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martes, julio 27, 2010

Paradojas de la política social aprista

Introducción

El discurso de apertura del Presidente llamó la atención sobre una pregunta esencial en la política pública peruana: ¿por qué si la economía nacional había crecido en más del 25% durante cinco años seguidos (entre 2001 y 2006), el empleo no había crecido con la misma fuerza y la pobreza apenas se había reducido en un 2%?, ¿donde había ido a parar todo ese crecimiento?, ¿por qué es que en ese periodo se había observado una demora en la repartición del ingreso hacia los casi 13 millones de pobres en el país? La respuesta ofrecida por el entonces flamante Presidente Alan García fue que el crecimiento explosivo de la producción y de las exportaciones, había conducido a un crecimiento «dispendioso» del Estado, a expensas del empobrecimiento de la población. Sobre la base de este hecho, explicaba el Presidente, se encontraba la gran pérdida de fe de la población en el Estado, al ser este incapaz de atender sus demandas más básicas en salud, educación y justicia social. De ahí resultaba el surgimiento de la marea de conflictos y malestar social en todo el país. Para enfrentar este problema, su gobierno planteaba recuperar la fe de la población en la democracia y en la justicia social que ella le podía prodigar. Fue así que entonces declaró que con su gobierno había llegado la hora del pueblo.

Cuatro años después, a escasos 12 meses para terminar este segundo gobierno aprista, el descontento social no ha cesado. Por el contrario, se ha intensificado riesgosamente. Así lo demuestra el aumento del número de conflictos que han pasado de una media mensual de 63 conflictos sociales durante el 2004, a un poco más de 260 durante el 2009 . La mayoría de ellos no sólo tienen que ver con disputas con las autoridades locales sino por sobre todo con los llamados conflictos socioambientales, esto es, aquellos que son protagonizados por la población frente a la ola de nuevas inversiones extractivas en el país.

Cabe destacar que la oleada de protesta social no es el único indicador de insatisfacción que ha crecido en el país. Es necesario observar que también han aumentado exponencialmente las cifras de migración internacional del país, las cuales no han podido ser frenadas por el actual gobierno. Mientras que en el 2001 los migrantes sin retorno ascendían a un poco más de 66 mil personas, en el 2006 esta cifra se triplicó alcanzando a 204 mil personas. Finalmente, en el 2009 más de 292 mil personas migraron del país sin retorno. Esta última cifra equivale aproximadamente a la población censada del Cercado de Lima en junio de 2007. ¡Es como si en el transcurso de un año, toda la población de ese distrito se hubiera mudado fuera del país! En un país como el nuestro, donde el progreso material de los últimos años ha sido considerado como un potencial nuevo milagro económico para el mundo, cuesta creer que el conflicto social y la migración internacional se hayan desbordado tanto.

Veamos. En los últimos cuatro años de gobierno, la economía peruana ha continuado su dinamismo acumulando un crecimiento de casi 21%, con un pico de crecimiento de 9.8% durante el 2008. Este comportamiento de la economía motivó a algunos técnicos del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) a realizar una categorización forzada de la idea de «milagro económico», según la cual, si el Perú seguía creciendo a una tasa promedio de 7% durante los próximos diez años, podía calificar como tal . Por su parte, a diferencia de lo ocurrido durante el gobierno de Toledo, las cifras de pobreza han mostrado una notable reducción como consecuencia del crecimiento económico observado, pasando de 44.5% en el 2006, a 34.8% en el 2009. Nada menos que una reducción de casi 10 puntos porcentuales en tan sólo tres años. Ello implicaría que cada año habrían escapado de la pobreza una media de aproximadamente 800 mil peruanos, gracias al mayor dinamismo del mercado laboral en sectores como la agro-exportación, los textiles y la construcción.

La pregunta entonces, cae por su propio peso: ¿cómo es posible que, habiendo alcanzado tan notables logros en términos económicos y sociales, la población peruana muestre cada vez mayores niveles de conflictividad y de migración internacional?, ¿por qué la población no se muestra satisfecha o contenta con los resultados si es que la evidencia estadística demuestra que ahora se goza de un mejor nivel de vida que hace tan solo cuatro años?, ¿es que acaso el Estado sigue siendo el ente derrochador que García denunciara al principio de su segundo gobierno?

Las respuestas a esta paradoja no se encuentran en las cifras fetichistas de la producción material izadas por nuestros políticos con tanta avidez, en los últimos veinte años. Tampoco se encuentran en las manoseadas cifras de la pobreza, las cuales son víctimas de continuas revisiones técnicas no sólo aquí en el Perú, sino en Washington, logrando producir únicamente una «ensalada» de cifras las cuales no pueden tomarse con referencia exacta para evaluar la política pública. Las respuestas deben buscarse más bien en una amplia evaluación de la política social del actual gobierno, que es el objetivo que motiva el presente artículo. Las áreas bajo escrutinio son la educación, la salud y la vivienda. Pero antes de analizarlas, se presenta a continuación una reflexión acerca de las cifras del crecimiento y la pobreza.

Crecimiento y pobreza, más te veo menos te creo

A pesar de la sólida y elaborada maquinaria estadística que se ha generado alrededor de la medición del crecimiento económico (Producto Bruto Interno - PBI) y la pobreza, no existen indicadores que generen tal grado de polémica y escepticismo por su poca capacidad para representar la idea de progreso económico y social que la sociedad global espera. Sin embargo, ambos indicadores siguen siendo usados comúnmente para orientar la política económica y social de los países ante la falta de un mejor instrumento. El cuestionamiento, sin embargo, permanece. Si estos indicadores fallan en medir lo que ellos pretenden hacer, entonces la política pública está mal orientada y puede provocar más daño que bienestar a sus ciudadanos.

En el caso del indicador del PBI, su capacidad para medir el progreso de los niveles de vida ha sido puesta en cuestión en innumerables estudios. El más importante de ellos provino a partir de una iniciativa política realizada por el Presidente francés, Nicolás Sarkozy, al establecer una comisión técnica de alto nivel para evaluarlo. Esta comisión denominada la «Comisión para la Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social» (CMEPSP, por sus siglas en inglés) fue liderada por los economistas Joseph Stiglitz, Amartya Sen y Jean-Paul Fitoussi, y su reporte fue presentado en septiembre de 2009. Dentro de las principales críticas realizadas al PBI se encuentran:

Existe una brecha muy amplia entre lo que las estadísticas oficiales proclaman (específicamente en el caso del PBI) y lo que la población percibe. Ello sucede no solamente en sociedades altamente desiguales donde el ingreso nacional no está bien distribuido, sino también en sociedades de países en desarrollo donde el respaldo a las estadísticas apenas supera el 33%, como sucede en Francia y el Reino Unido.

En el caso peruano, el Grupo de Opinión Pública (GOP) de la Universidad de Lima, llegó a identificar que el grado de confianza de la población limeña hacia el Instituto Nacional de Estadística e Información (INEI), ha ido decreciendo durante el último gobierno pasando de 61.1% en el 2007, a 57.3% en 2008 y 47.6% en el 2009 . Es interesante saber que en contraste con estas cifras, las correspondientes a la desconfianza en el INEI no aumentaron. Lo que ocurrió más bien ha sido un aumento de las respuestas «no sé», que pasaron de 5.5% en el 2007, a 18.1% en 2008 y 30.4% en 2009. Ello podría interpretarse como un estado creciente de confusión frente a la información provista por el instituto (en general por toda la información que este provee), que es imposible para la ciudadanía formarse una opinión certera de lo que está pasando.

Un segundo punto a discutir es que el crecimiento económico puede estar explicado por un aumento significativo del consumo de las personas, pero esto no necesariamente implica una mejora de su calidad de vida. El ejemplo provisto por el documento revisado es el caso de los embotellamientos de tránsito. Ellos tienen un impacto significativo en el consumo de petróleo en la medida que más autos se añaden a las vías y luego se aumentan más vías para intentar descongestionar el tránsito que ha aumentado a una nueva escala. Este proceso tiene un impacto positivo en el desempeño del PBI, pero ello no necesariamente significa que la población está disfrutando de una mejor calidad de vida.

Esto puede hacerse patente en nuestra realidad al observar el caso de Lima Metropolitana. Esta se ha convertido en una ciudad caótica, ya no tanto como en el pasado por la venta callejera o informal, sino más bien por el impacto de la importación de autos usados hasta antes del 2006 y ahora por la cuota de aporte de los autos nuevos, los que según las cifras del Ministerio de Transportes, desde esa fecha se compran más que los autos usados. Frente al más del millón de vehículos que circulan por las calles de Lima, la única respuesta ofrecida por el alcalde ha sido la renovación o construcción de nueva infraestructura vial, lo que en concreto no resuelve el problema, puesto que por un lado se han puesto en evidencia sus demoras, fallas técnicas y atropellos al ornato de la ciudad; en tanto que por el otro se ha puesto en evidencia el estigma de la corrupción al revisarse y exponerse continuamente las revalorizaciones de las obras, pese a las fallas observadas.

Otro problema empírico identificado, es que el mayor dinamismo del crecimiento no se encuentra correlacionado con el aumento de la felicidad en el mundo. Esto es lo que se conoce como la paradoja de Esterlín. Esta paradoja ha sido evaluada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para el caso del crecimiento económico de la región, encontrando evidencia que la soporta. Por ello, el BID calificó a la reciente ola expansiva de América Latina como la del «crecimiento infeliz», en la que el Perú era el país que mostraba la mayor brecha entre el desempeño objetivo de los indicadores de crecimiento, con respecto al desempeño subjetivo de los mismos .

Un problema particularmente grave es la relativa a la imputación de valores en la construcción del PBI. Las imputaciones son necesarias por una serie de razones técnicas, sin embargo, estas se hacen a un costo que perjudica la calidad de la información finalmente obtenida. De acuerdo con la fuente consultada, la imputación llega a representar entre un quinto a un tercio del total del PBI calculado. En el caso del Perú, esta imputación alcanza la exorbitante proporción del 69%, lo que habría causado serios problemas de comparabilidad de las cifras del crecimiento del presente gobierno, con las de los gobiernos precedentes .

Finalmente, se encuentra el problema de que el PBI no captura el costo ocasionado por la producción de bienes al explotar los recursos naturales. Según este punto de vista, más importante que medir únicamente el PBI, es medir la riqueza de las naciones en su manera más amplia propuesta por Smith. Esto implica incorporar en la contabilidad de las naciones, el capital natural. Dasgupta realiza una medición aproximada de dicha propuesta teórica, encontrando que en todos los casos que el analizó para su artículo , el crecimiento real fue negativo y no positivo, como lo registran oficialmente sus respectivas cuentas nacionales. De esta manera, las políticas de desarrollo que ignoren el carácter central que tiene el capital natural para medir la riqueza de un país, tienen el potencial riesgo de ser dañinos para la población antes que ser beneficiosos .

Las propuestas realizadas por la CMEPSP, en torno a estos problemas y otros más, pueden ser revisadas en los documentos citados en la bibliografía. Sin embargo, no quiero cerrar este acápite sin remarcar que el mensaje central presentado aquí, es que mientras el mundo del conocimiento está buscando nuevas formas de entender y medir el progreso social, el actual gobierno peruano ha desviado la atención hacia un problema primario y en desuso, para distraer la atención sobre lo que verdaderamente es importante.

De manera similar al caso del PBI, existen varios problemas que discutir sobre el indicador de la pobreza, esto es el conteo de pobres sobre la población total. El principal problema a discutir es el relacionado con su confiabilidad. No me refiero a aquella que se mide en términos estadísticos, sino más bien a la que es percibida por la población. Las encuestas realizadas por el Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica del Perú, pueden ayudarnos a realizar el contraste, de manera parcial, sobre todo para el caso de Lima Metropolitana y el Callao , que es donde se ha producido la mayor reducción de la pobreza que el resto del país. La pregunta que nos sirve para tal efecto es la siguiente: ¿Cómo está su situación económica familiar comparándola respecto de hace 12 meses? De acuerdo con las respuestas se revela una tendencia estable en alrededor del 30%, de aquellas personas que responden que su situación económica familiar ha mejorado. El problema ocurre sin embargo con las otras dos categorías donde al parecer se produce un intercambio en las tendencias. En el caso de los que mencionan que su situación permanece estancada, este va decayendo lentamente hasta alcanzar su mínimo histórico en septiembre de 2008, con 32%. En ese mismo mes, la población que respondió señalando que su situación económica familiar empeoró, alcanzó su máximo histórico de 42%. A partir de entonces, las personas que estaban «igual que hace 12 meses» muestran una tendencia ascendente, recuperando los niveles porcentuales observados a inicios de las mediciones en enero de 2007, esto es alrededor del 40%. Mientras que los que piensan que su situación está peor ha ido decreciendo paulatinamente. Lo anterior estaría describiendo un deterioro de los niveles de vida que alcanzó su punto máximo en septiembre de 2008 y cuya situación permanece igual mientras que la crisis internacional continúa. Estos resultados guardan mucha correspondencia con la situación de crisis internacional que ha afectado a muchas familias, donde sus perceptores perdieron sus empleos en sectores clave que promovieron el crecimiento reciente de nuestra economía: la minería, los textiles y la agroindustria. Pero esta situación no tiene sentido con el indicador de pobreza que muestra que el porcentaje de pobres disminuyó de 44.5% en 2006, a 39.3% en 2007. Luego siguió disminuyendo a 36.2% en el 2008 y finalmente 34.8% en el 2009.

Un segundo problema que discutir es que gran parte de la desconfianza en este indicador, no reside necesariamente en la potencial manipulación que se realiza en su construcción. Farid Matuk es uno de los pocos analistas que enfatiza la necesidad de transparentar el proceso de imputación de valores en la encuesta, mediante el acto de compartir las rutinas de programación estadística utilizadas para tal efecto. Hasta la fecha, esta información pertenece al nirvana del conocimiento de un selecto grupo de técnicos y no es compartido con el resto de la academia. De esta manera se restringe la posibilidad de mejoras en el referido indicador y se contribuye a la desconfianza que el mismo genera ante sus continuas revisiones. Este es el segundo aspecto sobre el cual se generan evidencias concretas de desconfianza. Veamos.

No existe indicador que haya sido tan manoseado por los propios técnicos que generan dichos datos, en aras de mejorar su precisión y confiabilidad en su medición, y que hayan ocasionado precisamente lo contrario. Este problema no es exclusivo del Perú. Es un problema originado en la construcción del conocimiento político sobre la realidad de los niveles de vida de todo el mundo. Me explico. En el caso peruano, la producción de las cifras de pobreza tuvo su mejor momento cuando existían dos fuentes competitivas que las generaban. Era paradójicamente la época de la «democradura» fujimorista, en las cuales el INEI proclamaba oficialmente que el porcentaje de pobreza se reducía –como lo hace ahora–, a pesar que se producía una recesión en el país pasando de 37.6% en 1997, a 37.3% en 1998. No obstante, la fuente alternativa que presentaba sus estimaciones estadísticas de la pobreza era el Instituto Cuánto. De acuerdo con esta fuente, la pobreza en 1997 ascendía a más del 50%, por lo que la mayoría de investigadores al realizar sus trabajos citaban a esta fuente y no la producida por el INEI. Esto condujo a un proceso sin precedentes en el país, la necesidad de la revisión de las estimaciones oficiales de la pobreza a cargo de un equipo consultor provisto por el gobierno francés , lo que le devolvió la confianza al INEI, pero produjo el lamentable resultado de que la fuente alternativa que realizaba las estimaciones competitivas fuera anulada.

A pesar de haberse producido este proceso de recuperación de la confianza en el instituto oficial, tanto las metodologías como las subsiguientes estimaciones fueron revisadas continuamente, a tal punto que era poco probable conocer con exactitud si las cifras disponibles por parte del INEI eran las correctas. Este hecho trajo como consecuencia un impasse no tan minúsculo disparado durante el discurso presidencial del gobierno de Alejandro Toledo, cuando en julio de 2004 proclamó que el número de pobres había disminuido en 420 mil personas. Al día siguiente, Javier Herrera, el asesor técnico del INEI, que producía las cifras oficiales de pobreza al interior del mismo, salió a desmentir dicha cifra al señalar que la comparación de los porcentajes de pobreza había sido equivocada y manipulada. De acuerdo con la información que este investigador proveyó en conferencia de prensa en ese momento, en realidad, el número de pobres había aumentado en 190 mil personas. Esta situación desembocó en un enfrentamiento entre el jefe del INEI y el asesor para determinar la veracidad de las cifras, lo que finalmente culminó con la salida de este último del país por haberse politizado su intervención técnica . La credibilidad en el INEI decayó fuertemente al punto que se hicieron algunos esfuerzos por atraer a Javier Herrera hacia organizaciones privadas consultoras en la medición de los niveles de vida. Lo que sin embargo, no prosperó.

No fue sino hasta que Farid Matuk terminara su gestión al frente del INEI, que en marzo de 2007 el instituto recurrió al Banco Mundial para que se pudiera resolver los problemas metodológicos que sólo un asesor técnico de la talla de Javier Herrera podía resolver. Dado el anterior precedente, en vez de limitarse a convocar al referido investigador para que volviera a asesorar al INEI, se conformó un equipo interinstitucional que lo incluía a fin de revisar las cifras de pobreza desde el 2004. A la fecha, este Comité Interinstitucional de la Medición de La Pobreza permite garantizar que los datos producidos por el INEI se hagan bajo una metodología supervisada, pertinente y actualizada .

Pero aquí es donde surge la pregunta, ¿por qué el Banco Mundial aparece como un símbolo de garantía de la veracidad de las estadísticas de pobreza construidas en la actualidad?, ¿no es acaso el Banco Mundial –junto con el FMI–, una organización que sufre de una grave crisis de credibilidad a escala global por su incapacidad para promover la reducción de la pobreza en el mundo entero? La reciente crisis financiera y económica no sólo puso por los suelos la credibilidad de estas organizaciones, sino que puso en duda su pertinencia en el equilibrio mundial de la economía, a menos que se hicieran importantes reformas en su estructura de gobierno acusadas de anti-democráticas. Adicionalmente, la revisión de las cifras de pobreza mundial realizadas por Chen y Ravallion, investigadores del propio Banco Mundial, produjeron mayor escepticismo sobre el avance real del mundo hacia la solución de sus graves problemas , ya que para el año 2005, «descubrieron» que habían 400 millones de pobres más de los que previamente se calculaba . Esto sin contar el efecto de la crisis económica internacional en progreso mientras se publicaban estos datos.

Esta discusión no pretende concluir recomendando el abandono de los conceptos o indicadores propuestos para mirar la realidad que pretendemos conocer y cambiar. Pero si se recomienda cambiar de actitud respecto de la excesiva focalización analítica y política que se hace en los mismos, pues se pierden de vista dramáticas realidades igualmente relevantes para la política pública que necesitan ser transformadas. Estas involucran el desarrollo de las capacidades de sus ciudadanos, para los cuales resultan centrales el desempeño de las políticas sociales relativas a la educación, la salud, la vivienda y el empleo. Como consecuencia de su menor atención y discusión, estos ejes han sido mal definidos y desatendidos por el nuevo modelo de hacer política social de nuestros días, donde se hace énfasis en la participación mínima del Estado, y el protagonismo de la actividad privada. Esto resulta curioso pues, en nuestro Perú, el Estado históricamente nunca ha estado presente en la totalidad del territorio. Así cuando llegó el momento para introducir reformas al interior del Estado, el empresariado promovió cambios allí donde pudieran asegurarse rentas oportunistas en nombre de la eficiencia y el mercado. La sociedad civil por su parte, no ha sido lo suficientemente orgánica ni propositiva como para influir significativamente en la política nacional, en la medida que se han ido restando las oportunidades para la reflexión democrática de la ciudadanía en su conjunto.

La política educativa: buscando calidad sin pagar el costo

Durante los noventa, la política educativa estuvo orientada a cerrar la brecha del acceso a la educación básica. Para ello se realizaron grandes inversiones en infraestructura educativa y se absorbió en la medida de lo posible a los maestros que no encontraban trabajo fuera del sistema . Como resultado de esta política se incrementaron notablemente los porcentajes de cobertura y asistencia escolar, principalmente en la educación primaria, y en menor medida en la secundaria . No obstante, no se lograron resultados positivos en lo relacionado a los indicadores de funcionamiento y de resultado del sistema. Por ejemplo, el porcentaje de atraso escolar continúa siendo un problema significativo en la actualidad . Este indicador ha empeorado entre el 2005 y 2008, pasando de 18.8% a 21.6% respectivamente, en las escuelas públicas, mientras que en las privadas este porcentaje se ha duplicado de 2.4% a 5.9%, en el mismo periodo. Por su parte, los resultados de la Evaluación Censal de Estudiantes 2009 (ECE-2009) demuestra que los avances son insuficientes puesto que hay un déficit de inversión en capital humano muy amplio que superar: el porcentaje de estudiantes del sistema estatal que logró los aprendizajes esperados en comprensión lectora, no supera el 18%, en tanto que en el área lógico matemática esta apenas llega al 11%. En contraste con estos resultados, el mayor desempeño lo logran los estudiantes del sistema privado (comprensión lectora 43% y matemática 23.2%), lo que en buena cuenta revela las desigualdades que el Estado introduce en la población como consecuencia de su desatención en un aspecto clave del bienestar social. Esta situación brinda soporte a la hipótesis de que el éxito del actual modelo económico primario exportador, se hace a expensas de la inversión de capital humano, puesto que no requiere de una mayor calificación promedio en la mano de obra disponible para sostener su crecimiento económico.

En efecto, hacia el inicio de la década del boom macroeconómico, el gobierno de Alejandro Toledo heredó el desafío de elevar la calidad de los servicios educativos provistos por el Estado, luego de que el Perú mostrara un pobre desempeño en las evaluaciones PISA de 2000, lo que nos ubicaba en los últimos lugares del ranking de países evaluados. La gran paradoja que se abrió en aquel entonces era que a pesar que el Perú calificaba como un país de ingresos medios, su desempeño escolar era comparable al de los países más pobres que participaron de la evaluación. Así, Toledo emprendió una política de mejoramiento de los salarios de los profesores con la finalidad de obtener una mejora en la calidad de la educación. Esta hipótesis fue refutada por los magros resultados de las pruebas nacionales que fueron aplicadas a los estudiantes. En efecto, cuando los estudiantes de la Encuesta Nacional 2004 fueron enfrentados a las preguntas de comunicación integral y lógico matemática de la encuesta CRECER 1998, los resultados no mostraron ningún cambio significativo, aunque la naturaleza del cambio tenía una tendencia decreciente. Esto es, los alumnos del 6to grado de primaria y el 5to grado de secundaria tuvieron un menor rendimiento promedio con las preguntas de 2004, respecto al promedio observado con las respuestas del cuestionario de 1998 . El único aspecto positivo de esta experiencia es quizá que los ingresos de buena parte de los maestros han mejorado de manera significativa y por consiguiente también han mejorado ligeramente su nivel de vida .

Como el gobierno de Alejandro Toledo no pudo resolver el problema de la calidad de la educación, el gobierno de Alan García asumió el reto pero con un enfoque distinto: la evaluación del magisterio y su posterior depuración, todo esto en el marco de la implementación de la administración pública por resultados. Ello significó que a pesar que el crecimiento económico continuó su apogeo, la importancia del presupuesto destinado al sector educación continuó decreciendo significativamente. En efecto, entre el 2002 y 2006, el presupuesto del sector educación pasó de 3% a 2.5% del PBI. Este porcentaje se ha mantenido durante el actual gobierno sin la menor expectativa de poder alcanzar el promedio latinoamericano situado en 4.7%, durante el 2008 . Pese a la ola de conflictos que este enfoque ha producido entre el gobierno y los sindicatos de maestros, no se han apreciado mejoras significativas en el desempeño escolar de los estudiantes.

La hipótesis complementaria actual de la reforma educativa es que la descentralización educativa podrá traer resultados positivos, en la mejora de la calidad de los servicios educativos. En la medida que los problemas de implementación de esta política sean superados, resolviendo la ecuación mínima de correspondencia entre la descentralización de las funciones del Estado y la desconcentración de recursos, es posible que se pueda plantear de manera un poco más realista los objetivos y las metas de calidad educativa necesarios en el nivel local. Como los esfuerzos por descentralizar aún han sido nulos, es muy probable que García termine el gobierno sin haber podido resolver la paradoja central, el tener un país de ingreso mediano cuyo Estado no es capaz de financiar con impuestos una educación de calidad para su población escolar. Esto constituye uno de los principales problemas de la falta de competitividad del Perú en el escenario internacional .

La política de salud: ¿cómo asumir el costo del cholo barato?

Al igual que en el caso del sector educación, el sector salud aparte de concentrar el presupuesto más bajo de la región (0.9% frente al 3.4% del promedio), también ha sufrido por haberse minado su importancia con respecto a la evolución de la economía en su conjunto. Mientras que en el 2002, el sector salud representaba un poco más del 1.2% del PBI, para el 2006 ya alcanzaba el 1.1%. Este sector se ha deteriorado aún más durante el actual gobierno, llegando a la dramática cifra del 0.9% del PBI . Es por ello que llama la atención que frente a los esfuerzos para mejorar el acceso a un aseguramiento universal, tengamos un peligroso incremento del porcentaje de la población que refiere tener algún problema de salud crónico , durante la fecha de la entrevista. Mientras que el 2004, la incidencia de este problema era de 17.6%, en el 2006 se observaba una incidencia de 22.7%. De allí aumentó el problema a 22.9% en el 2007, para terminar en 23.9% en el 2008. La medición del último trimestre del 2009 revelaba que la incidencia ya alcanzaba al 24.3% de la población. La pregunta que surge en este punto es: ¿a qué costo humano está creciendo la economía peruana?

Pese al acceso al aseguramiento universal ofrecido por el Estado, apenas el 40% de la población que refirió tener una enfermedad crónica afirma haber buscado algún tipo de atención médica, siendo este porcentaje un poco mayor para el caso de Lima Metropolitana, donde alcanza al 56% de la población durante el cuarto trimestre de 2009. Este porcentaje también es mayor que el promedio nacional cuando se considera al total de la población que refirió tener alguna enfermedad crónica o no crónica, alcanzando el 50% en el último trimestre del 2009. Lo dramático de estos datos es que la consulta en farmacia compite con la consulta realizada a los establecimientos de salud del Ministerio de Salud . En el primer caso este ascendía a 15.6% mientras que en el segundo a 19.8%. Esto sólo es posible en un país donde la legislación para la venta indiscriminada de medicamentos es letra muerta, probablemente ante la incapacidad de poder satisfacer la elevada demanda de servicios de salud que no es posible atender por el elevado déficit de médicos y enfermeras en el sistema de salud pública . Paradójicamente, las causas que explican este déficit no es la falta de nuevas generaciones de graduados de la salud, sino más bien por la poca capacidad de absorción del sistema y la consiguiente migración masiva de los mismos.

Una dimensión que aparece especialmente sensible en la agenda pública de la salud, es la relacionada con las políticas que buscan gestionar el crecimiento poblacional. En este escenario, la irrupción recurrente de un actor decisivo como lo es la Iglesia Católica, por encima de las políticas relativas al crecimiento de la población, es materia de acalorada discusión pública. No obstante, pese a las continuas presiones de la Iglesia, las políticas poblacionales se han abierto paso con relativo éxito, incluso durante este gobierno. Los resultados de dichas políticas todavía no son conocidos porque recién se están implementando y no es posible realizar un debate objetivo sobre los hechos hasta que las mediciones sean realizadas. Un tema asociado que preocupa sin embargo, es el hecho de que la mortalidad materna permanece con un elevado nivel de incidencia en nuestro país, lo que ha motivado la producción de prominentes reportes que abordan este problema en el Perú . Estos informes coinciden en que pese a los avances realizados en el largo plazo, aún persiste un serio problema de sub-reporte de este fenómeno, y lo que es peor, una de las tasas más altas en América Latina a pesar del notable avance económico realizado por el país.

Para culminar la discusión sobre la política de salud, es importante destacar la complementariedad que ella tiene con la política social que lucha contra el hambre y la desnutrición. Los datos de cobertura de la provisión de alimentos hacia por lo menos un miembro del hogar, revelan que estos han estado descendiendo lenta pero significativamente cada año desde el 2004, cuando la cobertura era del 40.6% del total de familias. El 2006, el porcentaje de cobertura se ubicaba en 36.9%, mientras que el 2008 alcanzó 34.2%. El mínimo histórico se alcanzó durante el segundo trimestre de 2009 con 30.5%, que es el porcentaje de familias que tuvieron al menos un miembro como beneficiario de algún programa alimentario. Lo mismo ha ocurrido con el porcentaje de población efectivamente atendida por algún programa alimentario, pasando de 18.5% en el 2004, a 16.1% en el 2006, y finalmente a 15.9% en el 2008. Pese a que el informe de indicadores sociales del INEI hace referencia a una deficiencia en la medición del indicador de déficit calórico, lo cierto es que los porcentajes que allí aparecen muestran cierto grado de asociación con la reducción de la cobertura de los programas alimentarios. En tanto estos muestran una tendencia sostenida a la baja, los porcentajes de déficit calórico muestran una tendencia al alza, lo cual estaría demostrando la elevada sensibilidad de la tasa de pobreza hacia las transferencias de tipo gubernamental. Si se suspenden estas ayudas, es muy probable que las nuevas pruebas de calidad de la educación resulten bastante dramáticas, debido al bajísimo nivel de nutrición de la población en edad escolar.

Política de vivienda: el libre mercado provee viviendas a quien puede pagar

La política de vivienda es una dimensión de la política pública que por lo general no se incluye en las evaluaciones de la política social, por privilegiar a otros sectores como lo son el empleo o la nutrición. Sin embargo, en este artículo consideramos pertinente realizar un brevísimo balance sobre esta dimensión central de la política social, por su considerable impacto en los niveles de vida de la población. Ello se debe a que por lo general, la política de vivienda puede ser concebida como una política de respuesta de parte del gobierno a las fallas del mercado para producir un nivel aceptable de acceso a lo que se considera es un derecho humano: una vivienda digna, una vivienda social .

Es en este marco que se define el problema a resolver en la política de vivienda. A diferencia del pasado, en que el problema de la vivienda era concebido como un problema de acceso al crédito para financiar la autoconstrucción, a partir del 2002 se pensó en un modelo de construcción multifamiliar liderado por la inversión privada. En este nuevo esquema, el Estado jugaría un rol facilitador tanto entre los productores como a los consumidores de vivienda. Con ese objetivo se ha apoyado con el financiamiento a los productores de proyectos de vivienda multifamiliar y –con el bono de buen pagador–, a los compradores. Si bien es cierto que este nuevo modelo cumplió las expectativas iniciales con creces (durante el gobierno de Toledo el crecimiento medio del sector construcción fue de 6.3% y en el actual gobierno esta tasa media se ha duplicado hasta alcanzar el 13.4%), también es cierto que rápidamente se han encontrado cuellos de botella para seguir expandiendo el sector.

Entre los principales factores que explican este hecho es que el sector socioeconómico al que va dirigida la inversión parece ser más pequeño y menos pudiente de lo que se pensaba. De acuerdo con los datos de colocación del Fondo MiVivienda, luego de tocar su pico más alto en el 2005, el número de créditos cayó bruscamente de 7960 colocaciones, a 5500 en el 2006, y posteriormente se ha mantenido en una media anual de 3 mil nuevos créditos hasta el 2009. Ello solamente puede suceder cuando tienes más del 59% de la población ocupada urbana ubicada en el sector informal. La respuesta a esta restricción desde el Estado fue recurrir a los recursos que son remitidos por los migrantes peruanos que trabajan en los países más avanzados y así captar fondos frescos que oxigenen a esta estrategia de desarrollo del mercado inmobiliario. Aunque la respuesta ha sido ingeniosa en un principio, deja clara la lección que los principios de mercado no pueden guiar a una política pública que busque favorecer a las grandes mayorías que necesitan una vivienda digna, porque lo que produce son viviendas para quienes pueden en realidad pagarla. Todo esto en el marco de un proceso de auge de mercado que construye viviendas cada vez de mayor costo que cuando se inició el programa. Así, los sectores de más bajos ingresos, cubiertos por el sistema «Techo Propio», han tenido pocas probabilidades de ser beneficiado por esta política. Tampoco han podido ser beneficiadas las familias que producen su vivienda de manera gradual, ni aquellas que viven en los pueblos jóvenes en una magnitud concordante con la creciente demanda.

De lo anterior se deduce que una política de vivienda integral debe comprender una política laboral que promocione la mejora de los ingresos de los trabajadores, y en el caso peruano, habría que añadir incluso la salarización y la sindicalización. Es decir, en términos concretos, es necesario reconstruir el mercado laboral en el país. En el primer caso, se deben incluir políticas que impulsen el crecimiento sistemático del salario mínimo y la inversión en el capital humano del trabajador. En el segundo, es crucial cambiar las políticas que limitan la salarización de la mano de obra, como las que siguen vigentes en los sectores de mayor crecimiento en el país: la agro-exportación y los textiles. Y en el último caso, es necesario elevar el nivel de sindicalización de la fuerza laboral, que sólo en el caso de Lima Metropolitana, la ciudad más importante del país, apenas alcanza al 4.8% de su población asalariada .

Una segunda limitación de importancia ha sido la pobre disponibilidad de servicios básicos para la vivienda. Las estadísticas nacionales son elocuentes en ese sentido: la cobertura nacional de provisión de agua potable alcanza al 76% de la población y a 57% en los servicios de saneamiento. Estos datos esconden profundas brechas entre regiones y distritos, ya sean estas más urbanos o rurales. De acuerdo con esta realidad, la lógica de mercado no permite construir más allá de donde no se encuentre asegurada la provisión de estos servicios, si es que se quiere garantizar un nivel mínimo de rentabilidad. Este problema ha llevado a que los inversionistas busquen realizar las nuevas inversiones en los predios de los distritos donde la cobertura de servicios está garantizada, como lo son San Isidro, Miraflores, Pueblo Libre, Magdalena, Chorrillos, entre otros; en tanto que el resto de la población de menores recursos ha sido literalmente desatendida. De esta manera, se comprueba que la lógica de mercado no reemplaza a la obligación del Estado de diseñar una política más acorde a las necesidades de desarrollo urbano de la población.

Con todo, el actual gobierno asumió el reto de elevar el nivel de acceso de la población al agua y saneamiento a través del programa «Agua para Todos», el cual prometía ser el programa más importante y democratizador de la actual administración. Lamentablemente, una evaluación independiente encargada por el Ministerio de Economía y Finanzas, encontró que el diseño del programa era deficiente, sin una meta clara que cumplir, ni una metodología de implementación ordenada que permitiera realizar un seguimiento y monitoreo de los avances del mismo, y así evitar el dispendio de recursos . El hallazgo que causó mayor revuelo mediático es que con el programa «Agua Para Todos», el Estado peruano gastaría un 70% más que el promedio mundial para brindarle agua a un ciudadano. A la fecha, no se conoce si el gobierno ha atendido a las recomendaciones técnicas realizadas en dicho informe y por consiguiente las dudas respecto a la efectividad del programa no son carentes de fundamento.

¿Qué queda entonces para los pobres? En la práctica, el único instrumento de la política de vivienda orientado hacia los pobres ha sido el otorgamiento de títulos de propiedad, como una manera de formalizarla y así convertir al propietario en sujeto de crédito. Esto permitiría, en la visión primaria de Hernando de Soto, desencadenar las fuerzas del mercado más importantes del país, pues había una inmensa riqueza escondida en todos estos predios autoconstruidos, que permitiría dinamizar el crédito productivo para hacer que el país crezca. A pesar que esta relación no ha podido ser probada, el Organismo de Formalización de la Propiedad Informal (COFOPRI), continúa cumpliendo sus funciones distrayendo recursos que deberían ser asumidos por los gobiernos locales, para un mejor control y gestión del espacio urbano . Es necesario que los problemas de vivienda de la gente de bajos ingresos, sea abordada a través de un programa integral que incluya la creación de empleos que paguen un salario digno para vivir, acceso a los servicios básicos con calidad incluyendo la salud, y un incremento de la oferta de vivienda de bajo costo .

En suma, el balance de la política de vivienda indica que las estrategias de mercado no han sido exitosas en proveer una vivienda digna para las grandes mayorías. Para lo que las políticas de mercado han sido tradicionalmente exitosas, es en la distribución del bienestar y el ingreso hacia los sectores socioeconómicos medios y altos, reforzando las tendencias segregacionistas del mercado, y perpetuando los patrones geográficos de inversión y desinversión. De esta manera queda evidenciada que la fe que le han puesto nuestros líderes políticos al mercado, para remediar los problemas de vivienda digna, está fuera de sitio. Al contrario, existen potenciales nuevos problemas generados por el mercado que el Estado se verá obligado a resolver en los próximos años, si se quiere hacer de Lima una ciudad digna de vivir.

Política social y corrupción, un lamentable reencuentro

Para concluir, es importante abordar un problema central de la política social actual. Me refiero explícitamente al problema de la corrupción. En tanto que el primer gobierno de Alan García es percibido por la población limeña como el segundo más corrupto, después del gobierno de Alberto Fujimori , cabe preguntarse en qué lugar de dicho ranking quedará este su segundo gobierno. Las denuncias de corrupción en el Ministerio de Salud durante la gestión de Hernán Garrido Lecca; posteriormente las denuncias en el Ministerio de Vivienda por los fondos de reconstrucción de la ciudad de Pisco e Ica, o los casos de adjudicación de terrenos a precios irrisorios a gente allegada al gobierno; así como la falta de transparencia en el proceso de evaluación docente para ingresar a la carrera magisterial; entre otros, son apenas unos pocos de los gruesos casos que se van acumulando en el tintero de la corrupción del actual gobierno. Creo que este también es un motivo poderoso para el malestar que encandila a la población frente a un gobierno que les da la espalda, promueve ganancias exentas de impuestos al capital, penaliza el trabajo, y encima, les roba.

Estamos asistiendo a lo que habría sido un gobierno con un staff técnico «dispendiosamente» remunerado, a uno altamente corrupto. ¿Cuáles son las dimensiones de la corrupción actual?, ¿cuánto atraso está ocasionando el actual gobierno en términos de la salud, la vivienda y la educación, más allá de las cosméticas cifras del crecimiento y la pobreza? Históricamente, la corrupción directa y la institucionalizada han representado un costo medio equivalente al 30% del gasto público y 4% del PBI. En el caso del gobierno de Alberto Fujimori, este ha alcanzado el 50% del gasto público y el 4.5% del PBI . Veremos pues dentro de muy poco, como las nuevas mediciones que se realicen indiquen la magnitud de los costos que este gobierno ha ocasionado al crecimiento con equidad, al bienestar y al fortalecimiento de la democracia del país.

Un ejercicio sencillo nos permite apreciar que si las cifras de corrupción del actual gobierno se equiparan a las observadas históricamente en nuestro país, estamos hablando de un presupuesto combinado que supera con creces al nivel del gasto social orientado a la salud, la educación y la vivienda, esto es, el 3.5% del PBI. Así, los recursos distraídos por la corrupción en el Estado podrían incrementar automáticamente el presupuesto del gasto social, en al menos cuatro puntos porcentuales, logrando que este llegue a un tope mínimo del 7%. ¿Por qué no se hace? Porque el modelo económico que se ha privilegiado en el país no necesita invertir masivamente en el capital humano de su sociedad para construir el desarrollo de la misma. Una redefinición urgente y clara del rol del Estado, en el marco de un modelo de crecimiento económico que limita las oportunidades de desarrollo social, podría proporcionar las herramientas básicas para superar estas paradojas que aún persisten sin resolver por el actual gobierno.

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El presente artículo ha sido publicado por Desco en el libro Perú Hoy de julio de 2010. Los pies de páginas han sido suprimidos para esta versión web, los que en la versión publicada presentan todas las fuentes bibliográficas pertinentes para sostener las afirmaciones del presente artículo.

jueves, julio 16, 2009

El pato cojo

The Economist, quizás la mejor revista de economía y política del mundo, acaba de publicar un artículo que resume bien la actual coyuntura económica, política y social peruana. El texto califica al "pobre" Presidente García como "pato cojo". Veamos porqué (traducción no oficial):

Recomposición del gobierno peruano
Ganando tiempo
16 de julio de 2009
Un presidente impopular luce nuevos ministros

PRESENTANDO un gabinete renovado el 11 de julio, con siete caras nuevas entre 16 ministros, el presidente de Perú Alan García dijo que esperaba que esta fuera su última remodelación antes que su mandato de cinco años finalice en julio de 2011. No sólo nadie le creyó, sino que la mayoría de los expertos predicen que el gabinete del nuevo líder, Javier Velásquez [Quesquén], el tercero que toma el cargo en los últimos nueve meses, durará como jefe de gobierno sólo hasta finales de este año, o bien, con optimismo -hasta abril del próximo año, cuando la campaña para las elecciones se pongan en marcha.

El problema es que la popularidad del presidente se sitúa en torno a un triste 20% y las presiones, desde los escándalos de corrupción hasta los disturbios sociales, están creciendo. El mes pasado fue particularmente cruel. Las manifestaciones de los nativos del Perú que comenzaron en abril, irrumpieron en violencia el 5 de junio por la selva norte de la ciudad de Bagua. El número oficial de muertos fue de 33, con 23 agentes de policía entre ellos. Un agente de policía permanece desaparecido.

Fue la violencia la que condujo la recomposición del gabinete, después que el predecesor del señor Velásquez, Yehude Simon, se viera obligado a dejar el cargo junto con los ministros a cargo de la policía y las fuerzas armadas. El Sr. Simon pasó la semana entre el choque de Bagua y su caída de popularidad viajando por el Perú para hacer frente a una protesta tras otra: unos 273 hasta fines de junio, según la Defensoría del Pueblo. Por otra parte, de acuerdo con Perú Cámaras las protestas y huelgas durante el mes provocaron pérdidas de al menos US $ 295 millones.

Los problemas no han terminado. Tres días de protesta nacional precedieron a la recomposición del gabinete. El Sr. García afirma que sólo 50.000 personas, de las 29 millones del Perú, se lanzaron a las calles, pero los críticos dicen que el argumento es irrelevante. "El gobierno de Lima simplemente no escucha. Muchos de los conflictos en el país han sido creadas por decisiones basadas en lo que la administración quiere hacer y no lo que los peruanos quieren hacer ", dice Rómulo Triveño, presidente de la región de Ica, al sur de la capital. Mientras tanto, las estadísticas publicadas recientemente han registrado en el mes de abril el primer descenso mensual del PIB desde mediados de 2001 y el país ha sufrido sus primeras muertes por la gripe porcina. Esas muertes tuvieron un impacto político, un día después de que el Sr. García afirmara que su gobierno derrotaría la enfermedad, así como la crisis financiera internacional, para el final del año.

El Sr. Velásquez, al igual que el Sr. García, es miembro del partido aprista que gobierna en la actualidad. Ambos podrían sufrir por una decisión judicial que permite salir de la cárcel al sr. Rómulo León, un compañero aprista presuntamente involucrado en la corrupción, para cumplir arresto domiciliario. El sr. León es sospechoso de fechorías –que el niega- que provocó la primera gran reorganización del gabinete el pasado mes de octubre. Opositores huelen un encubrimiento, aunque no hay pruebas de ello.

Las malas noticias políticas tienen lugar en un contexto de buenas noticias económicas en general. A pesar de las últimas cifras del PIB que muestran una desaceleración del año pasado cuando hubo una tasa de crecimiento del 10%, el Perú seguirá siendo uno de los pocos países de América Latina que registrará un crecimiento positivo para este año. La inflación está disminuyendo rápidamente y el superávit comercial del país ha aumentado, superando los $ 1 mil millones para los primeros cinco meses del año.

Pobre señor García, entonces: su presidencia corre el riesgo de convertirse en unpato cojo prematuramente. Ya se han inscrito 21 partidos antes de las elecciones presidenciales que debían presentarse en 2011 y decenas más están tratando de reunir los 145.000 nombres necesarios para la contienda –entre ellos dos de las víctimas de la recomposición de la semana pasada, el señor Simon y el ex ministro de las fuerzas armadas, Antero Flores Aráoz.

Lea el artículo original en inglés en:




lunes, junio 08, 2009

Masacre en Perú: ¿por qué contra aguarunas y huambisas? (I)

Comparto este excelente artículo escrito por Marco A. Huaco P.*:

Sí, aunque los diarios “El Comercio” y “Perú 21” sigan poniendo entre comillas la palabra “masacre”, la sociedad asiste horrorizada a las masacres del 05 y 06 de junio mientras el Presidente García y sus Ministros inventan justificaciones cada vez más alucinantes ahora hablando de conspiraciones internacionales (¿Ecuador-Bolivia-Venezuela?) para impedir que el Perú explote sus recursos petrolíferos, gasíferos, auríferos, hídricos y forestales…que es al final todo lo que le interesa al perpetrador intelectual de la política del “perro del hortelano”. Ahora todos aquellos que todavía no estaban convencidos constatan que aquella insultante etiqueta del “perro” no era proclamada como simple metáfora agraviante sino como figura muy literal con ribetes genocidas.

Los hechos del 05 de junio demuestran que la agresión armada comenzó a iniciativa policial y que le correspondió un contraataque indígena. Qué otra conclusión puede desprenderse de cabezas y rostros indígenas partidos a la mitad por bombas lacrimógenas disparadas desde helicópteros y un operativo iniciado a las 5 de la mañana por centenares de efectivos de las fuerzas especiales premunidos de fusiles AKM y munición de guerra; qué otra conclusión podemos obtener de los cuerpos de los policías baleados por su misma munición.

Y los hechos de los próximos días demostrarán ante todo el mundo, que a pesar de la desaparición de cadáveres mediante su quema, el entierro en fosas comunes y su arrojo en los ríos, la cifra de asesinados indígenas supera muy largamente el número de 09, cifra que la Defensoría del Pueblo, el Gobierno, los medios de comunicación y hasta periodistas normalmente independientes como César Hildebrandt, insisten en restregarnos para que todos creamos que un operativo policial planificado con anticipación se convirtió en una “emboscada indígena asesina contra policías”.

Esta matanza sorprende a todo el país, pero la pregunta sobre los bestiales acontecimientos permanece: ¿por qué se organizó una operación policial de este calibre contra Aguarunas y Huambisas?, ¿estamos ante gobernantes desquiciados, ante fríos gobernantes gravemente comprometidos con poderosos intereses extranjeros, o a una mezcla de todo esto y de muchas otras cosas?. ¿Se trató de una calculada acción para descabezar y liquidar de un solo golpe al movimiento indígena amazónico y así consolidar a sangre y fuego uno de los principales capítulos del modelo económico neoliberal?.

Por causa de la cómplice manipulación informativa de medios escritos y televisivos que sólo resaltan las imágenes de los policías masacrados mientras que las fotos de los nativos asesinados sólo circulan restringidamente por internet, y por causa de un gobierno que con racismo tan asombroso como repugnante declara duelo nacional sólo por los policías muertos mientras llama a los indígenas “terroristas” e insiste en “sólo nueve indígenas muertos”, lo siguiente debe decirse de todos modos:

A diferencia de la generalizada ignorancia que existe sobre quiénes son los pueblos jíbaros Awajún y Wampís, (ignorancia de la que cumplidamente se aprovecha este régimen para exhibirlos como “terroristas”), el Gobierno de García sí CONOCÍA perfectamente las especiales características de dichos pueblos. Nos referimos a su conocida y ancestral ferocidad cuando se les acosa, cuando muere uno de los suyos o deciden entrar en guerra; y luego a su eficaz conocimiento del manejo de armas de guerra ya que sus jóvenes y hombres han servido como tropa en las guerras entre Perú y Ecuador de 1941, 1981 y 1992, desarrolladas precisamente en la Cordillera del Cóndor, área de su territorio ancestral. Estos dos factores no eran ignorados por el Estado y, como demostraré luego, ya han sido explotados antes por este Gobierno y empresas mineras para azuzar a los indígenas e incitarlos de manera criminal a una reacción defensiva violenta como la ocurrida en Bagua. Sumado a lo anterior, considérese los graves conflictos locales acontecidos este año con empresas mineras, petroleras y el ministerio de energía y minas; todo lo cual convertía a Bagua en el foco más delicado de la protesta indígena en la Amazonía.

Y es que aunque antiguas prácticas como la Tsantsa (reducción de cabezas del enemigo) ya no se practiquen y hayan pasado felizmente al olvido, los reflejos bélicos de Wampís y Awajúns se han mantenido vivos debido a su participación en las guerras con Ecuador lo que ha reforzado un especial sentido de pertenencia y celo territorial por partida doble: por ser sus territorios tradicionales desde antes de la existencia de la república y por ser una tierra en la que sus propios hijos han derramado su humilde y anónima sangre defendiendo los límites del Estado republicano.

Las “usuales” agresiones y crímenes que los regímenes represivos cometen contra nuestra sociedad civil mestiza y que ella siempre soporta, olvida y hasta perdona, de ninguna manera reciben la misma reacción en el mundo de los Awajún y Wampís. Mientras los ciudadanos mestizos reaccionamos como masa de protesta que pelea con puños y piedras pero que finalmente se desbanda para proteger su propia vida, ellos reaccionan como pueblo guerrero que contraataca en busca de reducir al enemigo y tomarse vida por vida. Eso lo sabe absolutamente bien cualquier militar -oficial o soldado- que haya trabajado en la Amazonía jíbara. Y cómo no, lo sabía Alan García. ¿O es que su antropólogo cortesano Juan Ossio no se los advirtió o tampoco ellos tomaron en serio a este señor?.

Leamos por ejemplo, lo que el INRENA (hoy Servicio de Áreas Naturales Protegidas) escribía en 2007 a diversas carteras ministeriales en el proyecto de decreto supremo que mutilaba a la mitad el área de protección ecológica del “Parque Nacional Ichigkat Muja”, ubicado dentro de territorio tradicional indígena:

“Los pueblos aguaruna y huambisa, autodenominados awajun y wampis respectivamente, pertenecen a la familia lingüística Jíbara, la cual constituye una de las naciones indígenas amazónicas más numerosa y de importancia cultural y política de la Amazonía. Con un fuerte sentido de identidad, se han caracterizado como un pueblo guerrero que ha sabido defender su territorio frente a diferentes amenazas e intentos de dominación que se les han presentado en distintos momentos de su historia”.

“Una de las características de la cultura Jíbara, con predominio en los hombres, es su actitud guerrera. Los hombres jóvenes se preparaban durante años para una carrera espiritual, social y militar, y en resumen, lograr el perfil de “hombre guerrero” a través de la observación de prohibiciones conductivas y dietarias y del consumo repetido de alucinógenos extraídos de plantas semi cultivadas y salvajes, con el fin de lograr visiones de un futuro exitoso”.

En el documento “Valoración cultural de los Awajún y Wampís” producido por un proyecto del INRENA co-ejecutado con una organización privada conservacionista, se reseña lo siguiente:

“Durante los siglos XVII y XVIII los españoles realizaron varios intentos de subyugar a los Jíbaros, pero sin éxito. Así los Jíbaros mantuvieron su libertad durante el resto del período colonial”.

“La fiebre del caucho comenzó entre los años 1880 y 1914; y, si bien para muchos grupos nativos en el Perú, la época del caucho significó la condena a la esclavitud y tratos infrahumanos también esta época les representó un mayor acceso al tráfico de mercancías. (…) En 1904 los Awajún/Wampís hartados de los abusos de los caucheros, en una correría bien organizada, mataron a los caucheros y eliminaron todos sus puestos”.

Afirmaciones como éstas sobreabundan en expedientes y comunicaciones oficiales entre el INRENA y el Poder Ejecutivo a propósito de concesiones mineras, categorización de zonas ecológicas reservadas, evaluaciones ambientales, y discusiones intersectoriales. Y como puede comprobar cualquier persona que haya ingresado a territorios jíbaros respetando las autoridades y normas indígenas establecidas consuetudinariamente, los Pueblos Awajún y Wampís son normalmente pacíficos, hospitalarios y amistosos. Pero también pueden pasar a la defensa armada frente a ataques o injusticias que amenacen a sus familias. Y este contraste lo conocen muy bien funcionarios estatales, militares y profesionales de organizaciones civiles y religiosas.

No se trata de justificar lo que es injustificable apelando a razones culturales, sino de comprender la naturaleza política de la decisión del régimen en la sangría de Bagua y por la que tendrá que dar cuentas ante la justicia internacional: el comando Aprista de Gobierno, fiel a su trayectoria histórica de derramar sangre civil y policial –sea como partido de oposición insurrecto, sea como partido de gobierno-, eligió conscientemente la solución violenta contra Awajúns y Wampís sin importar las consecuencias, con pleno conocimiento de causa de lo que podría ocasionar. El Aprismo ha enviado al matadero a policías obligados a cumplir órdenes y ha asesinado a indígenas que defendían su derecho a existir como pueblos. El Aprismo ha escrito un nuevo capítulo en su sangrienta historia.

Pero de estos horrendos incidentes, García no se librará como lo hizo respecto a los crímenes del caso El Frontón en su primer gobierno cuando 111 subversivos presos ya desarmados fueron asesinados, pues no existe ninguna duda de que García, su primer ministro y la ministra del Interior serán acusados de crímenes de lesa humanidad y de genocidio por enviar a los efectivos policiales a una muerte segura y por consentir acciones bélicas contra civiles que luego de 55 días de protesta lograban mantener la cordura a pesar de la drasticidad de sus protestas.

En la segunda parte de este artículo expresaré cómo es que la hipótesis de la provocación deliberada contra los indígenas no es una exageración descabellada ni panfletaria, a la luz de conflictos ocurridos este año en comunidades aguarunas de El Cenepa.
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*Asesor Legal del Grupo de Trabajo Racimos de Ungurahui
Ver más artículos del autor en www.marcohuaco.com

viernes, octubre 24, 2008

Un Estado incapaz de ver y hacer

El Perú tiene un Estado incapaz de ver la crisis y actuar con consecuencia. Esta reflexión se basa en la lectura del sendo editorial publicado ayer por el New York Times, el cual reproduzco en parte, a continuación:
El sistema financiero de los Estados Unidos es la víctima de décadas de desregulación Republicana y de políticas anti-fiscales. Estas ideas han demostrado ser equivocadas a un precio insondable, pero el Sr. McCain - un autoproclamado "soldado de infantería de la revolución Reagan" - sigue siendo un creyente. 

El Sr. Obama considera que serán necesarias reformas de gran alcance para proteger a los americanos y sus negocios. 

El Sr. McCain habla mucho de reformas, pero su visión es obtusa. Su respuesta a cualquier pregunta económica es eliminar el gasto en barriles de carne de cerdo - cerca de $ 18 mil millones de dólares en un presupuesto de 3 billones - recortar los impuestos y esperar a que los mercados libres de trabas resuelvan el problema. 

El Sr Obama tiene claridad de que la estructura tributaria de la nación debe ser cambiada para que sea más justa. Esto significa que los ricos americanos que se han beneficiado desproporcionadamente de los recortes de impuestos de Bush tendrán que pagar ahora un poco más. Los trabajadores estadounidenses, que han visto caer su niveles de vida y reducirse las opciones de sus hijos, se beneficiarán. El Sr. Obama quiere aumentar el salario mínimo e indexarlo a la inflación, restablecer un clima en el que los trabajadores puedan organizarse en sindicatos si lo desean, y ampliar las oportunidades de educarse. 

El Sr. McCain, quien alguna vez se opuso a la reducción de impuestos para los ricos por considerarla fiscalmente irresponsable, ahora quiere hacerla permanente. Y mientras él habla de mantener los impuestos bajos para todos, su proyecto de recortes beneficiará abrumadoramente al 1 por ciento más rico de los estadounidenses, mientras que se perforará un agujero fiscal cada vez más profundo.
Quiero destacar dos puntos del texto a propósito de la declaración que hice en la introducción de este artículo. El primero, es acerca de la importancia del tema redistributivo a través de la política fiscal. El segundo, la cuestión de la regulación de los mercados. 

Creo que es importante recuperar ambas capacidades del Estado peruano a través de una discusión aguda en la agenda política de nuestro país. 

Sobre todo cuando las posibilidades de invertir en nuestros territorios han sido incentivados por sistemas impositivos ventajosos para los grandes capitales foráneos. Cuando se declara legalmente que la prioridad nacional son minas con nombre propio, en vez de los pujantes gamarrinos que brindan trabajo a miles de peruanos en apenas 8 cuadras de La Victoria. Cuando el marco regulatorio de muchas de nuestras privatizaciones de los noventa se crearon después de haberlas hecho, e incluso, habiéndose dado juntas, la regulación se hizo funcional a los intereses del libre mercado. Cuando grandes extensiones de tierra se ponen en venta al primer postor, sin considerar la existencia de comunidades nativas milenarias. Cuando uno visita comunidades en la sierra central donde el único referente de Estado es la empresa minera. Cuando un ex primer ministro pide en nombre de la sociedad limosna a las mineras (y en nombre suyo, alguito pues), en vez de aplicar un impuesto justo y transparente. Cuando el Presidente penaliza la protesta y anula los sindicatos y en su lugar, se brindan ventajas a las asociaciones empresariales. Cuando el ministro de economía anuncia que nos endeudaremos para atraer los capitales, a pesar que en New York les dicen que mejor no lo haga. Cuando el Presidente con la gentita del BCRP y el propio MEF salen a decir la crisis financiera no nos afectará para nada, no me queda más hálito para señalar de que nuestro país se encuentra en la anomia.

Este Estado parcializado, incapaza de ver y hacer algo por el bienestar de quienes lo eligieron a regañadientes, ha permitido obtener ganancias extraordinarias por varios años no sólo a las mineras, sino a las AFPs, las empresas financieras, y quien sabe que otros sectores específicos más, sin ningún intento de redistribuir por la vía fiscal, sino más bien por el de la caridad adaptada a las pujas de comunidades que las circundan. Sin ningún intento de regular, para que el funcionamiento garantice el máximo de bienestar.

Una mayor regulación y una mayor capacidad impositiva son las columnas vertebrales de la construcción de un Estado fuerte. Si no tiene capacidad de hacerlo, tenemos entonces un Estado subordinado, mellado, un títere de las pasiones y avaricias del gran capital. Uno que es incapaz de responder a las expectativas de las grandes mayorías. 

Pero lo más lamentable es que asistimos a un Estado asaltado por un grupo de buscadores de rentas. Un bando que no tiene ideología liberal o socialdemocráta. Un equipo pragmático que se ha juntado para hacer la vista gorda, con tal de pasar tranquilo estos cinco años, sin intentar redistribuir hacia las mayorías populares. Les bastaba impulsar políticas de empleo digno de la mano del incentivo de una pequeña base industrial emergente, pero prefirieron seguir el juego de la focalización y la entrega de dinero condicionado.

¿El próximo candidato presidencial pensará en estas cuestiones realmente? No lo sé. Por lo pronto, debo destacar como algunas investigaciones recientes revelan cómo el modelo primario exportador se encuentra a la base de la economía de la violencia social que caracterizan a la mayoría de países en desarrollo (descargar aquí, pdf). Algo que comentaré en un próximo artículo.

jueves, octubre 23, 2008

¿FMI al rescate de los países en desarrollo?

Me ha llamado mucho la atención el reciente artículo escrito por Dani Rodrik en su blog, sobre cómo se está extendiendo la crisis en los países en desarrollo (también llamados mercados emergentes). Ello porque este economista está recomendando el relanzamiento del FMI como el único agente que puede salvar a las economías en desarrollo a través de una ola masiva de préstamos. 

Países como Argentina, Perú o Brasil verían con nostalgia el costo que les ha significado desembarazarse del "yugo" del Fondo al pagar la casi totalidad de las deudas que tenían con este organismo, para volver ahora a tomar créditos por causa de una crisis que nuestros países no han generado. América Latina pagará con creces la crisis financiera americana.

También resulta interesante cómo se postula la idea de que si nuestros gobiernos comienzan a imitar la nacionalización de los bancos podrían aumentar el riesgo de la fuga de capitales, incluso de inversionistas nacionales, tal como ocurrió durante el primer gobierno de Alan García. Cuestión que ha sido diametralmente opuesta para el caso de los países industrializados donde las nacionalizaciones recientes han significado mas bien un aumento de confianza para los inversionistas globales.

Con ello, la conclusión de fortalecer la figura del FMI, emitiendo masivamente DEGs necesarios para su plan de rescate de las economías en desarrollo, daría la oportunidad de relanzar a este organismo para una nueva era de hegemonía financiera y política sobre América Latina.

¿Por qué no prosperaron las reformas tributarias en nuestros países que podrían haber captado recursos para fortalecer a nuestros Estados? Cuestiones tan elementales como el impuesto a las sobreganancias del sector minero, constituyen ahora oportunidades perdidas para sentar las bases para el ahorro público que podría haber ayudado a fomentar la inversión pública y privada que viabilizara un modelo de producción alternativo que nos librara del crecimiento primario exportador. 

Desde el 2001 al 2008, época de la bonanza macroeconómica peruana, se han drenado recursos al exterior a través de la remesa de utilidades de las empresas mineras que sólo durante el 2007 han bordeado los 8 mil millones de dólares. Y las exportaciones están concentradas en materias primas que los inversionistas internacionales ahora buscan como locos para protegerse de la crisis: oro y plata. ¿Y nuestro Estado? Una limosa minera por favor... la hipótesis de la corrupción y fraude al interior del actual gobierno con la finalidad de no redistribuir para sentar las bases para un modelo de desarrollo industrial es más que evidente.

Igualmente, resultan inverosímiles propuestas como la del ex funcionario del FMI, ahora ministro de economía peruano, para que nuestro gobierno emita bonos que impactarán peligrosamente en nuestro nivel de endeudamiento. Hasta los inversionistas globales de New York opinan que no es necesario que el Perú se meta en un problema como este. 

En fin, reproduzco el artículo en cuestión para la necesaria discusión sobre la mejor manera de abordar la crisis con propuestas desde nuestros propios países.

La próxima etapa de la crisis
Dani Rodrik

Uno puede hacer un argumento decente de que la crisis financiera ha tocado fondo en los países avanzados (con la economía real, las consecuencias aún están por venir, por supuesto). Sin embargo, esta crisis apenas ha comenzado para los mercados emergentes, y podría ser para ellos mucho, mucho peor.

Algunas de estas economías están afectadas por (ahora) la disminución de los precios de las materias primas, otros por grandes déficits en cuenta corriente, y si no tienen problemas en otra cuenta, son (como China) dependientes de los mercados de exportación hacia los países avanzados que están a punto de agotarse. Estos fundamentos son muy magnificados por la evaluación de los riesgos en los mercados financieros. Ahora que los países avanzados han rescatado y garantizado gran parte de sus sistemas financieros, hay una demarcación más clara entre activos "seguros" y "riesgosos", con los mercados emergentes en la segunda categoría. El vuelo hacia la seguridad ya está atrayendo a un gran número de ellos. Y lo peor es probable que venga cuando los residentes nacionales se unan en masa a la fuga de capitales.

Todo esto significa que los gobiernos de estas economías estarán bajo presión para imitar las garantías públicas y los rescates que hemos visto en los EE.UU. y la UE. Pero hay una gran diferencia. Los mercados emergentes en su mayor parte tienen sistemas fiscales débiles y frágiles, y la magnitud de una potencial corrida de capitales es enorme, incluso en relación a las grandes montañas de reservas que muchos de ellos han acumulado. La socialización de los pasivos privados pueden aumentar la confianza en los países ricos, pero es probable que amplie la corrida en los mercados emergentes. Por lo tanto, estamos hablando de colapsos económicos que podrían ser significativamente más grandes que lo que han experimentado los países ricos. Y esta vez los países en desarrollo pueden legítimamente decir: ¡No es culpa nuestra! 

Es por esta razón que la ayuda externa es absolutamente necesaria. Este es el momento, si hay alguno, para que el FMI actúe como un verdadero prestamista mundial de último recurso - masivamente, y sin muchas precondiciones previas. Deben abrirse líneas de crédito a los mercados emergentes antes de que el pánico empeore. Lo más que el FMI ha prestado en todo un año de crisis anteriores sumaba decenas de miles de millones de dólares. Lo que se necesita ahora es más, del orden de los cientos de miles de millones de dólares. Para que el FMI cuente con tales recursos, si es necesario, se pueden emitir nuevos derechos especiales de giro.

Hasta ahora los gobiernos han estado detrás de la ola. No repitamos esta experiencia en la próxima fase de la crisis, que ahora se está extendiendo al mundo en desarrollo.

Cita aquí en Choike.

martes, octubre 14, 2008

Montesinos y la carrera presidencial estadounidense

Leyendo el blog de Freakonomics, encuentro este animado articulo que pretende obtener lecciones para la campaña de McCain a partir de la estrategia de gasto de Vladimiro Montesinos para sobornar en el Perú.

De acuerdo con esta fuente, cerca de USD 3 millones mensuales fueron utilizados para mantener al Ing. Alberto Fujimori en el poder, "aceitando" (usando la nueva terminología de León) a jueces, oficiales de la policía, militares, políticos de oposición y propietarios de canales de televisión. De estos, el último grupo (las telecomunicaciones) fue el que concentró la mayor cantidad de aportes. Así lo señala el estudio revisado por Freakonomics (ver estudio aquí):
Un sólo soborno a un canal de televisión fue cuatro veces más grande que el total de sobornos destinados a políticos de oposición. [...] La preferencia revelada entonces es que, el más fuerte apoyo del poder del gobierno estaba en las noticias diseminadas por los medios de comunicación.
Ello, junto con la constatación arribada de este otro estudio (descargar aquí en pdf),
La cantidad de dinero gastada por los candidatos poco importa en absoluto. Un candidato ganador puede reducir su gasto en la mitad y perder sólo el 1 por ciento de los votos. Mientras tanto, un candidato perdedor que duplica su gasto puede esperar a cambio el voto en su favor por el mismo sólo el 1 por ciento. Lo que realmente importa para un candidato político no es cuánto dinero gastaría; lo que importa es quién eres.
...hace que el autor del artículo se explique cómo Obama invierte fuertemente (más de USD 100 millones sólo en el mes de septiembre) en cómo los medios hacen ver quien sería Obama, en vez de quien es realmente. Al mismo tiempo, recomienda a McCain "enviar un poco de dinero a sus amigos en los medios" para obtener algún incremento en la proporción de votos a su favor.

Lo curioso del tema es que habría sido más conveniente para Freakonomics comparar las elecciones presidenciales de Perú en 1990 con las que lleva en la actualidad la carrera presidencial estadounidense. Creo que incluso sería más preciso señalar las elecciones presidenciales de 1990 durante la campaña de la segunda vuelta. Ello con la finalidad de que no se hagan interpretaciones apresuradas con sus consecuentes recomendaciones fuera de lugar.

En efecto, la campaña presidencial de 1990 durante la segunda vuelta tuvo a dos competidores: el ingeniero Alberto Fujimori y el novelista Mario Vargas Llosa. La campaña del último tuvo una movilización impresionante de recursos en los medios, para el que no hay estimación cierta y verificada hasta la fecha. Mientras tanto, la campaña del ingeniero, fue bastante austera y limitada a la declaración de una promesa incumplida poco después de ganadas las elecciones: no aplicaremos el shock económico que piensa hacer el otro.

En ese sentido, cobra notable importancia las conclusiones obtenidas del estudio de Levitt; pero para señalar que, al menos en el caso peruano de 1990, se voto en contra de, en vez de. Existen célebres trabajos realizados por Fernando Tuesta o Martin Tanaka donde se discute este tipo de cuestiones que espero volver a revisarlos en breve para dialogar sobre el tema.

lunes, julio 28, 2008

La meta del 30% de pobreza

Si Alan quiere resarcirse con el Perú por el aumento de la pobreza que ocasionó por la mala gestión de su primer gobierno, debería establecer como objetivo reducir la tasa de pobreza a 26.25% en vez del 30% que ha propuesto (ver aquí). Veamos por qué.

Como se puede apreciar de la tabla, durante el primer gobierno de García, la tasa de pobreza aumentó de 41.6% a 57.4%, teniendo como consecuencia un aumento del número de pobres en 4.5 millones aproximadamente (las cifras son del Instituto Cuánto). En este segundo gobierno, si la magia del INEI y el BM logra que Alan consiga la meta de 30% de pobreza, tendríamos que el número de pobres se habrá reducido en 3.3 millones.

Esto significa que habría un número aproximado de un millón, ciento veintisiete mil peruanos que faltaría rescatar de la pobreza para que Alan deje al Perú tal como lo encontró en 1985. Este desafío surge por un puro efecto demográfico, obligando que la meta sea 26.2% y no el 30% que maneja el actual discurso presidencial.

No obstante, cabe recordar que aquí nos referimos únicamente al problema de resolver la deuda pendiente con las personas que lanzó al mar de la pobreza en su primer gobierno. Falta evaluar otras dimensiones de la realidad social y económica peruana como el problema de la desigualdad, los ingresos medios, entre otros indicadores de interés, que espero abordar en un próximo post.

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Ver un artículo similar que publiqué hace unos meses atrás.

Asimilando a Toledo

Inteligentemente, Alan García, asimiló en su discurso de hoy 28 de julio, una de las críticas ácidas de Toledo. Así, mientras que en el discurso de hoy señaló:
Es mejor avanzar con paso firme que dar un gran salto y caer en el vacío...
Toledo ayer criticaba:
En vez de crecer a 10% es mejor crecer a 7 u 8% por 30 años, y que el beneficio llegue a los pobres y no produzca inflación.
Con este tipo de ejercicios, es probable que Alan logre anular rápidamente a un potencial reemplazante para el 2011. Toledo tendrá que cambiar su estrategia de banderillero porque el búfalo sabe bien cómo asimilar las picadas a su favor.


martes, julio 24, 2007

Una pregunta importante que hacernos

El Financial Times, ha publicado un artículo donde se reportan los resultados de una encuesta sobre lo que piensa la población de los países más desarrollados del planeta acerca de los efectos de la globalización en la desigualdad. El tema de fondo en debate es la percepción de la población de 'a pie' sobre la desigualdad y el mercado global. Entre varias de las preguntas hechas, resalto una que creo debería hacerse en nuestro medio:


Como se puede apreciar, la principal revelación de este gráfico es que una proporción elevada de los entrevistados (se entrevistaron a más de mil personas vía electrónica) piensa que no todas las personas de su país tienen las mismas oportunidades para alcanzar su pleno potencial. Tómese en cuenta que estamos hablando de países desarrollados: España, Italia, Francia, Alemania, Inglaterra y los Estados Unidos. En este último país, es el único donde las respuestas están por igual repartidas entre los que piensan que sí y los que piensan que no.

Como sea, la anterior pregunta tiene dos esferas de evaluación que no son tomadas en cuenta en varias de las encuestas que se realizan en nuestro país: i) la situación de la igualdad de oportunidades -a pesar de los antecedentes sociales- y, ii) las posibilidades de realización de vida de un ciudadano cualquiera. Estas preguntas son muy interesantes en la medida que nos permiten explorar las distintas percepciones que tiene la ciudadanía sobre las posibilidades de éxito de un tercero cualquiera en su respectivo territorio.

En nuestro país, las preguntas más parecidas a esta son: i) La que suele pedir a una determinada persona si percibe que su situación económica personal y la de su familia ha cambiado positiva o negativamente o no ha cambiado en los últimos 12 meses; y ii) La que pide cómo cree que cambiará su situación económica en los próximos 12 meses. Llama la atención que alrededor del 40% de las respuestas a la última pregunta se concentran siempre en una visión optimista del futuro inmediato. Eso no está nada mal para un país como el nuestro que es mayoritariamente joven en las áreas urbanas. No obstante, las respuestas a la primera pregunta se concentran casi siempre en aquella categoría que indica que siguen en igual situación que en el último año (alrededor del 50%). Es decir, buena parte de la población tiene una disposición positiva a enfrentar el futuro, pero una proporción mayor se topa con que no pueden cambiar su situación significativamente.

En contraste con la anterior aproximación, la pregunta realizada por el FT Polls, explora el problema de la desigualdad con "el otro" viviendo en un mismo territorio o contexto. No se limita a un problema de evaluación del nivel de vida personal o familiar, sino que va más allá, al escenario más próximo, regional o incluso nacional para un tercero cualquiera.

Creo que incorporar este tipo de preguntas puede ayudar a la población concientizarse del tema de la desigualdad en nuestro país. Puede también explorarse la hipótesis de si las clases más ricas tienen una preocupación real en favor de las clases menos favorecidas. Al parecer, en los países más ricos del mundo, si está presente, tal como lo demuestra los siguientes comentarios (traducción libre):
[Los ciudadanos de los países más ricos] desean que sus gobiernos incrementen los impuestos de aquellos que tienen los más altos ingresos.

[...] La visión de que al abrir sus economías a un comercio más libre resultará por igual beneficioso entre los países ricos y pobres no es compartido por los ciudadanos de los países más ricos, a pesar de cuan liberales sean sus tradiciones económicas.
El artículo de FT termina señalando de que el problema de la creciente desigualdad está en la cima de la agenda política de cada uno de los países más ricos del mundo y que pronto se convertirá en un tema decisivo en las próximas elecciones presidenciales en los Estados Unidos.

¿Qué dice Hillary Clinton al respecto? Su website lo señala como un issue fundamental qué abordar, con la siguiente frase:
La clase media americana se encuentra bajo sitio y lista para el cambio. La gente está trabajando más duro y más tiempo por menos y menos...
¿Qué dijo el presidente Alan García en su primer mensaje presidencial? (énfasis mío)
Nuestra meta es crecer pero crecer mas y con empleo apoyando al productor y trayendo más inversión, abriendo el Perú al comercio competitivo con Europa, con Sudamérica, con los Estados Unidos y con el Asia. Nuestra meta es la justicia haciendo que el estado sea de los pobres, promueva el empleo y compense la desigualdad regional y social.
Espero que no siga olvidando estas palabras tan significativas hoy por hoy, luego de las cifras de pobreza publicadas hace unos días que revelan un incremento importante de la desigualdad.