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lunes, octubre 27, 2025

Cuando flexibilizar los monopolios es más importante que flexibilizar al trabajador

Tras publicar mi anterior artículo sobre la paradoja de cómo el crecimiento exponencial de profesionales en el Perú convive perfectamente con la caída de la productividad que lleva ya varios años en su economía, recibí una pregunta de un amigo que me hizo detener a pensar: "Raúl, es importante distinguir entre destrucción creativa y desregulación indiscriminada y nulo control del Estado. Hemos sido testigos de tantas desgracias".

Esa pregunta no es un mero matiz; es el corazón del debate que el Perú necesita tener. Es la línea que separa el progreso de la depredación. Y mi respuesta es que, precisamente, la mayor trampa de nuestra economía es que los grupos de poder han secuestrado el concepto de "destrucción creativa" para vendernos su opuesto: una "desregulación" que solo les beneficia a ellos, consolidando sus privilegios y ahogando la competencia.

Han logrado que confundamos la libertad para innovar con la libertad para contaminar, precarizar el trabajo y evadir impuestos. Han vendido la idea de un "mercado libre" que, en la práctica, es un mercado cautivo.

Para entender la diferencia, usemos la analogía más clara. Pensemos: si Blockbuster hubiera sido una empresa peruana, ¿habría surgido Netflix en nuestro país? Si Mark Zuckerberg hubiera dejado alguna de las universidades más prestigiosas de Lima sin completar sus estudios, ¿habría logrado que Facebook se convirtiera en el imperio global que es hoy en tan poco tiempo?

La respuesta, para cualquiera que conozca las entrañas de nuestra economía, es un rotundo no. No por falta de talento peruano, sino porque nuestra estructura económica y legal está diseñada para un único propósito: garantizar la estabilidad de los monopolios y ahogar a sus competidores antes de que puedan respirar. La verdadera "destrucción creativa" es lo que Netflix le hizo a Blockbuster: un modelo más eficiente que ganó al consumidor. Lo que tenemos en el Perú es un sistema que habría inventado regulaciones para proteger a Blockbuster y haber declarado "informal" a Netflix.

Este es el verdadero nudo del subdesarrollo peruano. No se trata de un problema de esfuerzo o de educación, sino de un sistema que premia el rentismo y castiga la innovación. Y para mantener este esquema, se ha manipulado el debate público.

El Gran Engaño de la "Flexibilización"

Durante décadas, hemos sido sometidos a un discurso recurrente: la economía peruana necesita "flexibilizarse". Pero esta palabra, que debería significar agilidad, dinamismo y capacidad de adaptación, ha sido adulterada para aplicarse únicamente sobre el más débil: el trabajador. "Flexibilizar el empleo" se ha convertido en un eufemismo para precarizar el trabajo, reducir derechos y transferir riesgos a quienes ya tienen menos.

Mientras tanto, se ignora deliberadamente la rigidez más dañina de todas: la de las estructuras que protegen a los poderosos. El verdadero desafío no es hacer más "flexible" al empleado, sino flexibilizar al monopolio. Es derribar las murallas legales, financieras y regulatorias que le permiten a un gran grupo económico concentrado operar como una tiranía, impidiendo la llegada de nuevos jugadores que podrían transformar el mercado.

La Anatomía de la Fortaleza Monopólica

¿Cómo funciona esta protección en la práctica? No es un solo mecanismo, sino un ecosistema de privilegios:

  • Captura Regulatoria: Los grandes grupos económicos utilizan su poder para influir en el diseño y la aplicación de las normas. Logran que se aprueben regulaciones que, en apariencia, buscan la “calidad” o la “seguridad”, pero que en la práctica imponen barreras de entrada tan altas que solo ellos pueden superar. Al mismo tiempo, promueven una flexibilización selectiva en ámbitos donde debería prevalecer la rigurosidad: la aprobación de planos, la fiscalización laboral o los estándares de seguridad industrial. El resultado es un Estado complaciente con los grandes y severo con los pequeños, que permite tragedias evitables y normaliza la impunidad empresarial. Es la “desregulación a la carta”: exigente con el emprendedor emergente, pero indulgente con quien tiene poder suficiente para dictar sus propias reglas.
  • Asimetría Financiera y Tributaria: Quizás el ejemplo más brutal de las barreras que frenan el crecimiento de las microempresas con alto potencial de innovación sea el acceso al crédito. Mientras las grandes corporaciones obtienen financiamiento a tasas de interés competitivas en el mercado internacional, las micro y pequeñas empresas —las verdaderas semillas de la innovación— enfrentan tasas usureras que las condenan al estancamiento o las empujan a la informalidad. A ello se suma una asimetría tributaria igualmente perversa: el sistema impositivo suele ser implacable con las microempresas, mientras muestra una sorprendente flexibilidad con los grandes conglomerados. Estos no solo cuentan con departamentos especializados para optimizar su carga fiscal, sino también —en algunos casos— con arreglos tributarios que les garantizan estabilidad y beneficios que ningún pequeño empresario podría siquiera imaginar. Así, ambos sistemas, en lugar de ser motores de igualdad de oportunidades, terminan funcionando como los más eficaces guardianes de los privilegios.

El Desafío: Construir un Estado Árbitro Verdadero

La solución no es, como algunos podrían pensar, un salvaje oeste sin reglas. La verdadera "destrucción creativa" que impulsa el progreso, la que describieron Schumpeter y los teóricos de la destrucción creativa galardonados con el Premio Nobel de Economía, requiere un Estado árbitro fuerte, imparcial y eficaz. Un Estado que:

  • Sancione el rentismo: Con un INDECOPI fortalecido y autonomía real para perseguir y desmantelar monopolios y cárteles.
  • Proteja la competencia: Garantizando que las reglas del juego sean las mismas para todos, desde el gigante más grande hasta el emprendedor más pequeño.
  • Nivele el campo de juego financiero: Creando instrumentos y garantías que permitan a las pymes acceder a crédito en condiciones justas.
  • Defienda el bien común: Exigiendo estándares laborales, ambientales y de seguridad que no son un "costo", sino la base de una competitividad sostenible y justa.

Flexibilizar al Monopolio para Crear Empleo

El problema de la economía peruana se encuentra, en definitiva, en esa estructura que privilegia la estabilidad de los monopolios. Así como se reclama por flexibilizar el empleo, tenemos que empezar a reclamar por flexibilizar las estructuras económicas que permiten esa estabilidad antieconómica.

En el Perú ya existen los emprendedores con las nuevas ideas a lo Netflix o los smartphones; lo que no existe es el ecosistema que les permita desafiar a los Blockbusters y los Nokias de nuestra economía. Nuevas empresas, ya vivas pero invisibles, esperan la oportunidad de crecer y crear los empleos de mayor calidad y productividad que el país necesita.

La tarea pendiente no es flexibilizar al trabajador, sino flexibilizar al monopolio. Solo así la destrucción creativa —la verdadera, la que impulsa el progreso— podrá cumplir su promesa de convertirse en movilidad social para todos.



viernes, junio 14, 2024

BM mejora las proyecciones de PBI para Perú, pero no tanto como para crear empleo decente

El Banco Mundial acaba de publicar su informe de Perspectivas Económicas Globales del mes de junio. El título retrata bien el mensaje central de este documento: el crecimiento económico se estabiliza pero a un paso muy débil.

Los factores que explicarían esta alicaída recuperación de la economía global son diversos: tensiones geopolíticas, persistencia de la fragmentación en el comercio mundial, tasas de interés que permanecerán elevadas todavía por un tiempo más, y desastres asociados al cambio climático.

Es interesante apreciar que, de acuerdo con el informe, las proyecciones de crecimiento para Perú mejoran unas cuántas décimas con respecto a las cifras publicadas en enero de este año. Específicamente, hay una mejora en 0.4 puntos para el 2024 y en 0.3 puntos para el 2025. Siendo positiva esa noticia, cabe destacar que eso no mejora la tendencia trianual del crecimiento económico peruano, que se mantiene con un comportamiento claramente decreciente. Y lo que es peor, es que en todos los casos las cifras permanecen por debajo del 3%, que es la tasa mínima que deberíamos crecer para que el empleo en el Perú no se deteriore.

Todo depende de que se resuelva la grave incertidumbre política que viene afectando la confianza empresarial.

Pero alguno dirá por ahí, "pero algo es algo".

No es suficiente para la generación de empleo decente.


El informe puede descargarse en el siguiente enlace (en inglés):  https://bit.ly/45nQ4GY 


jueves, febrero 17, 2022

El primer año de pandemia y su impacto en la pobreza y la desigualdad

Introducción

El INEI acaba de publicar un importantísimo estudio descriptivo de la demografía peruana de cara al bicentenario de la independencia del Perú. Aparte de revelar que nos encontramos aproximadamente en la mitad del trayecto de aprovechamiento del bono demográfico, también nos presenta los datos históricos del comportamiento de los niveles de vida del Perú de los últimos 17 años -incluyendo el primer año de la pandemia COVID19. Los indicadores que revisamos en este artículo son la pobreza, el empleo y la desigualdad debido a la importancia del debate sobre el desarrollo en nuestro país.

Cómo la pandemia evaporó los avances contra la pobreza

Observando la evolución de la pobreza y la pobreza extrema se puede advertir el fuerte descenso de ambos porcentajes, observándose en los últimos años un comportamiento estacionario alrededor del 20% de la población para el primer caso, y 3% aproximadamente para el segundo. Esta suerte incapacidad del sistema económico, político y social para erradicar el problema de la pobreza completamente de nuestro país ha sido motivo de mucho debate, señalándose que hay un núcleo duro de la pobreza a la cual hay que atacar con una nueva estrategia. Quizás el acuerdo más importante logrado a nivel de políticas públicas, luego de este debate, fue la necesidad de elevar los niveles de la productividad del país. Este objetivo sin embargo tendría un importante factor limitante: el muy elevado grado de informalidad del mercado laboral.

Este debate ha quedado en suspenso y también ha paralizado la implementación de las políticas que afirmaran una senda de crecimiento de la productividad. El Plan Nacional de Competitividad y Productividad lanzado en julio de 2019 se ha casi congelado con un avance al 36.6%. Esto ha sido así porque el país junto con el resto del planeta fue sorprendido por un fenómeno exógeno sin precedentes: la pandemia del COVID19. El impacto de este acontecimiento ha sido de tal magnitud que las ganancias en términos sociales de más de una década y media de reducción consistente de la pobreza, nos ha hecho retroceder una década atrás.


Este fenómeno no es una novedad. En un artículo que escribí en el 2004 para desco, señalé este carácter bivalente de la relación de la pobreza con respecto al crecimiento económico (la elasticidad pobreza-producto). Cuando estamos creciendo, la pobreza se reduce lentamente, como resultado del “goteo”. Pero cuando ocurre una crisis, la pobreza aumenta súbitamente, lo que llamé coloquialmente como el “vaporeo”. En aquel entonces escribí lo siguiente:

“[E]n el caso peruano, bastaría solo un año de recesión económica para desmoronar los beneficios logrados por once años de crecimiento económico.” (Rev. Quehacer Nro.150, 2004: pp. 103-112)

Esta regla práctica parece haberse verificado, por desgracia, en nuestro país. A partir de un análisis del comportamiento de la pobreza monetaria entre 1985-1994 advertí que, por cada punto de crecimiento económico, la pobreza se redujo en promedio en -0.2%. En contraste, por cada punto de decrecimiento económico, la pobreza aumentó en 2.2%. La severa crisis económica asociada al férreo confinamiento dispuesto por el gobierno, como un intento de enfrentar la crisis sanitaria, nos ha costado casi una década de avances en la reducción de la pobreza.

Las reflexiones posteriores a lo sucedido ya son un lugar común para los analistas. El crecimiento económico no ha garantizado un sistema de protección social sólido que permita a la población peruana afrontar las vulnerabilidades de origen extraeconómico como ha sido la pandemia. El próximo evento que podría evaporar las ganancias del bienestar sin posibilidad de que la población pueda afrontarla adecuadamente podría ser un terremoto, un fenómeno del Niño más severo, u otro estrés asociado a nuestra falta de previsión de políticas de largo plazo.

La desigualdad se aprovechó de la pandemia y la informalidad

Me gustaría afirmar algo similar a lo observado en la naturaleza bivalente de la elasticidad pobreza-producto, debido a que se observa un súbito empeoramiento de la desigualdad dejándolo en la misma situación que hace una década atrás. Pero no es posible, porque la literatura económica peruana no ha verificado una asociación entre el crecimiento y la desigualdad en nuestro país. La hipótesis usual es pensar que la desigualdad se relaciona con el crecimiento como una curva U invertida propuesta por Kuznets.

En el Perú, la desigualdad se ha ido reduciendo poco a poco en el largo plazo, acentuándose ésta disminución durante el ajuste macroeconómico de inicios de los noventas, algo que se llamó después como una mejora “perversa” de la distribución del ingreso de la población.


Este fenómeno se explicaría, en palabras de Escobal y Agüero (Instituto Cuánto, 1996: pp.41-59), porque los sectores medios y altos redujeron fuertemente su consumo debido a la crisis y la hiperinflación, mientras que los sectores más pobres lograron enfrentar mejor la crisis, gracias a la importancia del autoconsumo en su consumo familiar.

Pero ¿Qué hizo que la desigualdad se incremente tan rápidamente durante el primer año de la pandemia a diferencia del ajuste estructural de inicios de los noventa? La explicación podría tener múltiples fuentes. La principal -en mi opinión- es que los niveles socioeconómicos más altos y parte de los medios, por la naturaleza de sus ocupaciones, tenían mejores posibilidades para afrontar el confinamiento gracias al acceso a la tecnología y el trabajo remoto. Por otro lado, las familias cuyos perceptores de ingresos se encontraban en el mercado laboral formal han tenido más oportunidades para afrontar la crisis debido a que las ayudas del gobierno se han canalizado en un primer momento con mayor viabilidad para ellos (subvenciones a las planillas salariales, programa de crédito Reactiva, etc.). A pesar de esto, muchos trabajadores formales perdieron sus empleos y parte de sus ingresos por la gravedad de la crisis, abonando a un aumento del empleo informal en nuestro país en casi 3 puntos porcentuales durante el 2020. Esto significó el retroceso de una década de avances en la formalización de la mano de obra ocupada en el Perú.


La informalidad ha sido un factor agravante de la desigualdad y, al mismo tiempo, un factor limitante del manejo efectivo de la pandemia. Mientras que, por un lado, teníamos que aquellas familias cuyos perceptores se encontraban laborando en el sector formal, o bien podían absorber los costos adicionales de trabajar de manera remota en aquellas ocupaciones donde era posible hacerlo, o bien podían asumir los costos adicionales de protección y cuidado para evitar contagiarse al salir a trabajar presencialmente. Por el otro lado, teníamos que para aquellas familias cuyos perceptores se encontraban laborando en el sector informal, la sobrevivencia diaria dependía de su urgencia de volver a trabajar de manera presencial. Para ellos, se les abrió una suerte de dilema de supervivencia, quedarse a morir de inanición en casa cumpliendo con el confinamiento o salir a trabajar presencialmente y afrontar un elevado riesgo de contagiarse y de morir por COVID19. Esta situación obligó a las clases populares a rechazar masivamente las medidas de confinamiento, lo que conllevó a una incapacidad del gobierno de manejar adecuadamente la crisis sanitaria a nivel nacional. Los contagios y las muertes por COVID19 se elevaron finalmente por muy encima de las expectativas de los expertos sanitarios. Muchos argumentaron que, si el gobierno hubiera distribuido oportunamente los bonos monetarios necesarios para evitar la salida de la población a las calles para trabajar, quizás se habría evitado el desborde de los contagios y la mortalidad.

Lo cierto es que la demora de la distribución de los bonos para las familias más necesitadas se debió a que era necesario resolver un grave problema administrativo en el Estado asociado a la informalidad predominante en el mercado laboral: los registros demográficos nacionales disponibles estaban desactualizados o incompletos, y mucha información relevante simplemente no existía. Se constató que tenemos un Estado mínimo en verdad, que no cuenta con un registro actualizado y confiable de cuántos peruanos y peruanas hay y donde se encuentran a una fecha determinada. Construir registros demográficos para la población objetivo en medio de la pandemia fue todo un reto que finalmente se logró con esfuerzos interministeriales nunca antes vistos. Pero es necesario que este esfuerzo se complete para toda la población y se convierta en un sistema fundamental de la gestión pública para brindar viabilidad a un amplio rango de políticas públicas.

¿Dónde se produjo la desigualdad?

Como ya se ha argumentado, la pandemia del COVID19 exacerbó los mecanismos de desigualdad del ingreso por diversas razones: el carácter formal o informal del trabajo, la naturaleza de la ocupación previamente realizada que permitiera su realización remota o en oficina, el grado de acceso a la tecnología y conectividad, la disponibilidad de servicios médicos para atender el COVID y la disponibilidad de productos para prevenir los contagios (mascarillas, alcohol, transporte público o privado, etc), y la distribución oportuna de recursos y financiamiento de bajo costo (público o privado) para contener o reactivar los sectores económicos gravemente afectados por la pandemia.

Una mirada en base a la Encuestas de Hogares nos permite realizar algunas observaciones en términos geográficos de lo que ocurrió con la desigualdad de los ingresos en el contexto de fuerte caída de los ingresos per cápita. La pregunta busca descubrir si la caída de los ingresos medios se ha producido de manera más o menos homogénea a nivel nacional manteniendo de esta manera la desigualdad global intacta; o si, por el contrario, estas han seguido un patrón diferenciado entre grupos poblacionales, o al interior de los propios grupos poblacionales de manera tal que han alterado la desigualdad inicial, intensificándola o reduciéndola.

Una caída generalizada de los ingresos medios con ritmos distintos

Para comenzar, tenemos la evaluación del comportamiento de los ingresos medios. Se puede advertir que todos los dominios bajo estudio tuvieron un fuerte recorte entre 2019 y 2020. El dominio más afectado ha sido el que alberga a la población de Lima Metropolitana quienes vieron que sus ingresos medios se redujeron en un -24%, 5 puntos porcentuales por encima de lo observado a nivel nacional (-19%). Es posible que el confinamiento severo, también conocido como “martillazo” en alusión a la búsqueda de aplanar la curva de contagios, haya tenido tanto éxito al ser implementado, respecto al resto del país, que habría ocasionado una muy severa paralización de la actividad económica en relación a lo ocurrido en los otros dominios. En contraste, llama la atención la caída de -9% para la selva y la sierra norte, lo que podría ser un indicador que la desigualdad en ambos dominios podría haber quedado intacta entre 2019-2020.


Lima: ¿Quién se ha llevado mi pedazo de torta?

Puesto que la capital del país concentra también a la cuota más grande de población (alrededor de la tercera parte del país), Lima se convierte en la gran perdedora de su parte en la torta de ingresos del país (-3 pp). Estos puntos perdidos han sido ganados por la población de la costa norte, la sierra centro y la selva, cada uno con +1 pp respectivamente. Este resultado es una evidencia de que la dinámica de la caída de los ingresos medios entre dominios ha jugado más bien a favor de una mayor equidad entre ellos. Esto podría deberse a que la dureza del “martillazo” del confinamiento habría sido más severa en la capital que en el resto del país. El gráfico a continuación, muestra en resumen cómo Lima Metropolitana y la costa en general, la inmovilidad ha sido más profunda para sus residentes que para el resto del país. Algo que con toda seguridad afectó duramente a las economías informales y naturalmente también, a las formales.

Ilustración 1 Movilidad promedio al centro de trabajo según región durante el 2020

     Elaboración propia con información de Google Mobility Trends (https://www.google.com/covid19/mobility/)

Las regiones y sus desigualdades pandémicas

El análisis desarrollado hasta este punto permite obtener conclusiones sobre el comportamiento de la desigualdad en relación con las otras regiones o dominios de estudio de las ENAHO. Pero nos falta indagar sobre lo que ocurrió con la desigualdad al interior de las poblaciones pertenecientes a cada uno de los dominios.

Los datos comentados a continuación, evidencian que gran parte del aumento de la desigualdad total durante el primer año de la pandemia se debió principalmente a un incremento de las diferencias de los ingresos poblacionales al interior de cada dominio. La costa centro, la costa sur, y Lima Metropolitana tuvieron un crecimiento muy fuerte de la desigualdad al interior de sus poblaciones, medidos por el índice de Gini[1], con 7.1, 6.5 y 6.1 pp de incremento entre 2019 y 2020 respectivamente. Este comportamiento se debe a que se ha ampliado la brecha entre los más pobres y los más ricos en el país. El cuadro de ratios de percentiles ayuda a visualizar esta idea, siendo el caso más fuerte con la ratio p90/p10 (el que relaciona el ingreso de la persona que se encuentra en la frontera del 10% más rico comparado con el que se encuentra en el límite del 10% más pobre) que ha aumentado de 7.2 a 8.2 veces.


También se ha ampliado, pero levemente, las distancias del resto de ratios: en primer lugar, tenemos la ratio p90/p50 (el del límite del 10% más rico, con el que está exactamente al medio del total de la distribución) que pasó de 2.6 a 2.8, p75/p25 (el que está al límite del 25% superior con el que está en el límite del 25% inferior) que pasó de 2.7 a 3.0, y p75/p50 que subió de 1.6 a 1.7. Finalmente, la reducción de las ratios p10/p50 de 0.4 a 0.3 evidencia que la persona que está en el límite del 10% más pobre ha visto reducir la importancia de sus ingresos con respecto a lo que terminó ganando el que está al centro de la distribución; en tanto que la ratio p25/p50 se ha mantenido constante para el periodo bajo análisis. Esto es lo que quizás se encuentre detrás de la ligera reducción de la desigualdad en la sierra norte, y la estacionariedad de la misma en la selva.

A manera de conclusión

La pandemia del COVID19 ha expuesto las debilidades de la sociedad peruana, al arrasar con los importantes avances en términos de la lucha contra la pobreza. Esto ha sido así por una serie de factores que han estado a la saga de un problema tan gravoso como lo es el empleo informal. Como resultado, las desigualdades al interior de las regiones se exacerbaron, mientras que la desigualdad interregional por el contrario más bien se volvió más equitativa debido a que la pérdida de ingresos ha sido fuerte principalmente en la ciudad capital.

¿Cómo superar este entrampamiento? En primer lugar, hay que pensar en reformular y lanzar el Plan Nacional de Competitividad incluyendo sólidos capítulos que estimulen no sólo la competitividad sino también de la productividad adicional derivada de los recursos nuevos a invertir en nuestra sociedad. De lo que se trata es que la desigualdad mejore no porque pierdan los ricos, sino porque ganan las clases medias y las más pobres. En segundo lugar, y en línea con lo anterior, es importante trabajar un nuevo modelo de lucha contra la informalidad haciendo un seguimiento exclusivo de los avances en dicho indicador, en el marco del diálogo social impulsado por la secretaría técnica del Consejo Nacional del Trabajo en coordinación con el Consejo Nacional de Competitividad. Empresarios, trabajadores, academia y políticos trabajando juntos, si pueden lograr que el Perú salga de su marginalidad y se posicione en una ruta de mejora competitiva, libre de pobreza y con baja desigualdad, en el gran juego del comercio internacional de bienes y servicios.

Pero aún falta ver los datos del impacto de la pandemia del segundo año, 2021, para ver el tamaño del reto que afrontar.



[1] El índice de Gini mide la desigualdad en un rango de 0 a 1. Si el indicador es cercano a uno, hay más desigualdad mientras que más cercano a cero, habría menos desigualdad. Se presenta con decimales o sino como porcentaje.

miércoles, julio 14, 2021

La reactivación económica no se trata de dinero, se trata de fortalecer la confianza

Los últimos acontecimientos en torno a las elecciones de segunda vuelta han horadado terriblemente la confianza entre los peruanos. Es un clima pernicioso que limita severamente la iniciativa económica y no permite que las relaciones sociales fluyan con la armonía suficiente como para hacer cosas más grandes que si lo fuera a intentar uno a solas. Creo que hay que hacer algo al respecto, desde el lugar que nos encontremos, contribuyendo con nuestro granito de arena para que el clima de confianza mutua mejore. Sino la recuperación económica se postergará y con ello la pobreza, la desigualdad y la falta de inversiones continuarán.

Traduje este artículo que apareció el año pasado en el diario el Washington Post. Me gusta la perspectiva del autor del mismo porque enfatiza un principio que los economistas suelen olvidar, que la recuperación de la economía depende del clima de confianza que los políticos ayuden a encauzar para que las expectativas de los inversionistas y los consumidores fluyan de manera positiva. Pero si todos se dejan atrapar por el pesimismo y la falta de confianza mutua, las expectativas se irán a pique y con ello la economía y la sociedad naufragará.

Retomemos la confianza entre todos para salir de esta crisis.


El estímulo de $ 1 billón no se trata de efectivo. Se trata de restaurar la fe en el sistema[1]

John Maynard Keynes, el mejor defensor del gasto con déficit, entendió que la economía se trata de hacer que las personas se sientan seguras.

Por Zachary D. Carter[2] / 18 de marzo de 2020 at 8:43 a.m. GMT-5

La economía global se dirige directamente a una recesión, ya que la nueva pandemia de coronavirus ataca a la fuerza laboral, las cadenas de suministro y todos los aspectos del comercio. Nada puede detener el shock económico que ya está en marcha. La única pregunta en este punto es qué tan profundo y prolongado será el dolor. Y a diferencia de la crisis de 2008, una calamidad creada en los laboratorios de Wall Street que se extendió por la sociedad, esta proviene del mundo real; las altas finanzas son solo una de sus muchas víctimas.

En esos momentos, los formuladores de políticas y expertos recurrieron inevitablemente a John Maynard Keynes, el economista que pasó casi medio siglo pensando en cómo responder a momentos como este. Es mejor conocido por su enseñanza de que los gobiernos deberían tener déficits presupuestarios para hacer frente a las recesiones: gastar dinero, incluso si tiene que pedirlo prestado, para que el país se recupere. "Vamos a necesitar obtener grandes cantidades de dinero", dijo recientemente el economista ganador del Premio Nobel Joseph Stiglitz a CNBC, "para aquellas personas que estarán bajo un enorme estrés".

Pero Keynes no era solo un profeta de los números. Sus ideas fueron mucho más amplias, combinando psicología, ética e incluso estrategia militar en un cuerpo de trabajo único que, si se implementa correctamente hoy, puede hacer más que levantar al Dow Jones. Para Keynes, la economía no era una ciencia de dólares y centavos, tasas de interés e inflación. Se trataba de la forma en que las personas piensan y viven. La economía es una terapia a gran escala para calmar las mentes ansiosas; en otras palabras, exactamente lo que necesitamos hoy.

Los economistas históricamente han asumido que los seres humanos son individuos racionales empeñados en maximizar sus propios beneficios. En cambio, Keynes basó su trabajo en personas imperfectas que navegan por las incertidumbres de la vida. Es imposible tomar una decisión simple sobre qué es lo mejor, si no se sabe que es lo que traerá el futuro. No puedes calcular tu ventaja personal cuando no puedes ver más allá del horizonte.

Keynes se sorprendió por el estallido de la Primera Guerra Mundial. Los inversores no habían planeado un cambio repentino y monumental en el comercio global. La guerra convirtió abruptamente a los socios comerciales en enemigos armados. Cambió las tendencias del cambio de siglo hacia la globalización, rompiendo el libre comercio entre naciones independientes de la misma manera que el coronavirus ahora amenaza con interrumpir la globalización del siglo XXI. Así como las empresas de aquel entonces no sabían quién ganaría la guerra, los inversionistas de hoy no saben qué fuerzas de trabajo y qué cadenas de suministro serán destruidas, cuáles se recuperarán ni cuándo.

Keynes pronto reconoció que la vida estaba llena de sorpresas. No importa cuán detallados puedan ser los estados financieros y los permisos de una empresa, no podían proporcionar la información más importante sobre la rentabilidad, no podían predecir lo que es inesperado. Durante los años 1920 y 1930, Keynes observó cómo la economía británica fallaba una y otra vez para recuperarse del shock de la Primera Guerra Mundial. Esto no debería haber sido posible. No importa cuán incompetente o corrupto pueda ser el gobierno, en algún momento los mercados deberían restablecer un equilibrio próspero de pleno empleo y prosperidad compartida. Pues ellos no. Más de 1 millón de hombres británicos se quedaron sin trabajo durante más de una década, y eventualmente escalaron a más de 3 millones a principios de la década de 1930.

Como escribió en su obra magna, "La teoría general del empleo, el interés y el dinero", fueron "los espíritus animales" y "un impulso espontáneo a la acción" lo que inspiró las decisiones económicas, no un cálculo claro de las ganancias futuras. Los mercados financieros eran especialmente inadecuados para hacer frente a la incertidumbre. Los eventos repentinos que cambiaron las perspectivas, como una guerra o una pandemia, hicieron imposible saber dónde se podía ganar dinero. Y los mercados no estaban adivinando el verdadero valor de nada por un aluvión de ofertas y ventas confusas basadas en las mejores conjeturas de los líderes empresariales. Las decisiones mal informadas solo amplificaron el caos.

Sólo el liderazgo político podría llevar a una sociedad a salir de una crisis como la del colapso del coronavirus. La clave no era simplemente bajar las tasas impositivas o aumentar el poder adquisitivo, sino convencer al público de que eventualmente las cosas estarían bien. Los mercados no podrían funcionar hasta que los líderes políticos revivieran la confianza. Cuando Franklin D. Roosevelt rompió con el patrón oro y se embarcó en el New Deal, Keynes elogió la decisión del nuevo presidente como "el único medio posible por el cual". . . la confianza en una economía monetaria será restaurada".

Pero las vivas por sí solas, no podían funcionar. Herbert Hoover pasó muchos de los primeros años de la Gran Depresión diciéndole al mundo que la prosperidad estaba a la vuelta de la esquina, pero pocos le creyeron, porque no podían sentir el impacto de sus palabras en sus bolsillos. Cuando Roosevelt declaró que "lo único que debemos temer es al miedo mismo", el mensaje resonó, porque Roosevelt estaba ocupado reestructurando el sistema financiero estadounidense. La retórica tuvo que coincidir con la acción. Eso, presumiblemente, es lo que la Reserva Federal tenía en mente con sus recientes recortes de tasas de interés y promesas de apoyar a los mercados de crédito, y lo que la administración Trump esperaba telegrafiar con su solicitud de $ 1 billón en gastos del Congreso para combatir los efectos económicos del virus.

Para Keynes, la acción significaba reforzar la confianza no solo de los inversionistas sino también de la gente de a pie. Abogó por la ayuda directa a las familias trabajadoras y pidió al gobierno que creara miles de nuevos empleos en proyectos de obras públicas. Se pretendía aumentar el Producto Bruto Interno, sí, pero también se buscaba hacer que la gente creyera en la perspectiva de mejores tiempos por delante. En la década de 1940, trabajó incluso como el arquitecto financiero para el plan de socializar la medicina británica en el Servicio Nacional de Salud (NHS). Para Keynes, esto era en parte una cuestión sobre el bienestar general, pero también se trataba de hacer que los mercados funcionen. Si la gente común no tuviera que preocuparse de que su atención médica desapareciera en una crisis financiera, la crisis en sí misma sería menos severa.

En la crisis actual del coronavirus, Keynes abogaría por ayuda financiera inmediata y directa y beneficios de atención médica para las familias trabajadoras. Le alegraría realizar las exhortaciones a los miembros del Congreso de ambos partidos, sin dejar de mencionar a la Casa Blanca, para proporcionar bonos en efectivo del gobierno para los estadounidenses. Sin duda, también respaldaría el apoyo del gobierno a las corporaciones. Cuando la crisis económica de entreguerras llegó a un punto crítico en Gran Bretaña en 1926 con una huelga general ruinosa, Keynes pidió el apoyo del gobierno a las empresas y los trabajadores por igual, a través del alivio del tipo de cambio y la política monetaria, si no se podían negociar otros medios.

Aun así, Keynes se mostró escéptico sobre la capacidad del sector privado para sacar a la sociedad del estancamiento económico. El gobierno tendría que establecer una economía paralela de bienes públicos y servicios públicos para demostrar que había cosas que podían lograrse y objetivos que podían cumplirse, incluso cuando la industria privada estaba demasiado asustada para dar el paso. "No hay ninguna razón por la cual no deberíamos sentirnos libres para ser audaces, ser abiertos, experimentar, tomar medidas, probar las posibilidades de las cosas", escribió en 1929, pidiendo al gobierno británico que invierta en conjunto masivo de nuevos proyectos de construcción de carreteras, electrificación rural, vivienda pública y construcción de parques que presagiaron gran parte del New Deal de Franklin D. Roosevelt.

Hoy, Estados Unidos está plagado no solo por un virus devastador, sino también por una infraestructura decrépita, un sistema de salud deteriorado y una evidente escasez de suministros médicos y capacidad para tratar la calamidad en ciernes. Keynes imaginaría una respuesta gubernamental casi militarizada de la construcción de hospitales y la prestación de servicios de salud, que incluye carreteras y puentes renovados, transporte público desinfectado y capacitación práctica para enfermeras y proveedores de servicios de salud, acompañada de un generoso pago para que aliente a las personas a inscribirse en lo que sin duda será un trabajo peligroso.

Todo esto sería muy costoso: billones de dólares. Pero Keynes insistió en que los gobiernos que controlaban sus propias monedas tenían mucho más de qué preocuparse por un colapso de la confianza que un aumento de la deuda. Cuide la confianza, y el repunte económico se encargará de la deuda. "La idea de que [un gran déficit] representa un riesgo desesperado para curar un mal moderado es lo contrario de la verdad", escribió Keynes en 1929. "Es un riesgo insignificante para curar una anomalía monstruosa": el colapso de la economía global. En los últimos 90 años, incluso los conservadores han llegado a estar de acuerdo con él, al menos cuando ejercen el poder en Washington. Desde Richard Nixon hasta Ronald Reagan, desde George W. Bush hasta Donald Trump, los políticos republicanos han tenido déficits enormes en nombre del crecimiento económico, y lo han hecho sin causar un colapso de la confianza o una crisis financiera.

En las próximas semanas, los economistas y los políticos presentarán docenas de planes para aumentar la producción, salvar las industrias en dificultades y alentar el gasto de los consumidores. Pero la lección más importante de la economía keynesiana no es sobre el dinero, sino sobre la confianza. Lo que importa ahora es la fe colectiva en un futuro mejor. Hay muchas vías para asegurar esta fe, pero solo pueden suministrarla los políticos.

Uno de los aforismos más famosos de Keynes es su declaración de que "en el largo plazo, todos estamos muertos". Pero también escribió que "en el largo plazo, casi todo es posible". Ese es el espíritu que nuestros líderes ahora deben aprovechar.

Twitter: @zachdcarter

https://www.washingtonpost.com/outlook/sending-1000-checks-the-lessons-of-john-maynard-keynes/2020/03/18/cae8f6e6-68bf-11ea-b313-df458622c2cc_story.html


[1] Traducción libre por Raúl Mauro. Lima, 15.06.2020

[2] Zachary D. Carter, reportero senior de HuffPost, es el autor de la próxima biografía "El precio de la paz: dinero, democracia y la vida de John Maynard Keynes".


martes, septiembre 17, 2019

¿Puede la reforma anti-corrupción tener un impacto positivo en la economía?

Una de las preguntas centrales sobre la reforma para combatir la corrupción es si esta tiene retornos económicos positivos para el país. Los economistas han abordado esta pregunta desde hace varios años a través de diferentes estrategias estadísticas, comparando varios países a nivel global, siendo uno de los más destacados el economista italiano Paolo Mauro.
Las hipótesis en competencia son dos. En el extremo perverso, la corrupción puede ser positiva para la economía debido a que evita los trámites burocráticos acelerando la inversión privada y por tanto incrementando el crecimiento económico. En el otro extremo, la corrupción es negativa debido a que desvía recursos escasos que podrían haber sido aprovechados para generar un mayor nivel de inversión y por tanto de crecimiento económico.
De acuerdo con este investigador, él ha encontrado evidencia robusta para la segunda hipótesis, de manera que, para un determinado país, una reducción exitosa de la corrupción se traduce en mayor inversión privada, un mayor nivel de crecimiento económico pero no necesariamente se obtiene un mayor gasto público.
En efecto, en su artículo “Los efectos de la corrupción en el crecimiento, inversión y gasto público: un análisis transversal de países” publicado en el libro “Corruption and the global economy” de junio de 1997, se reportaron los siguientes resultados:
  • Una mejora de 2 desviaciones estándar en el índice de corrupción se encuentra asociado con un incremento de 4 puntos porcentuales en la inversión privada y un medio punto porcentual en el PBI per cápita.
  • Esto significa que en el caso peruano, si ocurre que gracias a una reforma anti-corrupción exitosa mejorara su posición en dos puntos pasando del lugar 35 al 37 en el ranking internacional de corrupción elaborado por Transparencia Internacional, se traduciría en una mejora de la inversión privada pasando de 18% del PBI a 22%, mientras que el PBI per cápita se incrementaría ya no en 1.9% sino en 2.4%.
  • El mismo estudio reporta que no se ha encontrado evidencia de que una mejora en la lucha contra la corrupción tenga un impacto positivo en el gasto público, pero sí en su estructura. Específicamente se ha encontrado que la reducción en la corrupción mejora el gasto en educación. De esta manera, una mejora de 2 desviación estándar en el índice de corrupción internacional se encuentra asociado con una mejora de medio por ciento del PBI. 
  • Lo anterior significa que si el Perú mejora su posición en el ranking internacional de corrupción pasando del lugar 35 al 37, el gasto público en educación aumentaría de 3.5% del PBI a 4% del PBI. 

En conclusión, una reforma política exitosa que reduzca la corrupción en nuestro país de manera que mejoremos de manera importante nuestra posición en el ranking internacional de corrupción, traerá consigo un mayor nivel de inversión privada, un mayor nivel de crecimiento económico y una mejor distribución del gasto público a favor de la educación pública. Estos impactos se añaden a las previsiones de mejora que contempla el país en cuestión asumiendo que la corrupción no cambia. Pero si la corrupción disminuye, tendríamos estos impactos adicionales como beneficio.

lunes, septiembre 09, 2019

Inseguridad y déficit alimentario en EEUU y Perú

El Departamento de Agricultura de los EE.UU. ha publicado hoy las cifras de inseguridad alimentaria en su país (Ver aquí). De acuerdo con el reporte, existe inseguridad alimentaria cuando se limita el acceso a alimentos adecuados por falta de dinero y otros recursos. La buena noticia para los EE.UU. es que el porcentaje de hogares que ha experimentado inseguridad alimentaria durante el 2018 ha descendido hasta los niveles observados previos a la crisis económica de 2007, es decir 11.1%.

En el caso del Perú no contamos con una estadística oficial que aborde el problema de la "inseguridad alimentaria". No obstante, desde el 2001, se introdujo la medición del concepto de "déficit calórico" según el cual se averigua si el hogar está sufriendo dificultad para cubrir sus necesidades alimentarias. Coloquialmente, es una estadística "dura" de cuánta población está sufriendo episodios de hambre porque no logra cubrir con sus ingresos su requerimiento mínimo de calorías para las actividades que realiza. En el fondo, es una estadística que se parece a la norteamericana.

Se puede apreciar, que en el caso peruano, relativizando las diferencias metodológicas interanuales, podemos apreciar que ha habido una leve reducción de este indicador pasando de 34.9 a 33.5% el 2018, con cierta tendencia a seguir a la baja durante el 1er trimestre de 2019. Sin embargo, los niveles observados en estos tres últimos periodos son similares a los que teníamos al inicio del boom exportador de minerales, es decir en el periodo 2001-2003.

Las mejoras obtenidas por el largo periodo de crecimiento económico ahora parecen diluirse por la persistente desaceleración económica. Es posible que además del término del boom minero exportador se haya añadido la repentina migración asimilada por nuestra sociedad provocando este aumento inusitado de la estadística del "hambre". No obstante, el impacto será temporal en la medida que la mano de obra adicional genere su respectivo aporte al PBI y se vuelva así el equilibrio de la dinámica productiva y de consumo interno. Una consecuencia de que persistan muchos hogares en situación de déficit alimentario es que los niños sufran un aumento en la desnutrición crónica o aguda, un escenario indeseable para nuestro país ad portas del Bicentenario.

Perú reduce su déficit calórico, pero persiste prevalencia pre-boom exportador
Cabe entonces prestar especial atención a este indicador pues no podemos seguir siendo un ejemplo de la paradoja de ser uno de los países líderes en la cocina internacional y al mismo tiempo, con altos niveles de desnutrición, anemia y tuberculosis.

viernes, septiembre 06, 2019

¿Está preparada la fuerza laboral peruana para dar un salto en la productividad laboral?

No se trata de evaluar la mano de obra peruana en términos de cual es el nivel educativo promedio con el que cuenta. Se trata de que podamos tener una idea vaga de si efectivamente nuestra fuerza laboral puede responder a las demandas de la dinámica productiva que está constantemente en cambio.

Una estadística reportada por la OCDE puede darnos vislumbres sobre cuál es la situación en la que nos encontramos. El gráfico nos presenta el porcentaje de individuos de la fuerza laboral de varios países que no cuenta con habilidades básicas para su desempeño laboral, es decir, lenguaje, matemáticas y solución de problemas. El único país latinoamericano que aparece es Chile, un vecino con el que solemos compararnos por el cobre y otras perlas más.


Resulta que para comenzar Chile ocupa el último lugar de los países comparados, que forman parte de la OCDE. Pero lo más dramático es que un poco más del 40% de su fuerza laboral no cuenta con las habilidades básicas para desempeñarse en el mercado de trabajo. Esto significa un fuerte desafío para impulsar la productividad laboral a pesar de contar con recursos y avances en otras dimensiones.

Con todo el debate que se ha abierto a escala global sobre el futuro del trabajo, ¿Cuál creen que sea el porcentaje correspondiente para nuestro país? ¿50%, 60%, 70%? Con una población con tal precariedad en su capital humano básico acumulado, no hay estrategia de formalización que sirva bajo la excusa de elevar la productividad. Lo que no ha podido garantizar nuestra política educativa, ¿Lo compensará una reforma en nuestra política laboral?

El ahora trillado PNCP tiene dentro de sus 9 objetivos, uno que aborda esta problemática (OP2). Sin embargo, es preciso señalar que el debate público parece orientarse más sobre cómo flexibilizar las relaciones empleador-trabajador (OP5) antes que definir las políticas y programas que impulsen la capacitación laboral como una forma concreta para elevar la productividad del trabajo.

Cuando la tristemente célebre ley "pulpín" estuvo en boga, tuve la oportunidad de escuchar en el Congreso a varios sindicatos conformados por jóvenes que para mi sorpresa su reclamo prioritario era precisamente ese: que no podían costear, ni tenían tiempo, para estudiar y especializarse y poder así conseguir un trabajo mejor remunerado. Se sentían esclavos de las empresas en las que trabajaban y les indignaba terriblemente que una reforma laboral busque recortarles los pocos derechos laborales que la actual ley todavía les reconoce.

La idea es que los propios jóvenes desean elevar su productividad, pero la empresa no les brinda la oportunidad ni las facilidades para hacerlo. El costo social es que al no hacerlo, pronto ese joven envejecerá y se perderá la productividad que pudo haber aportado en empleos más productivos. Luego la empresa lo verá como costo porque las relaciones laborales serán más asfixiantes y demandantes que solo un nuevo joven tolerará. Resultado, toda una cohorte poblacional quemada.

Es necesario actuar de manera consistente. Hagámoslo por los jóvenes y por el Perú.

viernes, mayo 25, 2018

Reforma tributaria: rascando la olla

Hace algunas semanas fui entrevistado por diario Uno a propósito de las declaraciones preliminares del flamante Ministro de Economía, David Tuesta. En aquella oportunidad, el ministro describió con no pocos adjetivos la grave situación de las cuentas fiscales del país: “Últimos 11 años han sido un festín de la evasión” aseveró sin dorar la píldora. "Sin más impuestos, se hará muy poco" remató en otra oportunidad.

Con una tasa de incumplimiento del IGV del 36% y del 58% en el caso del IR, no debería llamar la atención que la presión tributaria haya descendido a los niveles más bajos de los últimos años en América Latina. La menor recaudación tributaria se acentuó sobre todo a partir del 2014, cuando bajo el discurso de la desaceleración económica en el Perú, se aprobó a fines de ese año un paquete de medidas de reactivación económica que constaba básicamente de incentivos tributarios. La SUNAT calculó que el Estado peruano asumía un costo anual de aproximadamente 4.5 mil millones de soles  para que nuestros empresarios invirtieran nuevamente, creen puestos de trabajo formales y traigan  bienestar al país.
Fuente: MEF, MMM 2016-2018, pág. 48

El problema que ha originado esta situación es que efectivamente los principales contribuyentes, específicamente los MEGA que está conformado por unas 50 personas jurídicas o naturales que no conocemos pero que nos imaginamos quienes son, han dejado de pagar impuestos sistemática y fuertemente desde 2014 hasta la fecha. En contraste, los contribuyentes de menor tamaño han aumentado sus aportes pero no ha sido suficiente para contrarrestar el fuerte desbarajuste ocasionado por los MEGAs. Y todo parece indicar que este selecto grupo no quiere que se le revise (al menos revertir) su actual situación tributaria a la situación existente el 2014.

¿Qué le queda al Ministro de Economía en estas circunstancias? Rascar la olla con las herramientas tributarias que apenas puede mover, afectando como siempre, a las masas populares antes que a los que tienen más. El incremento del ISC a los combustibles, a los autos, a las bebidas alcohòlicas y azucaradas, siendo positivas desde el punto de vista que aminoran las externalidades negativas, son muy impopulares pues afectan a las grandes mayorías. En efecto, la presión inflacionaria derivada del impacto de la subida del ISC es lo que más recordará la población y no el impacto de la subida de precios internacionales del barril de petróleo.

Lo que han dejado de pagar los ricos, no es compensado por lo que se le cobra de más a la base tributaria

El desafío del gobierno no es pequeño. Pero debe hablar las cosas directamente y sin temor a los que invierten en el país para que se haga un pacto fiscal óptimo, porque lo que está haciendo en este momento, es simplemente pelearse y exprimir a las bases del país y con ello terminarán minando la poca gobernabilidad con la que ha comenzado su gestión. Hace mal, pienso yo, que el Premier haya rebajado su respaldo al Ministro de Economía. Pero también hace mal Tuesta en proponer políticas marginales e impopulares para sacar adelante las finanzas públicas sin primero no haber iniciado una ronda de negociaciones con los inversionistas con una propuesta de pacto fiscal al siglo XXI. Como señalan algunos expertos, no se trata de aumentar el número de contribuyentes sino más bien de mejorar la calidad de los que actualmente están registrados pero no contribuyen o lo hacen por debajo de lo que deberían cumplir (Ramírez, 2018).





jueves, diciembre 21, 2017

Historia de un banquito llamado Westfield

Dicen que los peruanos hablamos en diminutivo para expresar cierto sentimiento de cariño hacia alguien o algo. No decimos amor, sino amorcito. No decimos mi carro, sino mi carrito. Y así por el estilo.

Pues bien. Encontré este viejo artículo del New York Times que describe los inicios de Westfield Capital Management, el "banquito" que creó a mediados de los noventa el ahora Presidente Pedro Pablo Kuczynski. Este querido banquito tenía la finalidad expresa de recaudar fondos de una gran cartera de inversionistas europeos y americanos para comprar acciones en grandes compañias de América Latina -considerada una región de alto riesgo- esperando obtener por esta razón rentabilidades impresionantes superiores al 30% o incluso el 40% anual. PPK se encargaría del marketing, su esposa Lange contactaría a los inversionistas, mientras que personajes como Sepúlveda y otros banqueros latinoamericanos administrarían el fondo de inversiones que se denominaría el Fondo de Empresas Latinoamericanas.

Al parecer, PPK se ha mantenido en la misma labor por más de veinte años, ya sea dentro o fuera del Estado, logrando incrementar el valor de las inversiones y trayendo como consecuencia, según su visión, desarrollo a la región. Y con eso, porqué no ganarse "alguito".

No obstante, en la actualidad, un partido político, que domina el Congreso, que es investigado por la fiscalía peruana por serios indicios de ser una organización delictiva, asumiría el reto de desmontar a la mala, este aparato financiero al jalar la pita, no por el lado más débil financieramente hablando, sino por el más fuerte, y así quebrar la ilusión que tanto dinero le había traído.

Acompáñenme a leer esta dramática historia, allá por los años noventa. Esta traducción, de mi autoría, es libre por supuesto.

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NEGOCIOS INTERNACIONALES: Un nuevo comienzo en América Latina; las asociaciones señalan al renovado interés hacia los mercados de riesgo
Por Peter Truell
Publicado por The New York Times: 19 de mayo de 1995

No es el típico indicador líder. Pero cuando Pedro-Pablo Kuczynski se subió recientemente a su Porsche rojo y se dirigió al sur rumbo a Miami, esa era una señal tan buena como la de que el dinero inteligente se dirigía hacia el sur, y también, hacia América Latina.

El Sr. Kuczynski, un elegante banquero de inversión de 56 años, ha estado cambiando su base de operaciones a Miami por más de dos años. Conduciendo en el Porsche con algunas de sus últimas cosas, estaba haciendo un último quiebre con su vida en el norte, dejando atrás un matrimonio de 33 años y hogares en Nueva York y Washington.

Hacia adelante estaba la nueva vida que estaba forjando con una mujer que conoció hace algunos años, Nancy A. Lange, una analista de gestores de dinero institucionales. Hacia adelante también había un plan audaz para volver a invertir a lo grande en América Latina. Y como Kuczynski conoce la región muy bien más que cualquiera, --fue un pionero allí, "una de las únicas personas que trabajó en América Latina hace 20 años", dijo Richard L. Grand-Jean, un ex banquero de Salomon Brothers-- mudarse hacia el sur puede leerse como algo más que sólo una crisis de la mediana edad.

De hecho, menos de seis meses después de la inesperada y drástica devaluación del peso que provocó la salida de los inversionistas extranjeros de los mercados en desarrollo en toda la región, los dólares comenzaron a fluir de nuevo. Y al trasladarse a Miami, un importante canal de inversión para Latinoamérica, el Sr. Kuczynski (pronunciado Ku-CHIN-ski) se ha posicionado para convertirse en uno de los más grandes canalizadores.

Ahora, el Sr. Kuczynski se ha instalado completamente. Como exdirector gerente de CS First Boston y ex ministro de Energía y Minas en Perú, donde creció y sigue siendo ciudadano, ha firmado los últimos papeles esta semana para poner en marcha un fondo de inversiones de 150 millones de dólares que tendrá participaciones en acciones de grandes empresas privadas en América Latina.

El momento no podría ser mejor, dijo, y agregó que su empresa, The Latin American Enterprise Fund L.P. [El Fondo de Empresas Latinoamericanas] que estaría manejando con la Sra. Lange y algunas otras personas más, seguía atrayendo nuevos inversionistas y que pronto podría llegar a los 200 millones de dólares.

"La crisis mexicana ha aumentado las oportunidades en el mercado de capitales privado", dijo, y "no solo en México", porque ahora es más fácil ganar en términos más favorables.

Él no es el único que piensa de esa manera. Nicholas F. Brady, el ex secretario del Tesoro, se ha asociado con Daniel Marx, ex director del Banco Central de Argentina, para establecer la compañía Darby Overseas Investments Ltd., que ya ha realizado algunas inversiones en América Latina. Y Joseph G. Fogg 3d, ex director de banca de inversión de Morgan Stanley & Company, estableció recientemente un fondo de capital privado para invertir en Perú.

Pocos de los que están haciendo el viaje de regreso tienen las raíces del Sr. Kuczynski en la región. Aunque su apellido proviene del linaje polaco de su padre, tiene muchos años de experiencia invirtiendo allí.

En CS First Boston, ayudó a privatizar 18 bancos mexicanos, y asesoró a compañías como Vitro S.A., el fabricante de vidrio mexicano, y a YPF S.A., la compañía energética argentina, sobre cómo conseguir dinero en la Bolsa de Nueva York. El también ayudó a George Soros, el multimillonario gerente de fondos, a duplicar su inversión en una cervecería peruana, la Compañía Nacional de Cerveza. Desde que dejó CS First Boston en 1992, pasó casi tres años reestructurando y administrando la cartera latinoamericana de Stephan Schmidheiny, un magnate suizo. Fue mientras hacía ese trabajo que el Sr. Kuczynski comenzó a pasar tiempo en Miami.

Ese trasfondo, complementado por los extensos contactos de la Sra. Lange con inversionistas institucionales, ha producido una envidiable lista de patrocinadores de gran riqueza financiera, incluido el Bank of America, una unidad de BankAmerica Corporation; la Chemical Banking Corporation; Connecticut Mutual Life Insurance Company y la Internationale Nederlanden Groep N. V., o ING, el nuevo padre de Barings P.L.C.

"Es muy efectivo, conoce bien el negocio y conoce los mercados", dijo Jay H. Newman, ex director gerente de Morgan Stanley, cuya firma ha realizado inversiones en Latinoamérica.

Y nadie está comenzando este negocio de una manera tan dramática.

A principios de este mes, llegaron los papeles definitivos de divorcio para el Sr. Kuczynski y su esposa con quien estuvo casado por más de tres décadas, Jane Casey. La pareja, que tiene tres hijos, ha sido durante mucho tiempo una parte integrante del circuito social en Washington, donde la Sra. Casey trabaja como periodista en Voice of America. El Sr. Kuczynski viajaría a menudo durante los fines de semana desde su apartamento en Nueva York para reunirse con ella en Washington, aprovechando la oportunidad de codearse con políticos y altos funcionarios de agencias como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Él trabajó para ambas agencias antes de mudarse a Wall Street a mediados de la década de 1970.

En estos días, él vive en el sector de Coconut Grove en Miami con la Sra. Lange.

Los dos se conocieron hace casi una década cuando la Sra. Lange trabajó para la revista Institutional Investor organizando conferencias para gerentes de dinero. El Sr. Kuczynski contó que en 1992 le dijo a su esposa que quería el divorcio debido a su relación con la Sra. Lange, que ahora tiene 40 años y que nunca antes se había casado.

La nueva pareja vive a solo unas cuadras de su oficina en South Bayshore Drive, donde su empresa Westfield Capital Management Company administrará el Latin American Enterprise Fund y otras operaciones de inversión. El equipo de Westfield incluye al Sr. Kuczynski, la Sra. Lange y cinco banqueros de inversión: Fernando Montero, Edouardo Elejalde y Gerardo Sepúlveda en Miami; Jairo Edouardo Loureiro en Sao Paulo, Brasil, y Felipe de la Balze en Buenos Aires.

La compañía es "tan delgada, es como un faquir indio", dijo Kuczynski. Sin embargo, no hay nada delgado en los objetivos de la compañía.

El Sr. Kuczynski dijo que estaba buscando un retorno anual del 35 al 40 por ciento de la compra y venta de acciones en las compañías correctas.

Su fondo buscará invertir en compañías con ventas de al menos 50 millones de dólares al año. Él ha estimado que entre 800 a 1000 empresas caen en su grupo objetivo, pero se mostró reacio a identificarlas.

Él dijo, sin embargo, que compañías de bebidas en Chile y Argentina son atractivas. Él también estaba mirando algunos negocios de acero e ingeniería, así como periódicos y cadenas de supermercados.

Por supuesto, invertir en América Latina nunca es una apuesta segura. Los altos retornos que el Sr. Kuczynski procura son sólo posibles porque en primer lugar la región es una propuesta muy riesgosa. Incluso algunos de los inversores más inteligentes con las mejores conexiones locales fueron tomados por sorpresa en debacles como la crisis de la deuda regional de principios de los 80 y la devaluación del peso en diciembre pasado. Y la recuperación en curso de ese choque del peso seguramente tendrá sus propias sorpresas.

Aún así, recientemente, los inversores extranjeros comenzaron a tener más confianza en la región. Después de cuatro meses de declive, una señal de recuperación es la entrada neta de efectivo en marzo y abril en fondos mutuos que invierten en valores latinoamericanos. Además, las reservas de los bancos centrales han comenzado a subir nuevamente, dijo Ernest W. Brown, economista de Morgan Stanley que hace seguimiento a América Latina. Las reservas de México ahora superan los 8.3 mil millones de dólares, que subieron desde los 3.5 mil millones de dólares a fines de enero.

Las principales bolsas de valores de América Latina también se han recuperado fuertemente desde el comienzo del año. El índice bursátil mexicano, por ejemplo, cerró ayer en 2,014.76 puntos, en comparación con un mínimo para el año de 1,447.52 a fines de febrero.

La caída de los valores de América Latina en enero y febrero probablemente fue exagerada, dicen los expertos. "No hay mercado que supere el mercado de los países menos desarrollados", dijo Newman, ex director general de Morgan Stanley. "El dinero inteligente cree que a largo plazo hay un valor increíble en América Latina".

Los inversionistas corporativos estadounidenses parecen haber captado el mensaje. Las compañías automotrices, las compañías telefónicas, las líneas aéreas y los fondos estatales de pensiones han estado comprando deuda y capital latinoamericano en las últimas semanas, dijo Stephen W. Dizard, director general de Salomon Brothers, que se especializa en mercados emergentes.

¿Por qué algunos colocan su dinero con el Sr. Kuczynski y su equipo?

El Sr. Kuczynski "resultó ser muy bueno", dijo Jeffrey C. Walker de Chemical Venture Partners, una unidad de Chemical Banking. "Montero es muy sólido. Y Felipe de la Balze es una de las verdaderas estrellas en Buenos Aires".

El Chemical Group decidió poner 25 millones de dólares en el fondo del Sr. Kuczynski, y espera obtener retornos de "30% antes de impuestos por año y quizás más", dijo Walker. Uno de los atractivos fue que el fondo de Kuczynski cubre toda Latinoamérica, no solo un país, lo que lo hace menos expuesto a la volatilidad, agregó.

Los ex colegas de First Boston generalmente hablan bien del Sr. Kuczynski, elogiando sus habilidades de marketing y contactos de alto nivel. Si tienen críticas, es que él era más independiente que la mayoría de sus colegas, que puede ser un poco vanidoso y que generalmente es mejor en marketing que en administración, pero que él siempre ha encontrado asociados calificados para manejar el negocio que él trae.

Recaudar dinero para su nueva empresa, un proceso que comenzó en serio a principios del año pasado y tuvo que capear la devaluación de México, no fue fácil. "Fue como tener cáncer", dijo el Sr. Kuczynski. "Tienes un buen par de días y luego te retrasas por un día o dos".

La Sra. Lange fue útil para producir los días buenos. "El equipo de gestión no estaba acostumbrado a recaudar dinero", dijo. "Pensaron que iría más rápido de lo que se veía, pero yo sabía que no sería así. Decidí primero llamar a los bancos y compañías de seguros. Tendrían más posibilidades de darte una decisión rápida que un fondo de pensiones".

Ahora que el fondo está casi en funcionamiento y que se ha establecido en su nuevo hogar, el Sr. Kuczynski dijo que estaba emocionado de estar más cerca de América Latina. "Para Chile, Argentina y Perú", dijo, "Nueva York está demasiado lejos".

Para leer el artículo original en inglés hacer click aquí

domingo, noviembre 06, 2016

El costo del destrabe de inversiones

El anuncio del destrabe de una docena de proyectos de inversión por US$18,800 millones -en el marco del informe de los cien días de gestión del nuevo gobierno- es una noticia que hay celebrar. Lo que no se conoce es a qué costo se ha logrado este objetivo y cuáles serán los beneficios y los nuevos costos derivados de los mismos. El criterio para evaluar el éxito de dichos destrabes es si se ha hecho en un esquema ‘ganar-ganar’ en lugar del ‘ganar-perder’. En el primer caso, la sociedad, la empresa y el Estado ganan; en el segundo, suele ocurrir que la empresa gana, mientras que el Estado pierde.
Tomemos como ejemplo el caso del Aeropuerto Internacional de Chincheros a construirse en el Cusco. Este es un proyecto que demandará una inversión de US$ 658 millones. Los criterios para seleccionar al ganador fueron dos: el que exigiera el menor nivel de cofinanciamiento de parte del Estado, y a su vez, el que ofreciera el mayor porcentaje de reintegro de dicho cofinanciamiento. El Consorcio Kuntur Wasi (conformado por capitales peruanos y argentinos en partes iguales) ganó al ofrecer la mejor oferta combinada por ambos criterios. En el primer criterio, Kuntur ofreció que el cofinanciamiento sea de US$ 264.8 millones, monto 42% menor a los US$ 457.5 millones tolerados. En el segundo criterio, el Consorcio ofreció un reintegro de 100%, cuando el mínimo tolerado era de 30%. Según ProInversion, al seleccionar al Consorcio Kuntur Wasi se generó un ahorro al Estado calculado en US$ 200 millones.
Los problemas comenzaron cuando OSITRAN observó el informe de Endeudamiento Garantizado Permitido (EGP). Esto generó una serie de contratiempos entre el Estado y el Consorcio que provocaron incertidumbre sobre el inicio de las obras del aeropuerto. El peor momento ocurrió en abril de este año cuando el saliente presidente Ollanta Humala amenazó con rescindir el contrato y ejecutar las penalidades pertinentes por incumplimiento. Kuntur tuvo la capacidad de reacción mediática para manejar el proceso hasta esperar que entre el nuevo presidente. Ya con PPK al frente del gobierno, el Ministerio de Transportes informaba que la evaluación del EGP continuaba, dilatándose el proceso sospechosamente. La semana pasada, el diario Gestión ha revelado que el Estado habría aceptado un mayor costo financiero de al menos US$ 200 millones como consecuencia del incremento de la tasa de interés de 9% a 21% sobre el Pago Anual por Obras (PAO). Es decir, un sobrecosto equivalente al monto de ahorro que ProInversion había anunciado a favor del Estado al otorgar la buena pro al Consorcio Kuntur Wasi.
¿Quiénes ganan y quiénes pierden de esta situación? En un país acostumbrado al discurso de la eficiencia y el libre mercado, este caso de ‘destrabe de inversiones’ es una grosera prevaricación jugada a favor de una empresa privilegiada. ¿Qué personas o intereses originan este privilegio? Las empresas que resultaron perdiendo en la convocatoria de la concesión, bien podrían argumentar un trato discriminatorio puesto que la ventaja técnica y económica ofrecida por Kuntur ha resultado ser falsa. A su vez, el Estado, representante de los intereses de todos los peruanos, ha aceptado un sobrecosto por cuenta de todos en vez de ejecutar la penalidad y convocar a un nuevo proceso donde la competencia limpia y transparente permita escoger al mejor postor. Los negociados y sobrecostos a costa del bienestar de la población, al parecer, seguirán formando parte del estilo de gobierno de PPK. Lamentable.

Leer también este artículo en: http://www.perureporte.com/destrabes-onerosos/

viernes, septiembre 11, 2015

¿Por qué los municipios son la clave para combatir el Cambio Climático?

Por Michael Bloomberg

Aunque la historia no suele enseñarse de esta manera, se podría argumentar que las ciudades han jugado un papel más importante en la transformación del mundo que los imperios. Desde Atenas y Roma a París y Venecia o a Bagdad y Pekín, las ideas y los innovadores urbanos han dejado marcas indelebles en la vida humana. Al concentrar el capital intelectual de la humanidad en áreas geográficas relativamente pequeñas, las ciudades han promovido los tipos de interacciones que fomentan la creatividad y los avances tecnológicos. Ellas han sido los motores del progreso a lo largo de la historia, y ahora, cuando la economía del conocimiento está alzándose en pleno vuelo, están a punto de desempeñar un rol de liderazgo para abordar los retos del siglo XXI.

Hace cien años, aproximadamente dos de cada diez personas en el planeta vivían en zonas urbanas. En 1990, unos cuatro de cada diez lo hicieron. Hoy en día, más de la mitad de la población mundial vive en zonas urbanas, y para el tiempo en que el niño que hoy entra en la escuela primaria cumpla 40 años, casi el 70 por ciento vivirá en las ciudades. Esto significa que en las próximas décadas, alrededor de 2,5 mil millones de personas se convertirán en residentes metropolitanos.

La Primera Generación Metropolitana está a punto de entrar a la mayoría de edad. Como resultado, el mundo va a ser modelado cada vez más por los valores metropolitanos: la laboriosidad, la creatividad, el espíritu emprendedor, y, lo más importante, la libertad y la diversidad. Esto es un desarrollo esperanzador para la humanidad, y un contrapeso importante de las fuerzas represivas y la intolerancia que surgen del fanatismo religioso y que ahora representan una grave amenaza para la seguridad de las naciones democráticas.

Cuando la Generación Metropolitana comience a asumir posiciones de liderazgo, las ciudades se convertirán no sólo en espacios culturalmente más importantes, sino también políticamente más poderosas. La influencia cambiará gradualmente desde los gobiernos nacionales hacia las ciudades, sobre todo en los países que sufren de parálisis burocrática y de estancamiento político.

Esta tendencia ya ha surgido, y es más pronunciada en los Estados Unidos. El Congreso comenzó al reducir el financiamiento de la infraestructura a finales de 1960, un error que, junto con la pérdida de empleos en la manufactura, asestó un duro golpe a las ciudades. Sin embargo, la desinversión federal también produjo un importante beneficio: las ciudades, finalmente, reconocieron que el mejor reemplazo para el financiamiento federal perdido fue la innovación en la política local.

Varias ciudades alrededor del mundo han llegado a la misma conclusión. En consecuencia, muchas de las nuevas iniciativas más importantes de este siglo, desde la prohibición de fumar adoptada en la ciudad de Nueva York hasta el sistema pionero de tránsito rápido de autobuses en Bogotá, han surgido de las ciudades. Los alcaldes están convirtiendo a sus ayuntamientos en laboratorios de  política, realizando experimentos a gran escala y aplicando ideas de gran escala para hacer frente a problemas como el cambio climático, que a menudo dividen y paralizan a los gobiernos nacionales.

Las mismas cualidades que hacen de las ciudades catalizadoras dinámicas para el cambio político también, paradójicamente, las hacen fuentes de estabilidad política. Como Nassim Taleb y Gregory Treverton escribieron a principios de este año, la fragilidad en los países se debe a "un sistema centralizado de gobierno, una economía poco diversificada, la deuda excesiva y el apalancamiento, la falta de pluralidad política, y sin antecedentes de sobrevivir más allá de las crisis." Las ciudades pueden contrarrestar cada una de estas debilidades. Ellas son, por definición, una fuerza descentralizadora, y las más fuertes de entre ellas cuentan con economías bien diversificadas, balances financieros sanos, un enfoque pragmático para resolver problemas, libres de partidismo excesivo, y una gran capacidad para sobrevivir a las crisis externas, ya sea una crisis financiera, un desastre ambiental o un ataque terrorista.

Ahora más que nunca, las ciudades también están colaborando más allá de las fronteras nacionales: intercambiando ideas; formando coaliciones; y desafiando a sus gobiernos nacionales a adoptar políticas, tales como los experimentos en la gestión de los residuos urbanos y la educación en Curitiba, Brasil, que están demostrando ser eficaces a nivel local. La nueva era urbana verá más medidas adoptadas para reducir la pobreza, mejorar la salud, aumentar los niveles de vida, y promover la paz. Pero junto con ello también vienen serios desafíos que las ciudades deberán empezar a afrontar, como el cambio climático.

Una ventaja competitiva
Las ciudades representan al menos el 70 por ciento de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en todo el mundo. Al final, ellas son las que también enfrentarán los peores riesgos como consecuencia de estas emisiones, dado que el 90 por ciento de las ciudades fueron construidas sobre tierras costeras. Conviene, entonces, que siendo las ciudades las principales impulsoras y las víctimas más probables del cambio climático que tengan el antídoto también.

El cambio climático ha hecho un llamamiento para que las sociedades actúen con rapidez, y las ciudades tienden a ser más ágiles que los gobiernos nacionales, que son más propensos a ser capturados o neutralizados por grupos de intereses específicos los cuales tienden a ver los problemas a través de lentes ideológicos antes que unos de tipo pragmático.

La necesidad de una acción rápida y los riesgos asociados con el cambio climático están bien documentados. El aumento del nivel del mar es indiscutible, como lo es el calentamiento de los océanos. Ambos pueden multiplicar la intensidad de las tormentas y los daños causados ​​a las ciudades costeras, como la que experimentó la ciudad de Nueva York en el 2012 con el huracán Sandy. Además, el consenso científico sostiene que las temperaturas más altas producirán muy probablemente grandes trastornos en la agricultura y un incremento en las enfermedades, desplazando a comunidades enteras y amenazando la supervivencia de especies que desempeñan un papel integral tanto en el ecosistema como en la cadena alimentaria.

El hacer caso omiso de estas amenazas no haría más que pasar los verdaderos costos del progreso económico actual a la siguiente generación. A lo largo de la historia de los EE.UU., cada generación ha hecho sacrificios para que sus hijos puedan disfrutar de un nivel de vida más alto. Hoy en día, todo el mundo se enfrenta con la necesidad de poner en primer lugar a las futuras generaciones, pero esta vez, ningún sacrificio será necesario. De hecho, los métodos más eficaces de lucha contra el cambio climático son también la mejor manera de mejorar la salud pública y de aumentar los niveles de vida.

Tradicionalmente, el desarrollo económico urbano se ha centrado en la retención de industrias y atraer nuevos negocios con paquetes de incentivos. Pero en el nuevo siglo, un modelo diferente y mucho más eficaz ha surgido: centrarse en primer lugar en la creación de las condiciones que atraen a la gente. Cada vez más las ciudades están demostrando que el talento atrae al capital de manera más eficaz que el capital atrae al talento. La gente quiere vivir en comunidades que ofrecen estilos de vida saludables y favorables a la familia: no sólo buenas escuelas y calles seguras, sino también aire limpio, parques hermosos y sistemas eficientes de transporte masivo. Y donde la gente quiere vivir, las empresas quieren invertir.

Para los alcaldes, la reducción de la contaminación por carbono no es un costo económico; es una necesidad competitiva. A principios de este año, Pekín anunció que iba a cerrar sus centrales eléctricas de carbón, ya que los beneficios financieros marginales que esperaban obtener fueron hundidos por sus costos netos, entre ellos los de atención de la salud y la inversión económica no percibida. El aire sucio es un compromiso importante para el entorno empresarial de una ciudad.

Beijing no es la última ciudad que reducirá su huella de carbono por razones económicas. De hecho, uno de los mayores cambios en la gobernanza urbana en este siglo ha sido el reconocimiento de los alcaldes que la promoción de la inversión privada requiere la protección de la salud pública. La congruencia entre la salud y los objetivos económicos es también el mayor progreso en la lucha contra el cambio climático.

Los alcaldes ya no ven primariamente a la economía y el medio ambiente como prioridades en conflicto. En cambio, los ven como las dos caras de una misma moneda. Es por eso que los alcaldes han acogido con tanto entusiasmo el reto de la lucha contra el cambio climático como un medio para promover el crecimiento económico, y ahora tienen muchas herramientas a su disposición para hacerlo. Por ejemplo, el simple acto de plantar árboles puede ayudar a refrescar los barrios y limpiar el aire. En la ciudad de Nueva York, en 2007, se creó una asociación público-privada con las organizaciones sin fines de lucro y las empresas para plantar un millón de árboles en toda la ciudad.

La modernización de las redes de transporte ofrece la más clara y, en muchos casos, la más grande-ganancia ambiental y económica para las ciudades. Desde la introducción de las máquinas de vapor en la ciudad de Nueva York hasta los teleféricos de San Francisco, las ciudades siempre han sido innovadoras en lo que respecta al transporte. En los últimos años, los programas de préstamo de bicicletas han dado a las ciudades una nueva configuración de redes de transporte público, y cada vez más ciudades están invirtiendo en autobuses eléctricos, en flotas de taxis de bajo consumo de combustible, y en las estaciones de recarga de vehículos electrónicos.

Los edificios ofrecen otra oportunidad importante para el progreso. Desde Londres a Seúl, las grandes ciudades han iniciado programas de reconversión a gran escala de sus edificios existentes, instalando todo: desde la iluminación LED hasta los sistemas de calefacción y refrigeración que extraen su energía de la tierra bajo los edificios. En Nueva York, alentamos a los propietarios de los edificios a pintar sus techos de blanco para ahorrar en sus costos de refrigeración, que, junto con muchas otras medidas, ayudó a la ciudad a reducir su huella de carbono en un 19 por ciento en tan sólo ocho años.

Las ciudades también están jugando un papel principal en la adaptación al cambio climático. Por ejemplo, el Noveno Distrito Bajo de Nueva Orleans, la zona más afectada por el huracán Katrina, se ha convertido en un líder nacional en la adopción de energía solar en las azoteas. Mumbai, reconociendo la efectiva protección proporcionada por los manglares ante las marejadas, se ha movilizado de manera efectiva para protegerlos y nutrirlos. Y en la ciudad de Nueva York, después del Huracán Sandy, hemos desarrollado y comenzado a implementar un plan integral a largo plazo para mitigar los efectos de las grandes tormentas.

El liderazgo urbano sobre el cambio climático también ha llevado a un nivel de cooperación entre ciudades sin precedentes. El Grupo de Liderazgo de Ciudades contra el Cambio Climático conocida como C40, en la cual me desempeño como Presidente de la Junta, ha reunido a más de 75 ciudades que se han comprometido a compartir las mejores prácticas y la difusión de soluciones comprobadas. La evidencia es clara en cuanto a que esta estrategia de redes de trabajo está funcionando, ya que muchos proyectos de reducción de carbono se han extendido a varias ciudades de todo el mundo. Por ejemplo, en el 2011 sólo seis ciudades del grupo de la C40 tenían programas de préstamos de bicicletas. En el 2013, 36 de ellas ya las tenían. Como alcalde de Londres, Boris Johnson, dijo en 2013, "Al compartir las mejores prácticas entre la C40 y apropiarse atrevidamente de las mejores ideas de otras ciudades, podemos tomar acción sobre el cambio climático y mejorar la calidad de vida de nuestros residentes."

Las ciudades también están trabajando juntas a través del Pacto de los Alcaldes, una iniciativa desarrollada por la C40 y otras redes urbanas para ayudar a las ciudades a medir el avance hacia la reducción de gases de efecto invernadero y hacerlas responsables de sus propios resultados. Esto brinda razones adicionales a los gobiernos nacionales para establecer objetivos ambientales ambiciosos y  empoderar a las ciudades para que abran el camino para alcanzarlos.

A prueba del clima
Un estudio realizado por Bloomberg Philanthropies y las ciudades miembros de la C40 el 2014, en conjunto con el Instituto Ambiental de Estocolmo, encontró que si las ciudades actúan agresivamente, podrían reducir sus emisiones anuales de carbono en aproximadamente cuatro mil millones de toneladas más allá de lo que los gobiernos nacionales están actualmente en camino de hacerlo, en sólo 15 años. Eso sería equivalente a la eliminación de alrededor de una cuarta parte de las emisiones de carbono de hoy en día.

De hecho, el cambio climático puede ser el primer problema global donde el éxito dependerá de cómo se proveen los servicios municipales tales como la energía, el agua y el transporte a los ciudadanos. Recién las ciudades han comenzado a aprovechar las oportunidades que tienen para hacer cambios que pueden producir beneficios tanto locales como globales. La cantidad de infraestructura que se construirá a mediados de siglo es unas cuatro veces más que el total disponible en la actualidad.

La modernización de las redes de infraestructura es costosa, pero no necesita tener un costo prohibitivo. Los gobiernos municipales están recurriendo cada vez más a los inversores privados para ayudar a financiar este tipo de proyectos, y es una asociación natural. Después de todo, la mayoría de las empresas están localizadas en las ciudades, y la mayoría de las ciudades están en ubicadas en aguas costeras. Ambos, los alcaldes y los gerentes generales tienen un incentivo para mitigar los peores efectos del cambio climático. Cada vez más países y empresas están reconociendo que los costos incrementales de construir infraestructura baja en carbono y resistentes a los desastres son modestos en relación con los beneficios económicos obtenidos.

Las empresas están cada vez más dispuestas a aportar capital para proyectos de infraestructura que luego les permitan obtener una parte de los ingresos resultantes. Las asociaciones público-privadas hacen que esto sea posible, y ellos están ayudando a financiar grandes proyectos alrededor del mundo, desde la construcción de un nuevo túnel en Miami que permite el tráfico portuario eludiendo las calles del centro de la ciudad hasta la construcción de prácticamente una nueva ciudad por el gobierno municipal en Shantou, China.

En otros casos, las empresas están pidiendo únicamente que los gobiernos despejen todos los obstáculos regulatorios que les impiden invertir y beneficiarse. En los Estados Unidos, por ejemplo, una serie de Estados, como Florida, tienen leyes que impiden a las empresas de energía solar el arrendamiento de paneles solares para los propietarios de viviendas, a pesar de que el modelo ha tenido éxito en California y en otros lugares. Muchos otros estados, como en New Hampshire, disuaden que las utilidades entren al mercado de la distribución de energía renovable. Estas barreras artificiales de mercado perjudican a los consumidores y obstaculizan los esfuerzos para enfrentar el cambio climático, y las ciudades pueden ayudar a abrir el paso en el impulso para su eliminación.

Al igual que las empresas, los gobiernos municipales también pueden encontrarse con barreras que impiden las inversiones sostenibles. Para pedir dinero prestado en los mercados de capital, por ejemplo, las ciudades necesitan una calificación crediticia; fuera de los Estados Unidos y Europa, no obstante, muchas de ellas no las tienen. El Banco Mundial estima que sólo el cuatro por ciento de 500 ciudades más grandes del mundo en desarrollo tienen calificaciones de crédito internacionalmente reconocidas, y sólo el 20 por ciento tiene una calificación doméstica. Sin embargo, estas ciudades tienen una demanda anual de proyectos de infraestructura en transporte, energía, tratamiento de residuos y suministro de agua de alrededor de $700 mil millones. Facilitarles el acceso al crédito podría convertirse en una de las maneras más eficaces para luchar contra el cambio climático, impulsar el crecimiento económico y mejorar la salud pública.

Arreglar el problema debería ser relativamente fácil. En Perú, por ejemplo, el Banco Mundial ayudó a la ciudad de Lima a asegurar una calificación crediticia por lo que podría recaudar $130 millones para modernizar su sistema de tránsito rápido de autobuses. El nuevo sistema de buses reducirá drásticamente la contaminación por carbono, y le ayudará a reducir la congestión vehicular, ahorrar dinero a las empresas y mejorar la productividad. El proyecto representa un ejemplo más de la alineación natural entre objetivos ambientales, salud y económicos.

Los países también pueden potenciar a sus ciudades para que logren sus metas al dejarles la libertad para que regulen sus propias fuentes de alimentación. Los alcaldes de algunas ciudades, como Chicago, Seattle, Helsinki, y Toronto, gozan de diversas formas de apalancamiento sobre sus suministros de energía. Algunos son dueños de su propia energía, otros poseen el sistema de distribución, y otros tienen la autoridad para firmar contratos con cualquier generador de energía independiente que seleccionen. El gobierno chino ha dado a grandes ciudades, como Shenzhen, poderes ampliados para cambiar el carbón por formas de energía más limpias. En Dinamarca, el gobierno nacional decidió otorgar poderes regulatorios independientes a Copenhague. La ciudad ahora está en el camino hacia la total neutralidad de carbono, con el objetivo de alcanzar cero emisiones netas al cabo de una década.

Los gobiernos centrales no se apresuran a delegar el poder, pero lo están haciendo con mayor frecuencia al reconocer los beneficios nacionales que pueden devenir de un mayor control local. Esta tendencia se acelerará cuando el mundo se vuelva cada vez más urbanizado y las ciudades se vuelvan más interconectadas entre sí, promoviendo la difusión de las mejores prácticas a través de las fronteras nacionales.

Será un gran desafío para las naciones dar cabida a la marejada de población urbana que se avecina. En la mayoría de los casos, las poblaciones urbanas están creciendo sobre infraestructura anticuada o sobre ninguna infraestructura en absoluto. Sin embargo, los avances en la tecnología están haciendo posible los avances en la transformación de la infraestructura, lo que permitirá a las ciudades del mundo en desarrollo a ponerse al día, e incluso saltar a ciudades bien asentadas hacia la construcción de metrópolis modernas.

No hay mejor ejemplo de esto que la energía solar, que puede ahorrarles a los gobiernos los gastos de construcción de nuevas y costosas redes de transporte de energía. El modelo tradicional de una planta proveedora de energía centralizada a una región entera implica enormes costos. Pero las microrredes de energía solar y la distribución de otras energías renovables pueden proveer de energía de una manera mucho más eficiente.

Las naciones y las ciudades que fallen en prepararse para los riesgos de la explosión de la población urbana, o para el empeoramiento de las condiciones de los tugurios que asustan a los inversionistas, perpetuarán una subclase permanente, e impedirán el progreso nacional. La mejor manera de prepararse no es mediante la implementación de programas centralizados de arriba hacia abajo, de una sola talla para todos, sino más bien por ciudades empoderadas para resolver problemas por sí mismos, invirtiendo en su futuro, y aprovechando el potencial de sus residentes.

El desafío que enfrenta la Generación Metropolitana, esto es, construir ciudades modernas para una nueva civilización urbana es tanto monumental como esencial. El éxito extenderá la prosperidad a nivel mundial, y la innovación en las ciudades ayudará a reducir las diferencias entre los países desarrollados y el mundo en desarrollo. Los líderes urbanos deberán ser lo suficientemente fuertes como para acoger y tratar como iguales a todos aquellos que busquen oportunidades y no como ciudadanos de segunda clase. También deberán ser lo suficientemente previsores ​​para invertir en infraestructura que genere los máximos beneficios económicos, ambientales y de salud.

La ciudad no podrá reemplazar al Estado-nación en la búsqueda de soluciones climáticas o políticas para reducir la pobreza, mejorar la seguridad, combatir la enfermedad, y expandir el comercio. Los líderes de las ciudades buscarán no desplazar a sus contrapartes nacionales, sino más bien  convertirse en plenos socios de su trabajo- un acuerdo que los líderes nacionales consideran cada vez más no sólo como algo beneficioso, sino también necesario.

Traducción libre por Raúl Mauro.