martes, septiembre 25, 2007

Los desafíos de la minería

El siguiente artículo de opinión del diario El Comercio, que reproduzco en su totalidad (énfasis mío), me parece muy interesante. Declara con sinceridad ajena la agresividad ambiental de la minería y la necesidad de buscar cómo complementar armónicamente con la agricultura campesina del país. Quizás, a través de un acuerdo, que no queda bien en claro en qué términos.
Impopular pero indispensable
Por Martín Belaun de Moreyra. Abogado

El Perú está viviendo circunstancias extraordinarias en las que se dan simultáneamente un conjunto de condiciones favorables y desfavorables. Esta situación es particularmente notoria en el caso de la minería, que atraviesa por un período de auge, en buena medida generado por el alza de las cotizaciones experimentadas en el último quinquenio.

Obviamente se ha llegado a esta etapa porque tenemos los recursos naturales para una explotación minera intensa, dado que de nada servirían los precios si no tenemos el respaldo geológico necesario. A lo que debemos agregar que también existen ahora los capitales, la tecnología así como los cuadros humanos y organizativos que permitan un buen desarrollo de la industria minera en beneficio de las empresas, de la sociedad y del Estado. ¿Qué es lo que falta entonces para escoger un rumbo correcto que nos ayude a dar un salto cuantitativo y cualitativo en el ámbito económico y social?

En esencia nos falta un acuerdo entre los actores y protagonistas de la industria minera y de la población circundante a su radio de acción. La minería enfrenta varios desafíos que la han hecho impopular a pesar de ser indispensable. ¿Cuáles son? Fundamentalmente la conciencia ecológica que mira a la minería como el gran factor de contaminación ambiental.

No cabe duda que la minería es agresiva respecto de su entorno físico y geográfico. Para hacer minería se tiene que entrar a las entrañas de la tierra y esa penetración tiene innegables consecuencias negativas. Por lo pronto, tratándose particularmente de las explotaciones a tajo abierto, altera el paisaje. La metalurgia también es agresiva en cuanto genera residuos de todo tipo, relaves, emanaciones, humos, gases, vertimientos, etc, que mal dispuestos contribuyen a envenenar el ambiente. Pero estos factores perjudiciales son perfectamente corregibles.

Es válida la propuesta de tener una minería limpia que elimine o disminuya hasta donde fuere materialmente posible las inevitables consecuencias desfavorables de la explotación de los recursos naturales. Para lograrlo se requieren diversos elementos concurrentes. En primer lugar la decisión armónica, concertada y solidaria del Gobierno, de los entes reguladores, de la industria y de la sociedad entendida en su más amplia acepción. En esta perspectiva se deben evitar las actitudes gratuitamente hostiles o complacientes a fin de evaluar a las explotaciones mineras con un criterio objetivo.

Los mineros y los agricultores deben entenderse porque gracias a ese entendimiento ambos van a florecer. No existe una antinomia per se entre la minería y la actividad agropecuaria y las dos pueden complementarse económicamente. Es una cuestión de respetar el espacio de cada cual y de aplicar las normas vigentes.

Debe haber, con la ayuda del Gobierno y de la sociedad, una interacción y un diálogo permanente entre estos dos sectores, que permita identificar áreas y campos de cooperación, mediante los cuales la minería pueda ejercerse sin perturbar el desarrollo agropecuario de las zonas circundantes. En la hora actual, la industria minera debe aceptar el reto de consolidar su legitimación social para el beneficio del país, de la sociedad y de la industria.
Creo que el problema no es tanto buscar complementariedad entre agricultura y minería, sino más bien como este sector se articula con un conjunto de dimensiones más complejas: minería y riesgo en la seguridad alimentaria, minería y cultura, minería y turismo ecológico, minería y gobiernos locales, minería y gobierno central, minería y redistribución del ingreso, y tantas otras aristas más.

Si nuestro territorio fuera un país sin una de las culturas más importantes del mundo, sin la presencia de una variedad de climas y riqueza botánica y animal, sin la presencia de una variada comida popular, sin un proceso de descentralización en marcha, sin la presencia de una de las sociedades más desiguales del mundo, creo que la minería bien podría haberse tomado como prioridad e interés nacional sin cuestionamiento alguno.

Pero basta darse una vuelta por las diferentes regiones del país para que uno se de cuenta que buena parte de la población rural vive aún del autoconsumo, buena parte de nuestra olla casera o del restaurante más sofisticado al que vamos se provee de una variedad de productos de nuestra costa, sierra y selva, buena parte de nuestros (y los ajenos) viajes al interior se disfrutan por el embrujo de paz que la naturaleza nos da, como para pensar que el futuro del país sólo se resolverá con una conversa entre los mineros y las poblaciones circundantes.

El debate sobre la minería le interesa a todos los peruanos y depende de cómo se articulen sus intereses para que el país logre un desarrollo no sólo sobre la base del despunte de los precios de los minerales que explota este sector, sino también como los beneficios adicionales que ella obtiene sirven para consolidar una base de desarrollo tecnológico para el país.

Es impopular, pero es indispensable, en este momento, construir una estrategia de desarrollo integral sobre la base de ella y acorde con las necesidades de nuestra sociedad en su conjunto.

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