización educativa podrá traer resultados positivos, en la mejora de la calidad de los servicios educativos. En la medida que los problemas de implementación de esta política sean superados, resolviendo la ecuación mínima de correspondencia entre la descentralización de las funciones del Estado y la desconcentración de recursos, es posible que se pueda plantear de manera un poco más realista los objetivos y las metas de calidad educativa necesarios en el nivel local. Como los esfuerzos por descentralizar aún han sido nulos, es muy probable que García termine el gobierno sin haber podido resolver la paradoja central, el tener un país de ingreso mediano cuyo Estado no es capaz de financiar con impuestos una educación de calidad para su población escolar. Esto constituye uno de los principales problemas de la falta de competitividad del Perú en el escenario internacional .

La política de salud: ¿cómo asumir el costo del cholo barato?

Al igual que en el caso del sector educación, el sector salud aparte de concentrar el presupuesto más bajo de la región (0.9% frente al 3.4% del promedio), también ha sufrido por haberse minado su importancia con respecto a la evolución de la economía en su conjunto. Mientras que en el 2002, el sector salud representaba un poco más del 1.2% del PBI, para el 2006 ya alcanzaba el 1.1%. Este sector se ha deteriorado aún más durante el actual gobierno, llegando a la dramática cifra del 0.9% del PBI . Es por ello que llama la atención que frente a los esfuerzos para mejorar el acceso a un aseguramiento universal, tengamos un peligroso incremento del porcentaje de la población que refiere tener algún problema de salud crónico , durante la fecha de la entrevista. Mientras que el 2004, la incidencia de este problema era de 17.6%, en el 2006 se observaba una incidencia de 22.7%. De allí aumentó el problema a 22.9% en el 2007, para terminar en 23.9% en el 2008. La medición del último trimestre del 2009 revelaba que la incidencia ya alcanzaba al 24.3% de la población. La pregunta que surge en este punto es: ¿a qué costo humano está creciendo la economía peruana?

Pese al acceso al aseguramiento universal ofrecido por el Estado, apenas el 40% de la población que refirió tener una enfermedad crónica afirma haber buscado algún tipo de atención médica, siendo este porcentaje un poco mayor para el caso de Lima Metropolitana, donde alcanza al 56% de la población durante el cuarto trimestre de 2009. Este porcentaje también es mayor que el promedio nacional cuando se considera al total de la población que refirió tener alguna enfermedad crónica o no crónica, alcanzando el 50% en el último trimestre del 2009. Lo dramático de estos datos es que la consulta en farmacia compite con la consulta realizada a los establecimientos de salud del Ministerio de Salud . En el primer caso este ascendía a 15.6% mientras que en el segundo a 19.8%. Esto sólo es posible en un país donde la legislación para la venta indiscriminada de medicamentos es letra muerta, probablemente ante la incapacidad de poder satisfacer la elevada demanda de servicios de salud que no es posible atender por el elevado déficit de médicos y enfermeras en el sistema de salud pública . Paradójicamente, las causas que explican este déficit no es la falta de nuevas generaciones de graduados de la salud, sino más bien por la poca capacidad de absorción del sistema y la consiguiente migración masiva de los mismos.

Una dimensión que aparece especialmente sensible en la agenda pública de la salud, es la relacionada con las políticas que buscan gestionar el crecimiento poblacional. En este escenario, la irrupción recurrente de un actor decisivo como lo es la Iglesia Católica, por encima de las políticas relativas al crecimiento de la población, es materia de acalorada discusión pública. No obstante, pese a las continuas presiones de la Iglesia, las políticas poblacionales se han abierto paso con relativo éxito, incluso durante este gobierno. Los resultados de dichas políticas todavía no son conocidos porque recién se están implementando y no es posible realizar un debate objetivo sobre los hechos hasta que las mediciones sean realizadas. Un tema asociado que preocupa sin embargo, es el hecho de que la mortalidad materna permanece con un elevado nivel de incidencia en nuestro país, lo que ha motivado la producción de prominentes reportes que abordan este problema en el Perú . Estos informes coinciden en que pese a los avances realizados en el largo plazo, aún persiste un serio problema de sub-reporte de este fenómeno, y lo que es peor, una de las tasas más altas en América Latina a pesar del notable avance económico realizado por el país.

Para culminar la discusión sobre la política de salud, es importante destacar la complementariedad que ella tiene con la política social que lucha contra el hambre y la desnutrición. Los datos de cobertura de la provisión de alimentos hacia por lo menos un miembro del hogar, revelan que estos han estado descendiendo lenta pero significativamente cada año desde el 2004, cuando la cobertura era del 40.6% del total de familias. El 2006, el porcentaje de cobertura se ubicaba en 36.9%, mientras que el 2008 alcanzó 34.2%. El mínimo histórico se alcanzó durante el segundo trimestre de 2009 con 30.5%, que es el porcentaje de familias que tuvieron al menos un miembro como beneficiario de algún programa alimentario. Lo mismo ha ocurrido con el porcentaje de población efectivamente atendida por algún programa alimentario, pasando de 18.5% en el 2004, a 16.1% en el 2006, y finalmente a 15.9% en el 2008. Pese a que el informe de indicadores sociales del INEI hace referencia a una deficiencia en la medición del indicador de déficit calórico, lo cierto es que los porcentajes que allí aparecen muestran cierto grado de asociación con la reducción de la cobertura de los programas alimentarios. En tanto estos muestran una tendencia sostenida a la baja, los porcentajes de déficit calórico muestran una tendencia al alza, lo cual estaría demostrando la elevada sensibilidad de la tasa de pobreza hacia las transferencias de tipo gubernamental. Si se suspenden estas ayudas, es muy probable que las nuevas pruebas de calidad de la educación resulten bastante dramáticas, debido al bajísimo nivel de nutrición de la población en edad escolar.

Política de vivienda: el libre mercado provee viviendas a quien puede pagar

La política de vivienda es una dimensión de la política pública que por lo general no se incluye en las evaluaciones de la política social, por privilegiar a otros sectores como lo son el empleo o la nutrición. Sin embargo, en este artículo consideramos pertinente realizar un brevísimo balance sobre esta dimensión central de la política social, por su considerable impacto en los niveles de vida de la población. Ello se debe a que por lo general, la política de vivienda puede ser concebida como una política de respuesta de parte del gobierno a las fallas del mercado para producir un nivel aceptable de acceso a lo que se considera es un derecho humano: una vivienda digna, una vivienda social .

Es en este marco que se define el problema a resolver en la política de vivienda. A diferencia del pasado, en que el problema de la vivienda era concebido como un problema de acceso al crédito para financiar la autoconstrucción, a partir del 2002 se pensó en un modelo de construcción multifamiliar liderado por la inversión privada. En este nuevo esquema, el Estado jugaría un rol facilitador tanto entre los productores como a los consumidores de vivienda. Con ese objetivo se ha apoyado con el financiamiento a los productores de proyectos de vivienda multifamiliar y –con el bono de buen pagador–, a los compradores. Si bien es cierto que este nuevo modelo cumplió las expectativas iniciales con creces (durante el gobierno de Toledo el crecimiento medio del sector construcción fue de 6.3% y en el actual gobierno esta tasa media se ha duplicado hasta alcanzar el 13.4%), también es cierto que rápidamente se han encontrado cuellos de botella para seguir expandiendo el sector.

Entre los principales factores que explican este hecho es que el sector socioeconómico al que va dirigida la inversión parece ser más pequeño y menos pudiente de lo que se pensaba. De acuerdo con los datos de colocación del Fondo MiVivienda, luego de tocar su pico más alto en el 2005, el número de créditos cayó bruscamente de 7960 colocaciones, a 5500 en el 2006, y posteriormente se ha mantenido en una media anual de 3 mil nuevos créditos hasta el 2009. Ello solamente puede suceder cuando tienes más del 59% de la población ocupada urbana ubicada en el sector informal. La respuesta a esta restricción desde el Estado fue recurrir a los recursos que son remitidos por los migrantes peruanos que trabajan en los países más avanzados y así captar fondos frescos que oxigenen a esta estrategia de desarrollo del mercado inmobiliario. Aunque la respuesta ha sido ingeniosa en un principio, deja clara la lección que los principios de mercado no pueden guiar a una política pública que busque favorecer a las grandes mayorías que necesitan una vivienda digna, porque lo que produce son viviendas para quienes pueden en realidad pagarla. Todo esto en el marco de un proceso de auge de mercado que construye viviendas cada vez de mayor costo que cuando se inició el programa. Así, los sectores de más bajos ingresos, cubiertos por el sistema «Techo Propio», han tenido pocas probabilidades de ser beneficiado por esta política. Tampoco han podido ser beneficiadas las familias que producen su vivienda de manera gradual, ni aquellas que viven en los pueblos jóvenes en una magnitud concordante con la creciente demanda.

De lo anterior se deduce que una política de vivienda integral debe comprender una política laboral que promocione la mejora de los ingresos de los trabajadores, y en el caso peruano, habría que añadir incluso la salarización y la sindicalización. Es decir, en términos concretos, es necesario reconstruir el mercado laboral en el país. En el primer caso, se deben incluir políticas que impulsen el crecimiento sistemático del salario mínimo y la inversión en el capital humano del trabajador. En el segundo, es crucial cambiar las políticas que limitan la salarización de la mano de obra, como las que siguen vigentes en los sectores de mayor crecimiento en el país: la agro-exportación y los textiles. Y en el último caso, es necesario elevar el nivel de sindicalización de la fuerza laboral, que sólo en el caso de Lima Metropolitana, la ciudad más importante del país, apenas alcanza al 4.8% de su población asalariada .

Una segunda limitación de importancia ha sido la pobre disponibilidad de servicios básicos para la vivienda. Las estadísticas nacionales son elocuentes en ese sentido: la cobertura nacional de provisión de agua potable alcanza al 76% de la población y a 57% en los servicios de saneamiento. Estos datos esconden profundas brechas entre regiones y distritos, ya sean estas más urbanos o rurales. De acuerdo con esta realidad, la lógica de mercado no permite construir más allá de donde no se encuentre asegurada la provisión de estos servicios, si es que se quiere garantizar un nivel mínimo de rentabilidad. Este problema ha llevado a que los inversionistas busquen realizar las nuevas inversiones en los predios de los distritos donde la cobertura de servicios está garantizada, como lo son San Isidro, Miraflores, Pueblo Libre, Magdalena, Chorrillos, entre otros; en tanto que el resto de la población de menores recursos ha sido literalmente desatendida. De esta manera, se comprueba que la lógica de mercado no reemplaza a la obligación del Estado de diseñar una política más acorde a las necesidades de desarrollo urbano de la población.

Con todo, el actual gobierno asumió el reto de elevar el nivel de acceso de la población al agua y saneamiento a través del programa «Agua para Todos», el cual prometía ser el programa más importante y democratizador de la actual administración. Lamentablemente, una evaluación independiente encargada por el Ministerio de Economía y Finanzas, encontró que el diseño del programa era deficiente, sin una meta clara que cumplir, ni una metodología de implementación ordenada que permitiera realizar un seguimiento y monitoreo de los avances del mismo, y así evitar el dispendio de recursos . El hallazgo que causó mayor revuelo mediático es que con el programa «Agua Para Todos», el Estado peruano gastaría un 70% más que el promedio mundial para brindarle agua a un ciudadano. A la fecha, no se conoce si el gobierno ha atendido a las recomendaciones técnicas realizadas en dicho informe y por consiguiente las dudas respecto a la efectividad del programa no son carentes de fundamento.

¿Qué queda entonces para los pobres? En la práctica, el único instrumento de la política de vivienda orientado hacia los pobres ha sido el otorgamiento de títulos de propiedad, como una manera de formalizarla y así convertir al propietario en sujeto de crédito. Esto permitiría, en la visión primaria de Hernando de Soto, desencadenar las fuerzas del mercado más importantes del país, pues había una inmensa riqueza escondida en todos estos predios autoconstruidos, que permitiría dinamizar el crédito productivo para hacer que el país crezca. A pesar que esta relación no ha podido ser probada, el Organismo de Formalización de la Propiedad Informal (COFOPRI), continúa cumpliendo sus funciones distrayendo recursos que deberían ser asumidos por los gobiernos locales, para un mejor control y gestión del espacio urbano . Es necesario que los problemas de vivienda de la gente de bajos ingresos, sea abordada a través de un programa integral que incluya la creación de empleos que paguen un salario digno para vivir, acceso a los servicios básicos con calidad incluyendo la salud, y un incremento de la oferta de vivienda de bajo costo .

En suma, el balance de la política de vivienda indica que las estrategias de mercado no han sido exitosas en proveer una vivienda digna para las grandes mayorías. Para lo que las políticas de mercado han sido tradicionalmente exitosas, es en la distribución del bienestar y el ingreso hacia los sectores socioeconómicos medios y altos, reforzando las tendencias segregacionistas del mercado, y perpetuando los patrones geográficos de inversión y desinversión. De esta manera queda evidenciada que la fe que le han puesto nuestros líderes políticos al mercado, para remediar los problemas de vivienda digna, está fuera de sitio. Al contrario, existen potenciales nuevos problemas generados por el mercado que el Estado se verá obligado a resolver en los próximos años, si se quiere hacer de Lima una ciudad digna de vivir.

Política social y corrupción, un lamentable reencuentro

Para concluir, es importante abordar un problema central de la política social actual. Me refiero explícitamente al problema de la corrupción. En tanto que el primer gobierno de Alan García es percibido por la población limeña como el segundo más corrupto, después del gobierno de Alberto Fujimori , cabe preguntarse en qué lugar de dicho ranking quedará este su segundo gobierno. Las denuncias de corrupción en el Ministerio de Salud durante la gestión de Hernán Garrido Lecca; posteriormente las denuncias en el Ministerio de Vivienda por los fondos de reconstrucción de la ciudad de Pisco e Ica, o los casos de adjudicación de terrenos a precios irrisorios a gente allegada al gobierno; así como la falta de transparencia en el proceso de evaluación docente para ingresar a la carrera magisterial; entre otros, son apenas unos pocos de los gruesos casos que se van acumulando en el tintero de la corrupción del actual gobierno. Creo que este también es un motivo poderoso para el malestar que encandila a la población frente a un gobierno que les da la espalda, promueve ganancias exentas de impuestos al capital, penaliza el trabajo, y encima, les roba.

Estamos asistiendo a lo que habría sido un gobierno con un staff técnico «dispendiosamente» remunerado, a uno altamente corrupto. ¿Cuáles son las dimensiones de la corrupción actual?, ¿cuánto atraso está ocasionando el actual gobierno en términos de la salud, la vivienda y la educación, más allá de las cosméticas cifras del crecimiento y la pobreza? Históricamente, la corrupción directa y la institucionalizada han representado un costo medio equivalente al 30% del gasto público y 4% del PBI. En el caso del gobierno de Alberto Fujimori, este ha alcanzado el 50% del gasto público y el 4.5% del PBI . Veremos pues dentro de muy poco, como las nuevas mediciones que se realicen indiquen la magnitud de los costos que este gobierno ha ocasionado al crecimiento con equidad, al bienestar y al fortalecimiento de la democracia del país.

Un ejercicio sencillo nos permite apreciar que si las cifras de corrupción del actual gobierno se equiparan a las observadas históricamente en nuestro país, estamos hablando de un presupuesto combinado que supera con creces al nivel del gasto social orientado a la salud, la educación y la vivienda, esto es, el 3.5% del PBI. Así, los recursos distraídos por la corrupción en el Estado podrían incrementar automáticamente el presupuesto del gasto social, en al menos cuatro puntos porcentuales, logrando que este llegue a un tope mínimo del 7%. ¿Por qué no se hace? Porque el modelo económico que se ha privilegiado en el país no necesita invertir masivamente en el capital humano de su sociedad para construir el desarrollo de la misma. Una redefinición urgente y clara del rol del Estado, en el marco de un modelo de crecimiento económico que limita las oportunidades de desarrollo social, podría proporcionar las herramientas básicas para superar estas paradojas que aún persisten sin resolver por el actual gobierno.

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El presente artículo ha sido publicado por Desco en el libro Perú Hoy de julio de 2010. Los pies de páginas han sido suprimidos para esta versión web, los que en la versión publicada presentan todas las fuentes bibliográficas pertinentes para sostener las afirmaciones del presente artículo.

viernes, junio 19, 2009

América Latina: segunda en el conteo de gripe AH1N1

De acuerdo con el último informe de la OMS, los países de América Latina y el Caribe contabilizan el segundo bloque en importancia por el conteo de casos infectados con la gripe AH1N1 con 13,292 (ver aquí, html). La mayor parte de ellos (alrededor del 57.4%) está explicado por los ocurridos en México (7624 casos). Pero le siguen a mitad del paso Chile (3125) y mucho más atrás Argentina (918). Perú por su parte ya va acumulando a la fecha 141 casos, habiendo aumentado muy rápidamente los casos nuevos reportados en los últimos siete días en un 78%. En ese mismo lapso, los casos de influenza AH1N1 toda la región creció a una tasa del 42.6%.

A pesar de este comportamiento, el bloque que sigue liderando el conteo de casos infectados es el formado por Estados Unidos y Canadá con 22760 casos, el cual ha crecido en 20% durante la última semana.

A continuación les dejo el gráfico que muestra el conteo por país, según el informe 51 que se acaba de presentar,



jueves, septiembre 25, 2008

Problemas con el nuevo indicador de pobreza

Social Watch ha presentado hace poco un indicador de pobreza alternativo al elaborado por el Banco Mundial. Este indicador, llamado ICB (Índice de Capacidades Básicas) deja de lado los complicados y costosos procedimientos necesarios para calcular el nivel de ingreso o de consumo de las familias, por un conjunto de indicadores que son más eficientes y sencillos de obtener. Estos permiten observar y comparar con facilidad los logros obtenidos en los niveles de vida de la población, centrados en las dimensiones de salud y educación de la población, ya sea intertemporalmente, a escala nacional o subnacional, o entre países según sea requerido. 

La lectura obtenida de este indicador calculado para 176 países deja un panorama desalentador frente al forzado y exagerado optimismo del Banco Mundial sobre sus nuevas cifras de pobreza: apenas 21 países han logrado avanzar significativamente, en tanto 77 países se encuentran estancados o en peor situación que la observada a principios de siglo. De estos últimos, se estima que los países del Africa Subsahariana alcanzarían un nivel de vida aceptable en el siglo XXIII.

Personalmente, valoro esta propuesta alternativa para la medición de la pobreza, al incorporar un enfoque de capacidades, ya probado previamente por el Indice de Desarrollo Humano desarrollado por el PNUD sobre la base del marco teórico propuesto por el laureado premio Nobel, Amartya Sen. Sin embargo, encuentro que el ICB sufre de importantes debilidades técnicas y prácticas que ocasionan que su cálculo, interpretación y posterior utilización en la formulación y evaluación de políticas públicas sea poco recomendada.

Revisemos las razones por las que sustento tal declaración. 

Comencemos revisando la metodología propuesta para elaborar el ICB (ver aquí, pdf). 

De acuerdo con el cuadro de texto extraido del documento metodológico del ICB, nos damos cuenta que estamos ante un indicador resumen tan simple que puede ser calculado por cualquier persona que cuente por lo menos con educación secundaria básica. Es probable que se halla hecho tal declaración en el Informe del ICB 2008 porque existen muchos países y localidades del mundo donde muy posiblemente ese sea el único recurso humano disponible para valorar su respectivo nivel de vida promedio. 

Pero la simplicidad de cálculo del indicador en cuestión, no puede ser invocada como si del criterio de la navaja de Occam se tratara. Como se sabe, se recurre a este criterio cuando teniendo dos teorías que producen mas o menos el mismo resultado, se descarta la que es más compleja o costosa. Es un criterio de eficiencia metodológica en la ciencia. Pero este no es el caso para el indicador propuesto, aunque en el límite, en algo ayuda este principio para atraer la atención sobre el mismo. Ciertamente, la teoría que sustenta la medición de la pobreza a través del conteo de personas por debajo de un determinado nivel de ingreso o consumo de referencia se ha vuelto innecesariamente compleja a través del tiempo. Atrás ha quedado el prolijo y didáctico trabajo realizado por J. Rowntree para medir el nivel de vida de los pobladores de York, Inglaterra, publicado a principios del siglo XX (ver aquí, google books). 

Dicha investigación palidece ante el proceso de la medición y evaluación de la pobreza que se ha convertido en una maquinaria compleja de recolección, procesamiento y análisis de la información que es dominado por muy pocos investigadores a nivel mundial con acceso oportuno y privilegiado a las bases de datos de las Encuestas de Hogares que se aplican en países en desarrollo. Esta oportunidad les permite obtener rentas académicas ricardianas por encima de otros investigadores del orbe por la publicación novedosa de sus análisis desde centros que ganan legitimidad por fomentar este proceso de producción de conocimiento para la formulación y evaluación de políticas en todo el mundo. 

Con ello, los crecientes problemas y convulsiones sociales patentes en el mundo en desarrollo chocan abiertamente con la historia descrita por el programa de investigación vigente, dominado por el lema misional, "a world free of poverty". Resulta poco creíble explicar que la pobreza haya bajado significativamente cuando los países desarrollados no han cumplido con la cuota de su compromiso de ayuda oficial para el desarrollo de los países más pobres. También resulta poco creíble que la pobreza haya bajado en un entorno macroeconómico pujante para los países en desarrollo -vivido hasta hace poco-, cuando los niveles de desigualdad global han probado ser iguales o más elevados que en los últimos treinta años. Pero finalmente, resulta poco creíble apreciar los cambios en los niveles de pobreza (ya sea a favor o en contra) cuando las cifras no pueden ser validadas o reproducidas de una manera más o menos razonable y ventajosa por investigadores de los países que son beneficiarios del Banco. Paradójicamente, cada vez van aumentando los casos de gobiernos locales o nacionales que buscan medir la pobreza de manera alternativa e independiente del Banco, como son los casos de New York o la propia China. Esta es una práctica saludable que considero debiera ser incentivado en nuestro país, y en general en los países suramericanos.

Un segundo problema encontrado en la construcción del indicador es el de la equiponderación de los tres componentes. No se formula un criterio razonable para sustentar dicha ponderación igualmente prioritaria para los componentes del ICB. Este problema también fue señalado para el caso del Indice de Desarrollo Humano, sin embargo, la discusión generada en torno al ranking del avance de los municipios elaborado sobre la base del IDH terminó cuando se señaló que los tres componentes del IDH son igualmente deseables por una determinada sociedad.

Un tercer problema es el hecho es que, en realidad, luego de una observación detenida de los indicadores existe un sesgo a priori en la medición de las cuestiones de salud en detrimento de las educacionales. En efecto, los componentes "sobrevivencia de menores de 5 años" y "porcentaje de madres atendidas por profesionales de la salud" forman parte del componente salud; mientras que el indicador "porcentaje de niños que llegan a 5 grado de primaria". Tenemos 2 contra 1. ¿A qué obedece dicho diseño? ¿Es más importante la salud que la educación? ¿Son los indicadores de salud más importantes que los de educación como para que para este último quede subrepresentado? Es probable que algunos profesionales, sobre todo de la salud señalen que sí. Pero esta ponderación puede imprimir una mayor velocidad a los cambios en los niveles de vida si sólo se hace énfasis en el tema de salud, compensando el poco o nulo avance que se pueda lograr en el componente educativo.

Un cuarto problema, más grave, se encuentra al evaluar lo que cada uno de los indicadores estaría representando y que no.  En el caso de la cobertura educativa, está claro que países como el Perú por ejemplo, tiene asegurado el acceso a la educación básica universal, pero la calidad ofrecida por el sistema de educación pública es tan baja que diversas mediciones realizadas señalan que nuestro país queda entre los últimos lugares del ranking de países que forman parte de estos estudios. Por ello, antes que un indicador de cobertura, sería preferible utilizar un indicador de calidad para el componente educativo. 

En el caso de la mortalidad infantil existe mayor consenso sobre la pertinencia y objetividad de su uso. Pero es el indicador de porcentaje de partos atendidos por profesional especializado el que en algunos contextos puede generar problemas de lectura. En efecto, en el caso peruano, se han evidenciado diversos problemas en torno a la falta de pericia profesional del personal calificado para asistir en los partos, provocando que las madres, mas allá de las cuestiones culturales, prefieran no ser atendidas por este personal. De alguna manera, las perversas políticas de control de la natalidad aplicadas en el reciente pasado han contribuido a esta desconfianza frente al personal calificado para que atienda los partos ocurridos en las áreas rurales principalmente.

Finalmente, haría poca justicia en someter este indicador a los axiomas de monotonicidad y transferencia propuestos por Sen. Digo esto porque Sen los formuló sobre la base del indicador de ingreso per cápita (ver aquí como se usan estos criterios para evaluar la pertinencia del índice FGT, Jstor):
  • Axioma de Monotonicidad: Ceteris paribus, una reducción del ingreso para una persona, debe incrementar la medida de la pobreza.
  • Axioma de Transferencia: Ceteris paribus, una transferencia pura de ingreso de una persona pobre a otra que es más rica debe incrementar la medida de la pobreza.
Dado que el indicador propuesto por Social Watch no utiliza el indicador del ingreso, sino que más bien lo evita, los axiomas señalados pierden relevancia para evaluar las características deseables que debería tener un indicador novedoso para medir la pobreza. 

Es importante señalar que el indicador ICB, tampoco podría cumplir con el axioma de descomponibilidad en subgrupos poblacionales señalado por Foster, Greer y Thorbecke en el documento de investigación revisado más arriba, debido a su fijación en el indicador de ingresos/consumo tal como está propuesto. Sin embargo, es posible encontrar indicadores ICB para subgrupos poblacionales, siempre y cuando se puedan identificar los datos para los indicadores componentes para los subgrupos especificados.

Por las razones señaladas, creo que el nuevo indicador de pobreza propuesto por Social Watch necesita una mayor discusión para poder recoger con mayor precisión los niveles de vida de la población que pretende caracterizar.  Con todo, asiento con la idea de proponer indicadores alternativos al fijado por el Banco Mundial en torno al consumo/ingreso ya que este ha provocado la pérdida del foco en dimensiones más amplias para valorar los niveles de vida de la población de los países en desarrollo, y diseñar políticas más asequibles para cada una de las realidades que se pretende mejorar.


miércoles, julio 09, 2008

Los ricos y el stress

Ser rico, puede ser un estándar de vida no deseable si uno desea disfrutar de su tiempo de ocio. Cargar el Blackberry a todo sitio, la necesidad de estar on-line todo el tiempo, viajar a las principales ciudades del mundo, pueden ser condicionantes de una vida sobreestresada para los ricos. Así lo señala Daniel Kahneman, el premio Nobel de economía por su análisis del comportamiento:
"...ser rico es a menudo un poderoso predictor de que la gente pasa menos tiempo haciendo cosas placenteras y más tiempo haciendo cosas compulsivas y sintiéndose estresados".
De acuerdo con Kahneman, la gente que gana menos de US$ 20 mil al año, por ejemplo, pasa más de un tercio de su tiempo en ocio pasivo, como echarse y ver televisión. En contraste, aquellos que ganan más de US$ 100 mil al año, pasan menos de un quinto de su tiempo en ocio pasivo.
¿Cuáles son las razones de tal paradoja? De acuerdo con la nota revisada en Yahoo Finance, esto se debería a los efectos de la globalización y la alta competencia. La gente con muy buenos empleos y grandes negocios -es decir, los ricos- deben trabajar más fuerte que nunca para permanecer competitivos. Los grandes inversionistas tienen que trabajar más en mercados financieros más complejos para mantener sus fortunas. Todo esto hace que los ricos pasen más tiempo preocupados en cómo conservar su empleo que disfrutar con tranquilidad de su tiempo de ocio.
Quizá un acuerdo global entre los ricos de ser más solidarios con los que menos tienen en vez de más competitivos pueda hacer que su vida sea más tranquila y placentera.

lunes, mayo 19, 2008

Resultados sorprendentes

El mercado mundial de las drogas mueve, según los mejores estimados entre 500 a 700 mil millones de dólares cada año. Casi 10 veces el PBI que genera el Perú cada año. Un monto nada despreciable, y por supuesto, con profundas implicancias políticas, económicas, sociales y hasta culturales en países andinos como lo son Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.

Nunca he tenido interés en revisar investigaciones de corte económico sobre el tema, debido a que, en realidad, existe muy poca producción intelectual sobre ello. Muy curioso. Sin embargo, recientemente, han salido publicadas unas cuantas investigaciones que abordan este problema desde un enfoque cuantitativo y matemático bastante particular, auspiciados por el Banco Mundial.

Sólo me referiré a una de ellas, elaborada por Rómulo Chumacero (pdf), que me llamó la atención por la autocalificación de haber obtenido ¨resultados sorprendentes¨, cuya cita central presento a continuación (traducción libre):
[El] aumento de los gastos destinados a disuadir las actividades ilícitas de drogas pueden mejorar la situación de los productores. El resultado más robusto, es que el aumento del riesgo de cualquier actividad ilegal hace que los productores de cultivos empeoren su situación. Por otro lado, la imposición de sanciones severas a las actividades ilegales hace que los productores de cultivos y los consumidores de drogas empeoren de situación. Sin embargo, sanciones más severas a los productores de drogas o a los traficantes hace que mejoren su situación. Por último, la legalización de actividades ilegales es buena para los productores de cultivos en general, pero no lo es para los productores de drogas y los traficantes. En la medida que el consumo de drogas ilegales puede aumentar sustancialmente, al consumidor de drogas le puede ir peor. Sin embargo, si los recursos se invirtieron en disminuir la probabilidad de adicción, la legalización puede ser buena para el consumidor (pág.19).
Uno puede leer entre lineas que lo que esta mostrando el autor es que la legalización de las drogas y la imposicion de sanciones severas pueden traer resultados diferenciados segun el tipo de actor que forma parte de este mercado. Para el caso de los productores de los cultivos de coca (podria decirse, aquellos ubicados en los paises andinos) seria preferible la legalizacion antes que la imposicion de sanciones severas porque los perjudicaria. En contraste, los que saldrian perdiendo de seguir una recomendacion de politica como esta, serian los productores de drogas (quienes mas bien se beneficiarian por un aumento de las sanciones) y los consumidores. Para remediar esta ultima situacion, el autor propone que los recursos de las agencias de gobierno que abordan el problema inviertan en programas para reducir la probabilidad de adiccion lo que haria que finalmente la legalizacion tambien beneficie al consumidor. En resumen, el gran perdedor dentro de este esquema seria el productor de drogas, concebido como el mal dentro de este esquema de analisis.

Lo curioso es que si uno se pone a indagar un poco mas sobre el tema, desde un punto de vista bastante micro (pico o nanoeconomia?), se encontrara que la realidad es que los productores de cultivos de coca ansian convertirse en productores de la droga para obtener una mayor rentabilidad por su producto primario. Pueden haber productores de droga de diferente escala y calidad, lo que constituye una carrera industrial bastante particular.

Un tercer nivel, de altisimo riesgo, son los comercializadores, que parece no ser una categoria ansiada por los que ya alcanzaron el nivel de productor de droga. Esta categoria laboral subterranea es cubierta usualmente por jovenes, urbanos y rurales, que no tienen medios de produccion (terreno o poza) y podria decirse, que son los que buscan otros objetivos, menos, convertirse en productores, ya sea de cultivos o de la propia droga.

Lo anterior sirve para describir que ante un eventual legalizacion del mercado de la droga, saldrian perdiendo todos los que estan metidos en este negocio, en el sentido de que los productores de la droga tendrian una menor rentabilidad por su producto. Tambien saldrian perdiendo los productores del cultivo porque tendrian un comprador con menor poder economico. Finalmente, seria poco probable decir que el consumidor saldria ganando puesto que ahora se conoce como se esta dinamizando la produccion de drogas sinteticas que compiten con las drogas de origen mas natural. Pero podria afirmar, al igual que el autor del estudio revisado, que si los recursos recaudados por la agencia que tiene competencia en el tema, se dirigieran a financiar programas que reduzcan la probabilidad de adiccion, podria salir igualmente beneficiado por la legalizacion.

martes, mayo 06, 2008

¿Feliz día mamá?

En el Perú, de acuerdo con el Ministerio de Economía y Finanzas (pdf), entre el 2000 y 2002, la tasa mortalidad materna habría descendido de 185 a 164 muertes por cada 100 mil nacidos vivos. Si tomamos el dato estimado de 620 mil nacimientos cada año, podríamos afirmar que, al menos, en el 2004, murieron en nuestro país un poco más de 1010 mujeres cuando estaban por celebrar o afirmar su condición de madre.

Como es de esperarse, esta tasa de mortalidad no se reparte de manera 'equitativa' a nivel nacional. De acuerdo con el Ministerio de Salud, los departamentos donde ocurre una mayor proporción de muertes maternas son: Puno, Ayacucho, Huánuco, Cajamarca, Cusco, Amazonas y Apurímac, lista que revela a los departamentos más pobres y/o excluidos del país.

¿Cuál es la principal causa de la muerte materna? Según ambas fuentes revisadas, lo que impresiona saber es que estas madres mueren principalmente desangradas (38%) o por hipertensión asociada al embarazo (20%). Ambos problemas, bien podrían ser evitadas si la calidad y la cobertura de los servicios médicos ofrecidos por el Estado mejoraran significativamente. Ello implica aumentar el exiguo 2.2% del presupuesto nacional orientado a la salud de los peruanos y peruanas.

Pero también, muchas de estas muertes podrían haberse evitado si se hubiera atendido a la racionalidad moderna de las mujeres peruanas (incluso de las catalogadas como analfabetas) en la que el número de hijos deseado es inferior al que realmente tienen. Resulta muy ilustrativo para ello la evidencia reportada y analizada por Carlos Eduardo Aramburú (ver aquí en pdf) donde las mujeres de menor nivel educativo desearían tener la tercera parte de hijos de los que realmente tienen (p.23). Esto tiene consecuencias sobre un debate multidimensional (social, religioso, género, etc) de las políticas poblacionales entre las que cuenta la difusión de la técnica de anticoncepción más adecuada que las mujeres puedan disponer y usar para ajustar con ello su número ideal de hijos con el que pueden atender adecuadamente con sus recursos disponibles. Atender a la voz de ellas, esto es, el de tener menos hijos, podría tener un profundo y positivo impacto sobre la economía de largo plazo de su hogar, y con ello, del país. Esto permitiría alcanzar el Objetivo del Milenio número 5, suscrito por el Perú, que señala: Mejorar la salud materna. De acuerdo con el MEF, el reto es reducir esta tasa en tres cuartas partes, es decir, que para el 2015 sólo hayan 66 muertes por cada 100 mil nacidos vivos.

Pero los problemas parecen ser más complejos para las mujeres ubicadas en la clase media y alta que deciden ser madres. Cerca del 50% de los partos atendidos en clínicas privadas son realizados por cesárea. En el caso de estas mujeres, según afirma el estudio de Arrieta (descargar aquí en pdf),
"[L]os derechos reproductivos son violados no por falta de acceso sino por exceso de operaciones de cesáreas [...] Detrás de la elevada tasa de cesáreas, se esconde la violación al derecho de la madre a elegir libre e informadamente el tipo de parto que desea para ella y su hijo" pág. 3.
El estudio encuentra, entre otras perlas, que más de 13 mil mujeres habrían sufrido una violación sistemática en sus derechos reproductivos por el sometimiento a un parto por cesárea Esto es provocado por un mayor dinamismo del mercado de seguros de salud, el que presiona por un lado a la baja remuneración de los médicos de las clínicas privadas; y de otro, los incentiva para que califiquen en exceso los embarazos de riesgo para culminar en un parto por cesárea y así poder cobrar los honorarios especializados correspondientes.

Esto es algo que originó un debate en mi familia ante la llegada de mis hijos. En la clínica donde mi esposa dio a luz, el parto por cesárea cuesta hasta 2.25 veces más que un parto vaginal. Y los cuidados especiales que deben brindarse al bebe (incubadura, enfermera, lactancia artificial, etc.) como consecuencia del parto artificial pueden hacer una cuenta hasta por 6 veces más de los que hubiera sido un embarazo normal a término, donde la madre podría haber amamantado al bebe casi inmediatamente.

Las reacciones de parte de los afectados (los ginecólogos) a los resultados de esta investigación, realizados por un economista, no se hicieron esperar (ver nota periodística aquí). La principal objeción es que los médicos argumentan que cada caso de las madres cesareadas está profusa y clínicamente documentado. Esto es, cada embarazo, de cada madre, habría sido estudiado con todo el profesionalismo que implica la calidad que el título de médico y el respectivo cuerpo colegiado les brinda a los estudiantes de las ciencias médicas de nuestro país.

No me quiero ir por la argumentación de la calidad de la educación pública y privada de los profesionales de la salud, porque hasta el momento solo tengo comentarios y percepciones un tanto desordenadas. Pero si quiero tocar el tema de la asimetría de la información de la que gozan los profesionales en general frente a la voluntad de una persona en particular.

En algún momento, uno de los filósofos de la ciencia, Paul Feyerabend escribió uno de sus famosos artículos de cómo defender a la sociedad de la ciencia (descargar aquí en pdf). Y Feyerabend señala el motivo que inspira la reflexión general de este artículo, la libertad de elegir frente a lo que la ciencia o cualquier otro tipo de conocimiento señale, que es algo que las mujeres tienen derecho, sean pobres o no, cuando deciden o no deciden ser madres.

En mi caso particular, me llama mucho la atención que mi madre me confirmara el dato de como fue mi nacimiento. Ella me trajo al mundo en casa de sus padres, ubicada en un medio rural de la costa norte peruana, con la ayuda de una veterana "matrona" o "comadrona". Este fue un parto vaginal vertical, duró casi dos horas hasta casi pasada la medianoche y su recuperación no duró mas de un día. El amamantamiento duró casi hasta mi primer año de vida, y bueno, parece ser que todavía gozo de muy buena salud e inteligencia (ver reciente estudio reportado al respecto).

Todas las madres, tienen igual derecho a pasarla bien este domingo. Y las que lo desean ser, también. Y las que no, con mayor razón. Para terminar, cabe preguntarse qué hacer para que el Estado y el sector privado garantice los derechos de atención médica con coberturas y calidades responsables frente a la deseos de la mujer donde quiera que ella se ubique de cómo ser particularmente atendida durante y después de su embarazo.

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Este jueves 8 se abrirá un foro virtual sobre el tema "Construyendo alianzas para salvar las vidas de las madres", donde se podrá conversar (en inglés) con una especialista presentada por la Population Reference Bureau. Varias preguntas realizadas en avance son pertinentes para algunas de las políticas y acciones de la sociedad civil que se implementan en nuestro país.

jueves, enero 10, 2008

La pobreza de ser obesos

Forbes anuncia que según el último ranking de obesidad mundial, el Perú ocupa el 46avo lugar (es decir estamos dentro de los 50 primeros) con alrededor del 59.6% de su población de 15 años a más en dicha situación. ¿Puede ser esto un fenómeno atribuible a la prosperidad de más de 70 meses de crecimiento económico sostenido o a la pobreza persistente que no baja del 50% de su población total?

No, este es un problema que se ha ido acumulando con un proceso de mayor duración que ha movido a nuestra fuerza laboral trabajar largas jornadas laborales, restándole tiempo al ocio y la diversión (y por lo tanto a las posibilidades de hacer ejercicio) junto con la proliferación de negocios de fast foods (hablo tanto transnacionales como de los de barrio) que se han dado desde principios de los noventa, la cual ha reemplazado peligrosamente la costumbre de comer bien y variado de lo nuestro.

Y es que tal como lo asegura Daniel Esptein a Forbes, de la Oficina Regional para las Américas de la OMS, "La obesidad se ha convertido en un problema de la pobreza". Esto implica que nuestro país debe prepararse para asumir costos no previstos en su alicaído sistema de salud donde el tratamiento de la hipertensión, la diabetes, la gota, entre otros males comenzarán a ganar lugar porque cada vez más pobladores de menores ingresos lo sufren.

Esto restará eficacia a los recursos disponibles para los programas alimentarios destinados a la población en extrema pobreza que por lo general se encuentra excluida fuera de las ciudades, en el área rural andina. Ya que los que se encuentran acá, trabajando en el sector informal básicamente, se alimentan diariamente de cualquier dulce o fritura que tengan disponible en la esquina, sin reparar los efectos que ello tenga en su salud.

Esta dimensión de la economía informal no ha sido abordada en absoluto y sin embargo es un problema patente. Personalmente he sido testigo de cómo en algunos colegios públicos los niños intercambian su bolsita de leche provista por algún programa en particular por una bolsa de tripas fritas en aceite reusado de varios días o algún dulce de dudosa procedencia que luego lo consumen como si fuera su almuerzo del día.

Con el tiempo obtenemos niños y niñas aparentemente robustos, pero desnutridos y con una mecha encendida de largo plazo que reventará dramáticamente en sus vidas por el elevado número de calorías y azúcar acumulado en sus cuerpos.

A esto se suma que, al volver estos niños a la tienda de su papá o su mamá en el mercado (pues ni modo que regresan a casa ya que eso sucede a las 11 o 12 de la noche luego de haber ayudado en el negocio), vuelven a consumir cualquier otra fritura que cocina la pollería de la vuelta y algún dulce o gaseosa adicional para cerrar la noche.

Con lo anteriormente descrito, creo que queda graficado de manera muy clara cómo el problema de la obesidad se instala en la pobreza de las áreas urbanas, donde la microempresa aún se ve como la punta de lanza de la creación de empleo, pero no de los ingresos ni tampoco de la buena salud.

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Otros países latinoamericanos en la lista de los más obesos son:

13. Argentina
19. México
23. Chile
24. Venezuela
31. Bolivia
33. Guatemala
41. Nicaragua
42. Cuba
46. PERU
60. Costa Rica
61. Colombia
85. Panamá
88. Brasil
93. El Salvador
96. Paraguay
101. Ecuador
117. Honduras

lunes, septiembre 10, 2007

Políticas para el plomo

¿Existe una política clara que verifique la seguridad de los juguetes que se venden en nuestro país? Al parecer, existe la ley, pero no el reglamento que lo implemente. Así lo afirma Jaime Delgado, en el siguiente artículo del Diario El Comercio:
[Jaime Delgado, presidente de Aspec] reiteró su pedido al Ministerio de Salud para que emita al más breve plazo el reglamento de la Ley 28376, publicada el 10 de noviembre del 2004, para evitar que más personas, sobre todo niños, sean víctimas de las sustancias tóxicas como el plomo, que impide el crecimiento, entre otros daños al organismo.

Hemos propuesto que dicho reglamento establezca que todo juguete o artículo de escritorio que ingrese al mercado nacional debe tener certificación de calidad libre de sustancias tóxicas por parte de un laboratorio acreditado, puntualizó.
Por lo pronto, sólo nos queda beneficiarnos indirectamente de la iniciativa empresarial globalizada, fruto de las presiones de las organizaciones de consumidores del primer mundo.

En efecto, luego de los tres retiros masivos de juguetes ejecutados por la gigante Mattel, por la presencia elevada de plomo en la pintura de sus juguetes, Disney ha decidido realizar una evaluación independiente de todos sus productos a través de una compra aleatoria de los mismos para su posterior análisis. Así lo reporta la MSNBC (traducción libre):
"La prueba comenzará en las próximas dos semanas e incluirá todas las categorías de productos, incluido juguetes, joyería y ropa infantil de casi 2 mil licencias, inclusive Mattel, quien es el mayor productor de juguetes de Disney".

"... Disney quiere dar un nivel añadido de escrutinio y aseguramiento a los padres que un producto con las figuras de Disney ha pasado por este proceso..."
En nuestro país, el Indecopi es el organismo estatal encargado (pdf) de supervisar el tema así que es posible contactar con ellos para hacer efectivo el retiro (ver items que aplican en pdf). De continuar estos procesos, van a tener que abrir un área especializada para ver asuntos globales de protección al menor y quizá también para algunos bienes que usan los adultos.

Algo que no se ha tomado en cuenta en todo este proceso, es que si bien es cierto que se está asumiendo el costo del producto (ya sea devolviendo el íntegro del precio pagado del ítem o considerando el canje por otro juguete seguro) no se ha evaluado el costo real asumido por los padres. Entre ellos:
  • El costo de traslado para hacer efectiva la devolución o reemplazo del juguete
  • El costo psicológico para satisfacer "la pérdida" del juguete por el niño/a
  • El costo de recuperación de la salud del niño/a de haber sido contaminado/a
En nuestro país se supone que han sido distribuidos una cantidad no precisa (algunas fuentes hablan de 7 mil y pico de unidades) de estos artículos. No obstante, cabe recordar que estos son los datos para los productos que esta empresa transnacional ha reconocido voluntariamente.

¿Y el resto de juguetes provistos por otras empresas? Ni una sola palabra ni la capacidad mínima de nuestro Estado para hacer un análisis de los mismos y verificar que son adecuados por la población infantil de nuestro país.

miércoles, agosto 22, 2007

Celulares y accidentes de tránsito

Un estudio realizado por dos economistas de la Universidad de Berkeley (Bhargava y Pathania, julio, 2007), señala que no se ha encontrado evidencia (pdf) que relacione el incremento del uso de celulares con un aumento en los accidentes de tránsito.

Este resultado contradice estudios previos que afirmaban que el uso de estos dispositivos incrementaba hasta en 4.3 veces el riesgo de ocasionar un accidente de tránsito lo que sirvió para formular legislaciones de tránsito que prohibían su uso por conductores, aún con manos libres, en todo el mundo inclusive en el Perú.

El experimento se realizó induciendo un aumento en el consumo de telefonía celular de conductores introduciendo ofertas de precios en horas de tránsito específicas por varios años consecutivos. Luego se documentó si en los periodos que se aplicó la oferta aumentó significativamente la tasa de accidentes de tránsito. Aunque si hubo un aumento significativo en el consumo de llamadas telefónicas por celular, no se evidenció un aumento significativo en la tasa de accidentes.

Los resultados obtenidos, de acuerdo con los investigadores, no necesariamente contradicen los arribados por estudios previos dado que sus respectivas muestras pudieron estar sobrerrepresentadas ya que existen riesgos sustitutos de igual peligro que no han sido medidos como por ejemplo, conversar con el copiloto, o el pasajero si es un taxista, o escuchar música.

Esto no quiere decir que el uso de celular mientras se maneje deje de ser un peligro real. Los investigadores afirman, en eso sentido, lo siguiente (traducción libre, pág. 44):
Esto simplemente implica que el uso actual de celulares por los conductores no parecen causar un aumento en los choques. Puede pasar que los conductores que usan estos dispositivos compensen la distracción adicional manejando más cuidadosamente. [...]. Por último, creemos que estos hallazgos deberían renovar el interés en la investigación empírica examinando los efectos del uso de teléfonos celulares, y posiblemente, reabrir las discusiones sobre opciones de política sobre los costos y beneficios de regulaciones donde el diálogo se ha estancado.
¿Alguien ha probado esta hipótesis en nuestras calles como para que la prohibición respectiva siga vigente a pesar del evidente incumplimiento de parte de nuestros conductores?